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Mascotario

La Ley 2/2023 de Bienestar Animal marcó las normas: vuelve a excluir la protección de los perros de caza

Aprobada a principios de 2023, esta legislación marcó un hito en el ámbito autonómico español, especialmente por su enfoque inclusivo.

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A principios de 2023, la Comunidad Valenciana se situó a la vanguardia legislativa de España en materia de derechos de los animales.

Con la aprobación de la Ley 2/2023 de Protección, Bienestar y Animales de Compañía, la región no solo actualizó una normativa que se había quedado obsoleta tras casi tres décadas, sino que abrió un debate estatal sobre qué animales merecen ser protegidos y cuáles, por presiones sectoriales, quedan en el limbo.

Mientras el Congreso de los Diputados aprobaba meses después una ley nacional envuelta en la polémica por excluir deliberadamente a los perros de caza y de trabajo, el texto valenciano nacía con una premisa clara: un perro es un perro, independientemente de a lo que se dedique.

El fin de la distinción

El núcleo más valiente —y debatido— de la ley valenciana fue la inclusión de los perros de caza, pastoreo y rescate bajo el mismo paraguas de protección que cualquier mascota de hogar.

La norma determinó que el maltrato, la negligencia o el abandono de estos animales conllevan las mismas consecuencias legales que si se tratara de un animal de compañía urbano.

Si bien la ley introdujo un matiz de sentido común —eximir de ciertas restricciones de comportamiento al animal estrictamente durante el desarrollo de la actividad cinegética o de pastoreo—, el resto del año estos animales gozan del mismo blindaje legal.

Se acababa así, sobre el papel, la justificación de condiciones de vida precarias para los llamados "perros de trabajo".

Tolerancia cero

La legislación valenciana de 2023 no se limitó a resolver el frente cinegético; también transformó la relación de la ciudadanía con la fauna en el espacio público y privado a través de tres pilares fundamentales.

Se prohibió de manera definitiva la instalación de espectáculos circenses que utilicen animales, ya sean salvajes o domésticos, consolidando una sensibilidad social que rechaza el cautiverio con fines de entretenimiento.

Los centros de recogida y protectoras ya no pueden eutanasiar animales por motivos de saturación de espacio o razones económicas. El sacrificio quedó vetado y relegado única y exclusivamente a criterios veterinarios humanitarios frente a enfermedades terminales incurables.

La ley prohibió tajantemente las mutilaciones estéticas (como el corte de orejas, rabos o la desungulación felina), así como la exhibición de cachorros en escaparates de tiendas para frenar las compras impulsivas de Navidad que suelen acabar en abandonos en verano.

El bolsillo como medida disuasoria

Para garantizar que la ley no se convirtiera en papel mojado, el régimen sancionador experimentó un endurecimiento drástico.

Las multas por infracciones muy graves —como organizar peleas de animales, el maltrato con ensañamiento o la mutilación no autorizada— se elevaron hasta los 45.000 euros, además de abrir la vía penal en los casos más flagrantes.

Las infracciones graves, como el abandono o mantener a un animal permanentemente encadenado, se fijaron con multas de hasta 9.000 euros.

Sin embargo, en el ámbito de la política y las leyes, los avances que parecen consolidados pueden desvanecerse con un cambio de gobierno.

Un retroceso

Menos de dos años después de su aplaudida aprobación, la considerada "ley más avanzada de España" sufrió su primer gran retroceso de la mano del nuevo ejecutivo autonómico del PP y Vox.

A finales de 2024, mediante una enmienda introducida en la Ley de Simplificación Administrativa, el gobierno valenciano ejecutó una contrarreforma exprés sobre los espectáculos circenses.

La modificación limitó la prohibición del uso de animales en los circos únicamente a las especies de fauna silvestre o salvaje (como tigres o elefantes), rebajando el listón autonómico para adaptarlo al mínimo exigido por el Estado.

La consecuencia real y práctica de este cambio técnico fue inmediata: se volvió a abrir la puerta legal para que los circos itinerantes utilicen animales domésticos y de granja (como caballos, aves o perros amaestrados) en sus espectáculos.

De hecho, apenas semanas después de la reforma, los animales domésticos volvían a las pistas de los circos navideños de la capital del Turia.

Lo que en 2023 nació como un blindaje ético pionero e integral para todo el reino animal, terminó demostrando la fragilidad de los derechos conquistados. Los animales no votan, pero sufren las consecuencias.