Un perro.

Un perro. Alexandr Muşuc iStock

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Mascotario

Los veterinarios advierten: el 14% de los golpes de calor en perros acaba siendo mortal sin ayuda médica

Al detectar señales como una lengua excesivamente roja o debilidad, los dueños disponen de un escaso margen de actuación para salvar sus vida.

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El actual contexto de altas temperaturas en ha encendido las alarmas entre los expertos del sector animal.

La Real Sociedad Canina de España (RSCE) ha advertido de manera urgente que el 14% de los golpes de calor en perros es grave y puede resultar mortal si no se interviene con la rapidez necesaria.

Ante esta situación de calor extremo, la organización recuerda la importancia vital de identificar los primeros síntomas físicos y de comportamiento en las mascotas, subrayando que un diagnóstico a tiempo y una atención veterinaria inmediata marcan la diferencia entre la vida y la muerte del animal.

Señales de alerta: Cómo identificar el golpe de calor

Los perros no transpiran de la misma manera que los humanos, lo que dificulta notablemente su capacidad para liberar el exceso de calor corporal.

Por ello, es fundamental que los tutores permanezcan atentos a cualquier cambio repentino.

Entre las principales señales de alerta destacan:

  • Lengua intensamente roja: Suele ser el signo más visible, habitualmente acompañado de un jadeo muy acelerado, ruidoso y continuo.
  • Alteraciones motoras: Debilidad generalizada, pérdida de coordinación, tambaleos al caminar o incapacidad para mantenerse en pie.
  • Síntomas físicos directos: Exceso de salivación (sialorrea), respiración marcadamente agitada y un decaimiento anímico o apatía repentina.

Protocolo de primeros auxilios y qué medidas evitar

Si se detecta alguno de estos síntomas, el factor tiempo es crucial.

El primer paso consiste en trasladar inmediatamente al perro a un lugar fresco, ventilado y completamente a la sombra, interrumpiendo cualquier tipo de actividad física.

A partir de ahí, se debe iniciar un proceso de enfriamiento progresivo.

Los expertos recomiendan aplicar agua fresca (nunca helada ni con hielo directo) en zonas estratégicas del cuerpo como el cuello, las axilas, las ingles, el abdomen y las almohadillas de las patas.

Asimismo, si el animal se encuentra consciente y tiene capacidad para beber por sí mismo, se le deben ofrecer pequeñas cantidades de agua fresca de manera paulatina, sin forzar nunca la ingesta para evitar problemas respiratorios o ahogamientos.

Prácticas inadecuadas que agravan el estado:

  • No usar hielo directo: Aplicar hielo sobre el cuerpo del animal puede provocar una vasoconstricción severa que empeore la termorregulación interna.
  • Evitar el agua extremadamente fría: Los cambios bruscos de temperatura pueden desencadenar un shock térmico en el organismo del perro.
  • No sustituir al veterinario: Las medidas de primeros auxilios son paliativas y de emergencia. Incluso si el perro muestra una aparente mejoría, es obligatorio acudir a urgencias, ya que el golpe de calor puede provocar daños internos graves y multisistémicos que evolucionan de forma silenciosa.

Cachorros, seniors y razas vulnerables

La RSCE hace hincapié en que no todos los caninos toleran las altas temperaturas de la misma forma.

Los cachorros y los perros de edad avanzada (sénior) se sitúan en el grupo de máximo riesgo debido a que su capacidad de termorregulación es deficiente.

La anatomía general, el tamaño y el tipo de pelaje también juegan un papel determinante.

Las razas braquicéfalas, como el bulldog francés, el bulldog inglés o el carlino, presentan severas dificultades anatómicas para disipar el calor a través del jadeo debido a la configuración acortada de sus vías respiratorias.

De igual modo, los perros de gran tamaño , como el san bernardo o el mastín y aquellos con mantos de pelo especialmente densos y adaptados al frío extremo como el husky siberiano, sufren de forma mucho más acentuada los rigores del verano.

Decálogo de prevención para el periodo estival

Para mitigar al máximo los riesgos asociados a las olas de calor, se aconseja adoptar una rutina estricta de cuidados preventivos:

  • Modificar el horario de paseos: Evitar por completo las salidas durante las horas centrales del día (entre las 12:00 y las 17:00 horas), priorizando las primeras horas de la mañana y las últimas de la noche.
  • Reducir la actividad: Limitar el ejercicio físico intenso, los entrenamientos y los juegos de alta demanda energética bajo el sol.
  • Hidratación constante: Garantizar de forma ininterrumpida el acceso a agua limpia, renovada y fresca, tanto en casa como durante los trayectos.
  • Espacios acondicionados: Mantener las estancias del hogar correctamente ventiladas, a la sombra o climatizadas.
  • Riesgo extremo en coches: Bajo ninguna circunstancia se debe dejar al perro solo en el interior de un vehículo, ni siquiera por lapsos de tiempo mínimos (como ir a hacer una compra rápida) o con las ventanillas parcialmente bajadas, ya que el habitáculo se convierte en un horno en cuestión de minutos.