Un perro.

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Mascotario

Los veterinarios coinciden: el golpe de calor ocurre cuando la temperatura corporal del animal supera los 41°C

La prevención, mediante collares y pipetas, es el método más efectivo para prevenir la leishmaniosis, una enfermedad que ha alargado su temporada.

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Con la llegada del verano, las rutinas cambian. Las familias multiplican las actividades al aire libre con sus mascotas en playas, campos y piscinas, pero el buen tiempo esconde importantes riesgos para la salud animal.

Los termómetros en ascenso y los efectos del cambio climático —que se traduce en olas de calor cada vez más intensas y prolongadas— colocan a perros y gatos en una situación de extrema vulnerabilidad.

A diferencia de los humanos, los animales no transpiran de la misma forma: su único mecanismo para regular la temperatura corporal es el jadeo y las glándulas sudoríparas de sus almohadillas. Por ello, Carla Mena, veterinaria colaboradora de la aseguradora Santévet, advierte que el principal peligro estival es el temido golpe de calor.

Esta urgencia veterinaria se desata cuando la temperatura del animal supera los 41 °C, pudiendo provocar un fallo multiorgánico en pocos minutos. Además, el asfalto de las ciudades se convierte en un enemigo silencioso, capaz de retener el calor al extremo y causar graves quemaduras en sus patas.

Una amenaza que se extiende hasta el otoño

El calor y la humedad no solo traen altas temperaturas, sino también la proliferación masiva de parásitos como pulgas, garrapatas y mosquitos.

El más peligroso es el flebótomo, insecto transmisor de la leishmaniosis, una enfermedad parasitaria, crónica y potencialmente mortal que afecta a perros, gatos e incluso humanos. Debido al aumento de las temperaturas medias nocturnas, la actividad de este insecto ya no se limita al verano, sino que se extiende bien entrado el otoño.

"Los síntomas son muy variados y no específicos de la enfermedad, como pueden ser las lesiones en la piel, la pérdida de peso inexplicable o el sangrado nasal", ha explicado Carla Mena.

La veterinaria subraya el papel crucial de los propietarios en el día a día: "Cuando se habla de una enfermedad tan compleja como la leishmaniosis, la prevención siempre será la mejor medicina, por lo que es mejor adelantarnos a posibles problemas y proteger a las mascotas antes de que empiece el calor para garantizar que estén seguras".

Para combatirla, los expertos recomiendan combinar collares repelentes y pipetas con la vacunación anual o jarabes inmunoestimulantes bajo supervisión veterinaria.

Aprender a leer las señales

Para disfrutar de la temporada sin sobresaltos, se aconseja evitar los paseos en las horas centrales del día y revisar minuciosamente las patas, orejas y pelaje del animal al volver a casa para detectar parásitos o las peligrosas espigas.

Saber interpretar el lenguaje corporal de la mascota es clave para reaccionar a tiempo ante cualquier anomalía:

  • Rascado o lamerse compulsivamente: Puede indicar la presencia de una espiga clavada, otitis, dermatitis o dolor articular.
  • Jadeo excesivo y postración: Son las señales de alerta roja ante un golpe de calor inminente.
  • Inflamación localizada o habones: Suelen ser la respuesta a picaduras de insectos o reacciones alérgicas graves.

Ante este panorama de imprevistos médicos, la tendencia de proteger a los animales de compañía con seguros de salud sigue al alza. Firmas como Santévet ofrecen coberturas integrales en varios países con el objetivo de facilitar el acceso a la atención veterinaria y garantizar la tranquilidad de las familias durante todo el año.