Un perro.

Un perro.

Mascotario

Los veterinarios coinciden: el temblor involuntario de tu perro puede ser la primera señal de dolores graves

Lejos de asociarse con el frío, los temblores en el mundo canino son una compleja respuesta física y emocional que abarca desde el miedo hasta dolores.

Más información: Isabel Cárdenas, experta en comportamiento canino, tajante con la humanización de los animales: "Afecta a su bienestar"

Publicada

Los perros expresan sus emociones y sus problemas de salud de una manera muy distinta a la nuestra.

Al no poder comunicarse con palabras, su cuerpo se convierte en su única herramienta para lanzar señales de alerta.

Entre todos estos gestos, el temblor involuntario es, sin duda, uno de los que más preocupa a los propietarios.

Para abordar este problema con rigor, la Dra. Paula Calvo, bioquímica y experta de referencia en antrozoología en España, aclara que este síntoma responde a múltiples factores.

Por eso, analizar el entorno y los estímulos del animal resulta fundamental para determinar si el origen es de conducta o puramente clínico.

La psicología del temblor: factores detrás del síntoma

Para comprender el motivo exacto por el que un canino empieza a tiritar, los educadores caninos recomiendan observar su postura general.

En el plano del comportamiento y el sistema nervioso, se diferencian tres causas principales:

  • Fobias y temores: Elementos cotidianos como los petardos, los truenos o los entornos desconocidos disparan los niveles de alerta del animal. En estos casos, el temblor es una respuesta biológica provocada por la adrenalina que prepara su cuerpo para huir o defenderse del peligro.
  • Ansiedad persistente: Si el perro vive en un entorno estresante de forma continua, manifestará temblores junto a otros "gestos de calma" corporales, como bostezar, lamerse la nariz repetidamente o esconder las orejas.
  • Euforia y excitación positiva: El temblor no siempre equivale a sufrimiento. Muchos perros vibran de pura alegría ante estímulos muy deseados, como el momento previo al paseo o cuando regresas a casa, utilizando el temblor para canalizar ese pico de energía.

La perspectiva clínica: cuando el cuerpo dice basta

El escenario cambia por completo si el temblor aparece de forma estática y en un ambiente pacífico.

Tal y como detalla el Dr. Jaume Fatjó, veterinario, etólogo y director de la Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud, en estas circunstancias el origen suele estar en la medicina interna.

Aquí, el movimiento involuntario puede alertar de dolencias graves en la columna, fiebre alta, cuadros de hipoglucemia (bajada de azúcar) o una intoxicación por ingesta de sustancias prohibidas.

Además, en las razas de tamaño pequeño debe tenerse en cuenta el Síndrome del Temblor Generalizado, un trastorno inmunitario que exige tratamiento veterinario específico.

Los especialistas sugieren aplicar tres normas ante un episodio de temblores:

  • Evitar la confrontación: Si el animal tiembla por pánico, forzarlo a afrontar la situación o castigarlo agravará su malestar y empeorará el problema de conducta.
  • Facilitar un espacio de calma: Proporcionarle un rincón oscuro y silencioso en el hogar le ayudará a reducir las pulsaciones y a recuperar la sensación de control.
  • Vigilar los síntomas asociados: Si notas que el perro gime, se muestra apático o tiene el vientre excesivamente rígido, debes trasladarlo a una clínica de urgencias de inmediato.

Aprender a interpretar las señales de tu mascota es la mejor forma de asegurar su protección.

Al respaldar estas decisiones en el criterio de los expertos, lograrás ofrecer una respuesta mucho más cercana y eficaz, sabiendo con certeza cuándo tu perro busca consuelo y cuándo requiere atención veterinaria urgente.