Un perro encadenado en Thilixu village, en India, antes de ser rescatado.

Un perro encadenado en Thilixu village, en India, antes de ser rescatado. Surajit Sharma / AP Images for Humane World for Animals

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Cierra la mayor red de carne de perro y salvan a los últimos 18 animales que quedaban: "Hay que desmantelar el sistema"

Por primera vez en la región de Nagaland, los propios distribuidores mayoristas deciden romper la cadena de suministro desde dentro.

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Durante más de dos décadas, tres mujeres lideraron en la sombra una de las redes de distribución de carne de perro más grandes y lucrativas del estado de Nagaland, al noreste de India. Se estima que, a lo largo de 20 años, compraron y vendieron a más de 100,000 animales.

Sin embargo, lo que parecía una estructura inquebrantable ha llegado a su fin, no por una redada policial, sino por una decisión que ha cambiado el rumbo de la región: las tres comerciantes han decidido rendirse y cerrar el negocio para siempre.

La operación de rescate, coordinada por la organización global Humane World for Animals junto a la ONG local Pro Rural, logró poner a salvo a los últimos 18 perros que aguardaban su final encadenados bajo el asfixiante calor de la zona.

Una carrera contrarreloj en mitad de la noche

El proceso de cierre no estuvo exento de peligro. Cuando la comunidad local se enteró de que las mujeres planeaban retirarse y entregar a los animales, la tensión se disparó.

Keren Nazareth, directora de la compañía Animals and Engagement, acariciando a un perro en Thilixu village en Dimapur.

Keren Nazareth, directora de la compañía Animals and Engagement, acariciando a un perro en Thilixu village en Dimapur. Surajit Sharma / AP Images for Humane World for Animals

Ante las amenazas de algunos vecinos de intervenir y sacrificar a los perros de inmediato, una de las excomerciantes y su familia tomaron una decisión desesperada: trasladar a la mayoría de los canes en mitad de la noche para esconderlos en su propia aldea, manteniéndolos a salvo hasta la llegada del equipo de rescate.

Finalmente, los equipos veterinarios y de rescate lograron intervenir a tiempo. Los 18 supervivientes —entre los que se encontraban dos perras embarazadas— fueron estabilizados, vacunados contra la rabia y trasladados de forma segura hacia refugios en el estado vecino de Assam.

Hoy en día, el panorama es completamente distinto: tras recibir atención médica y rehabilitación emocional, varios de estos perros ya han sido adoptados por familias locales.

El motor de la transformación

Detrás de este rescate histórico se encuentra el programa Models for Change (Modelos para el Cambio). Esta iniciativa aborda el problema de raíz, entendiendo que muchas de las personas involucradas en este mercado ilegal lo hacen por extrema necesidad económica y falta de alternativas en regiones rurales aisladas.

En lugar de la criminalización, el programa ofrece una salida digna. A cambio de firmar un compromiso vinculante para no volver a dañar a un animal, las tres mujeres recibieron apoyo financiero, capacitación técnica y recursos para iniciar nuevos medios de subsistencia éticos.

Actualmente, han cambiado las jaulas por el cultivo sostenible de hongos y la elaboración de encurtidos artesanales.

Voluntarios rescatando a uno de los 18 perros que quedaban en el lugar de criminalización.

Voluntarios rescatando a uno de los 18 perros que quedaban en el lugar de criminalización. Surajit Sharma / AP for Humane World for Animals

"Cambiar eso no consiste solo en rescatar perros, aunque por supuesto estamos enormemente aliviados de que estos animales estén ahora a salvo", afirma Keren Nazareth, directora de Human World for Animals India, en un comunicado de prensa.

"Se trata también de desmantelar un sistema que expone a las mujeres a riesgos físicos y financieros... Por eso importan tanto las soluciones locales lideradas por la comunidad; abordan el panorama completo".

Aunque el comercio de carne de perro es técnicamente ilegal en la India bajo las normativas alimentarias nacionales, la falta de fiscalización en zonas remotas permite que el mercado negro persista.

Este hito sienta un precedente único en el país, demostrando que la solución más efectiva para terminar con el maltrato animal a gran escala empieza por transformar la vida de quienes lo operan.