El Motor

4 consejos para cuidar tu motor en invierno

El invierno acaba de llegar a nuestros hogares, y pese a que cada vez se manifiesta de una forma más liviana, nuestros vehículos siguen necesitando especial atención en esta época del año. Por eso, un buen cuidado de nuestros coches nos asegura un correcto funcionamiento sea cual sea nuestro nivel de exigencia. 

El primer consejo para que el motor de nuestro coche se mantenga fresco como el primer día es no exigirlo hasta que no alcance su temperatura de servicio. Sí, es cierto que es una advertencia que se puede -y se debe- aplicar en cualquier época del año, pero en invierno se hace aún más evidente. 

Cuando arrancamos nuestro vehículo tras varias horas parado, la temperatura de los componentes y fluidos que componen todo el sistema motriz no se encuentran dentro de los márgenes ideales de funcionamiento, por lo que es más que conveniente esperar unos minutos a que se se caldeen, momento en el que ya podremos exigir al vehículo todas sus capacidades.

El lubricante de un motor se puede considerar algo así como la sangre del propulsor. Sin un buen aceite, el "corazón" de nuestro coche está destinado a averiarse más pronto que tarde. Una buena lubricación es básica, sobre todo en momentos de arranque en frío, donde el desgaste es mucho mayor. De hecho, se calcula que aproximadamente el 70% del desgaste interno de un propulsor se produce en los arranques en frío.

Por eso, te animamos a que mantengas siempre el aceite de tu motor en perfectas condiciones, utilizando una especificación adecuada a las condiciones del propulsor, garantizando así un correcto engrase de todas las piezas susceptibles de desgaste. 

El refrigerante es uno de los grandes olvidados en el mantenimiento de nuestro vehículo. Tal es así, que mucha gente directamente utiliza agua para refrigerar sus coches, una acción que puede resultar fatal para nuestro propulsor. Si nuestro coche se estaciona en un lugar extremadamente frío, el agua del circuito puede llegar a congelarse. Al congelarse, el fluido se expande, pudiendo causar daños muy graves en el propulsor. 

Precisamente el aparcamiento puede ser uno de nuestros grandes aliados cuando se trata de evitar el frío más extremo. Si nuestro coche se estaciona en una zona dónde las heladas son habituales, puede ser recomendable buscar un sitio lo más a resguardo posible, pegado a una pared o, incluso, bajo techo. Con este simple gesto, evitaremos que nuestro vehículo se exponga a las temperaturas más bajas.