Un gato escondido debajo de un sofá.

Un gato escondido debajo de un sofá.

Mascotario

Los veterinarios coinciden: con los fuegos artificiales el perro tiene una reacción más visceral y el gato más mental

La experta analiza el origen del estrés por ruidos y cómo la medicina natural y el condicionamiento positivo pueden evitar el sufrimiento.

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La noche de San Juan es sinónimo de fiesta para los humanos, pero para nuestras mascotas representa un escenario impredecible de amenazas sonoras. Los fuegos artificiales desatan crisis de ansiedad severas en miles de hogares.

Para comprender y mitigar este impacto, la veterinaria Nuria García Carrillo, experta en etología y responsable de I+D veterinaria en SOS (Sospet), desmiente que se trate de un simple susto temporal.

Los animales dependen estrechamente de sus hábitos diarios. Cualquier estímulo violento que rompa su normalidad genera un pico inmediato de desestabilización.

"No se trata de una sensación solamente de miedo; es una situación de desconocimiento y de inseguridad", aclara la experta. A diferencia de los ruidos domésticos a los que consiguen habituarse, la pirotecnia carece de un patrón constante en el tiempo.

"Los fuegos artificiales no es algo a lo que se puedan habituarse porque no se produce con una frecuencia regular", explica García Carrillo. El animal experimenta las explosiones como agresiones externas incomprensibles.

Este fenómeno activa una cascada hormonal idéntica a la humana cuando afrontamos un peligro inminente: se dispara el cortisol y el metabolismo entra en estado de shock.

El sufrimiento silencioso de los felinos

Existe una tendencia generalizada a focalizar el problema únicamente en los caninos, debido a la expresividad de sus síntomas físicos.

Sin embargo, la doctora advierte de que el impacto en el mundo felino es igual de destructivo, aunque se manifieste de formas radicalmente opuestas. "El perro es más visceral y el gato es más mental", diferencia de forma gráfica la veterinaria.

Mientras un perro busca de forma desesperada la interacción con su tutor o recurre a la huida, el felino activa un mecanismo de autodefensa primitivo.

"La forma en la que lo sufren los gatos tiende más a pasar desapercibida", advierte. Su instinto les obliga a ocultar la vulnerabilidad y a aislarse por completo en refugios oscuros, donde pueden pasar horas sin comer, beber ni orinar.

Señales físicas de alarma en el hogar

Los propietarios deben aprender a descodificar el lenguaje corporal de sus compañeros antes de que el pánico se vuelva inmanejable.

En el caso de los perros, el nerviosismo se traduce en desplazamientos erráticos por la casa y en una clara alteración de sus patrones de descanso. "Cuando están nerviosos vemos una respiración abdominal; están impulsando con el diafragma", apunta la doctora como indicador clave.

A este patrón respiratorio se suman taquicardias severas, salivación excesiva, temblores generalizados e incluso micciones descontroladas motivadas por el pánico.

El tratamiento empieza semanas antes

Tratar de solucionar la fobia en el mismo instante en que estallan los cohetes es un error diagnóstico común que aboca al fracaso.

La etóloga enfatiza la importancia de recurrir a terapias de contracondicionamiento utilizando grabaciones de pirotecnia a volúmenes reducidos en momentos de ocio.

"Si vamos a tratar el problema cuando está encima es muy difícil. Lo más enriquecedor es que se vaya habituando relacionándolo con que no pasa nada", detalla. El objetivo neurológico es asociar el estímulo que originalmente provocaba terror con una recompensa positiva, como un premio o el inicio del paseo habitual.

La alternativa natural frente a la sedación química

Cuando el acondicionamiento ambiental resulta insuficiente, la modulación química se vuelve necesaria, pero existen notables diferencias en el enfoque terapéutico.

Los psicofármacos y ansiolíticos tradicionales conllevan efectos secundarios severos como letargia profunda, depresión respiratoria o cuadros de náuseas. Como alternativa respetuosa, la veterinaria García Carrillo destaca el papel de los fitocannabinoides como el CBD para equilibrar el organismo a nivel basal.

"Con el CBD tratamos de atacar al sistema endocannabinoide para decirle al cuerpo: baja la velocidad, no te aceleres", matiza la especialista.

El tratamiento con CBD no actúa como un sedante que anula al animal, sino como un modulador del estrés que reduce la reactividad del sistema nervioso central.

"Es preferible tomar un paracetamol antes de que te saquen una muela que después", ejemplifica para defender la preparación previa del organismo. Al reducir la sensibilidad basal semanas antes, el pico de estrés resulta significativamente menos agudo.

Pautas clave para la noche de San Juan

Además del soporte terapéutico, el comportamiento del núcleo familiar es determinante para contener la crisis de la mascota.

Los animales monitorizan constantemente nuestras reacciones físicas para evaluar la gravedad del entorno que los rodea. "Nos tienen que ver más relajados que nunca. Si tú que los proteges estás tranquilo, ellos se tranquilizan", recuerda García Carrillo.

Finalmente, se recomienda sellar el entorno cerrando ventanas, adaptar los horarios de salida para evitar los momentos de máxima intensidad pirotécnica y reubicar sus recursos esenciales (agua y comida) cerca del lugar donde hayan decidido refugiarse.