Tamara Falcó con una de sus perras.

Tamara Falcó con una de sus perras.

Mascotario

Tamara Falcó y un refugio con 5 sombras: "Mis perras me obligan a volver al presente y me salvan de la tristeza"

La diseñadora abre las puertas de su faceta más desconocida para hablar de la lealtad de su manada y cómo sus perras son el cable a tierra que la rescata de los días grises.

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Para Tamara Falcó, el hogar no es solo un refugio de diseño; es el escenario donde conviven sus cinco sombras: Vanilla, Jacinta, Missy, Dalkung y Nala. Desde que llegaron, la Marquesa de Griñón reconoce que tiene la casa bastante menos ordenada, pero con muchísimo más amor.

Detrás del universo estético y sofisticado que reflejan sus prendas para TFP by Tamara Falcó, se esconde un mundo vertebrado por cuatro patas. "Son todas completamente distintas", cuenta en una entrevista en exclusiva.

Tuvimos oportunidad de charlar con ella en la última presentación de Pedro del Hierro &TFP, donde pudimos ver las propuestas de verano de la marca: 'El Patio' y 'Luz de Sal'.

"Dalkung es la más activa, la más traviesa, siempre está haciendo alguna de las suyas. Missy, en cambio, es mucho más tímida y miedosa", confiesa. Son cinco compañeras, cada una con sus propias manías, carácter y personalidad.

Una pandilla con cinco nombres

Cuando se aleja de sus proyectos creativos, Tamara cuida de esta pequeña pandilla: una manada auténtica y numerosa. "Estoy muy pendiente, les hablo como si me entendieran perfectamente y al final siempre acabo cayendo en lo que quieren".

Si sus perras pudieran hablar, la diseñadora tiene bastante claro cuál sería el veredicto general sobre ella: "Creo que dirían que soy bastante pesada con ellas, pero en el buen sentido", confiesa divertida.

La aristócrata reconoce que la relación roza la devoción mutua, aunque no se libra de las clásicas dinámicas de manipulación canina: "Me miran con cara de pena máxima cuando quieren algo, sobre todo comida. Son muy teatreras. Te ponen unos ojos como si estuvieran abandonadas, cuando en realidad acaban de comer hace diez minutos y probablemente mejor que yo".

Convivir con cinco perras implica normalizar lo que para otros sería una locura; hacer cosas exageradas por ellas ya forma parte de su rutina diaria. Para Tamara, verlas caminar detrás de ella ya no es una anomalía, sino un ritual entrañable.

"Me encanta cuando me siguen todas por la casa como si fuera una procesión. Es como tener cinco sombras pequeñas pendientes de todo lo que hago". Desde el primer momento supo que no eran simples mascotas: nada más llegar, empezaron a ocupar un sitio fundamental en su casa y en su vida.

Un amor sencillo

Las cinco la quieren de una manera pura y sencilla. "Al final, yo tengo una vida fuera que ellas no conocen, pero para mis perras yo soy todo su mundo". Tomar conciencia de esto fue la clave para entender la gran responsabilidad que es cuidarlas bien.

Esa devoción se traduce en una coreografía perfecta dentro del hogar, donde las palabras son secundarias. Tamara y sus "pochis" han desarrollado su propio lenguaje no verbal: "Saben perfectamente cuándo toca salir o cuándo toca comer. Con cómo se mueven, cómo me miran o cómo se colocan alrededor, ya sé lo que quieren". Su rutina se sostiene en esos pequeños gestos que lo dicen todo por sí solos.

En el día a día de Tamara Falcó, donde la exposición pública puede llegar a saturar, sus mascotas ejercen un rol terapéutico fundamental; son su verdadero cable a tierra.

"Sobre todo cuando me vienen pensamientos más tristes, que al final nos pasa a todos, ellas te obligan un poco a volver al presente", confiesa con honestidad. "Hay que sacarlas, darles de comer, hacerles caso... Y sin darse cuenta, te sacan de ahí".

Una banda sonora propia

Esta convivencia también le ha servido como un ejercicio de crecimiento personal que contrasta con la inmediatez de la industria de la moda: "He comprendido que tengo mucha más paciencia de lo que creía", reflexiona. "Con cinco perras te das cuenta de que cada una es distinta y tiene sus ritmos para todo. Una va lanzada, otra necesita más tiempo, otra se despista... y al final aprendes a no pretender que todas funcionen igual".

Aunque no todo es idílico. Tamara confiesa que hay momentos en los que la superan: por ejemplo, cuando se hacen pis en casa. "Las regaño, porque me desespera bastante, pero ya he encontrado una solución y cada vez lo hacen menos". Estos pequeños avances demuestran que la convivencia sigue evolucionando con éxito.

Vanilla, Jacinta, Missy, Dalkung y Nala son sus pequeños faros de paz. Con ellas daría la vuelta al mundo, pero su destino predilecto siempre será la histórica finca familiar de El Rincón.

"Allí es donde he vivido momentos muy especiales y al que siento que siempre vuelvo. Tienen campo, espacio y pueden disfrutar muchísimo". Al fin y al cabo, Tamara las considera parte de su propia familia, y por eso el clásico We Are Family se ha convertido en la banda sonora de sus vidas.

Si su historia compartida fuera un libro, el título reflejaría la elegante ironía que define su marca personal: "Cinco pochis, cinco mundos... Y yo en medio, intentando entenderlas". Una crónica entrañable que se resume en una última certeza: "Las recordaré con muchísimo amor... Y creo que ellas también me recordarán así".