Un perro bebiendo agua.

Un perro bebiendo agua. istock

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Los expertos coinciden: es fundamental esperar a que el perro se calme en un lugar fresco antes de beber agua

Además de la torsión, el agua helada o beber demasiado rápido cuando el cuerpo está a una temperatura muy alta puede provocar un shock vagal.

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El verano y los días de calor intenso transforman las rutinas de nuestros compañeros de cuatro patas.

Los paseos por el parque o las sesiones de juego se vuelven más exigentes y, al volver a casa, la imagen es casi siempre la misma: el animal corre desesperado hacia su bebedero.

Sin embargo, este gesto cotidiano y aparentemente inofensivo esconde un riesgo mortal que muchos tutores desconocen.

"¿Sabías que dejar que tu perro beba mucha agua de golpe cuando llega muy acalorado puede ser peligroso?", pregunta un educador canino en redes sociales, encendiendo las alarmas sobre una práctica tan común como arriesgada.

El instinto nos dice que un animal sediento debe beber todo lo que desee, pero la fisiología canina funciona de otra manera.

"Después de un paseo intenso, ejercicio o un día de mucho calor, es normal que nuestro perro llegue jadeando y con ganas de beber. Pero debemos tener cuidado con que no ingiera grandes cantidades de agua de forma compulsiva", advierte el experto.

El enemigo silencioso

La ingesta masiva y veloz de líquido cuando el organismo está revolucionado por el esfuerzo físico puede desencadenar un cuadro clínico catastrófico.

"En algunos perros, especialmente los grandes y de pecho profundo, esto puede favorecer una dilatación-torsión gástrica, una urgencia veterinaria muy grave en la que el estómago se dilata y puede llegar a girarse sobre sí mismo", explica el educador.

Cuando un perro bebe con ansiedad, no solo traga agua; también introduce grandes cantidades de aire en su sistema digestivo (aerofagia). El estómago, sobrecargado por el peso del líquido y los gases, se expande como un globo.

Si el perro se mueve de forma brusca o sigue jadeando con fuerza, los débiles ligamentos que sostienen el estómago pueden ceder, provocando que este órgano rote sobre su propio eje.

Esta torsión estrangula los vasos sanguíneos que irrigan el sistema digestivo, cortando el flujo de sangre hacia el corazón y provocando la muerte celular del tejido gástrico. Es una carrera contrarreloj donde cada minuto cuenta para salvarle la vida.

Pautas de prevención

Para evitar que una tarde de diversión termine en el quirófano de un hospital veterinario, la prevención es la mejor herramienta.

Según el experto, lo recomendable es dejar que el perro se calme unos minutos en un lugar fresco y sombreado antes de permitirle acercarse al agua. El cuerpo necesita bajar de revoluciones y regular su temperatura interna de forma progresiva.

Asimismo, la gestión de la hidratación debe ser sumamente controlada. Es mejor ofrecer pequeñas cantidades de agua de forma gradual y evitar el ejercicio intenso justo antes y después de comer o beber grandes cantidades.

Un buen truco es poner apenas un dedo de agua en el cuenco, dejar que la lama, retirar el plato durante un par de minutos y repetir el proceso hasta que su respiración se normalice.

Signos de alarma

Saber reaccionar a tiempo marca la diferencia entre la vida y la muerte.

Dado que este síndrome no avisa, el experto recuerda que "la torsión gástrica puede aparecer de forma repentina y requiere atención veterinaria inmediata. Algunos signos de alarma son: abdomen hinchado, intentos de vomitar sin éxito, inquietud excesiva, jadeo intenso o debilidad".

Si observas que tu perro camina de un lado a otro sin poder postrarse, mira su propio abdomen con angustia, expulsa una especie de saliva espumosa por la boca pero no logra vomitar, o si al tocarle la zona de las costillas la notas dura y tensa como un tambor, no esperes.

Acude inmediatamente al centro veterinario de urgencias más cercano; la prevención y el conocimiento son los mejores aliados para proteger la salud de nuestros perros.