Un veterinario con gato.

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España marca las normas: es recomendable contratar un perito veterinario para valorar los cuidados de tu mascota

Este profesional veterinario interviene en las situaciones más complicadas, cuando un animal sufre un accidente o enferma.

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María Fernández Álvarez
Publicada

Cuando un animal de compañía enferma, sufre un accidente, es atendido en una clínica veterinaria o se ve implicado en un conflicto entre personas, pueden surgir dudas difíciles de resolver.

¿Se actuó correctamente? ¿Había otra opción diagnóstica o terapéutica? ¿La complicación era inevitable o pudo evitarse? ¿Qué cuidados necesita realmente el animal? En ese espacio, entre la medicina veterinaria y el ámbito legal, aparece una figura cada vez más importante: el perito veterinario.

Un perito veterinario es un profesional veterinario que aporta una valoración técnica, objetiva y documentada sobre hechos relacionados con la salud, el bienestar, el manejo o el daño sufrido por un animal.

Su papel consiste en analizar la información disponible y explicar, con base científica y profesional, qué ocurrió, qué relevancia tiene y si la actuación estudiada fue adecuada conforme a los conocimientos veterinarios aplicables.

Para un tutor de mascota, la intervención de un perito puede ser útil en situaciones muy distintas. Una de las más conocidas es la sospecha de negligencia veterinaria. Sin embargo, conviene aclarar algo fundamental: no todo mal resultado es una mala praxis.

En medicina veterinaria, como en medicina humana, existen enfermedades graves, pacientes frágiles, complicaciones imprevisibles y tratamientos que pueden no tener el resultado esperado aunque se hayan aplicado correctamente. El perito ayuda precisamente a distinguir entre una evolución desfavorable inevitable y una posible actuación profesional incorrecta.

También puede ser necesario un informe pericial cuando un animal fallece de forma inesperada tras una cirugía, una anestesia, una hospitalización o una atención de urgencia.

En estos casos, el perito revisa la historia clínica, las pruebas diagnósticas, los consentimientos informados, los registros de medicación, las constantes monitorizadas y la comunicación mantenida con el tutor. Su análisis no debe basarse en impresiones, sino en documentos, datos clínicos y criterios veterinarios.

Otro ámbito frecuente es la compraventa o adopción de animales con enfermedades previas, congénitas, infecciosas o no informadas.

Un cachorro que desarrolla una patología grave pocos días después de su adquisición, un animal vendido con una enfermedad oculta o una falta de información sanitaria pueden requerir una valoración técnica que determine el estado del animal, la posible antigüedad del proceso y las consecuencias clínicas y económicas.

El perito veterinario también puede intervenir en accidentes, intoxicaciones, agresiones entre animales, lesiones producidas en residencias, guarderías, peluquerías caninas o centros de adiestramiento.

En estos casos, su trabajo puede ayudar a reconstruir técnicamente lo sucedido, valorar lesiones, secuelas, dolor, tratamientos necesarios y posibles responsabilidades. En los últimos años, además, ha ganado importancia su participación en conflictos de custodia de animales de compañía tras separaciones o divorcios.

En estas situaciones, el perito no decide con quién debe vivir el animal, pero puede valorar qué régimen de convivencia se ajusta mejor a su bienestar, teniendo en cuenta su edad, salud, conducta, rutinas, vínculos y necesidades específicas.

¿Qué debe hacer un tutor antes de acudir a un perito? Lo más importante es conservar toda la documentación: informes clínicos, analíticas, radiografías, ecografías, recetas, facturas, consentimientos, mensajes y fotografías relevantes.

Cuanta más información objetiva exista, más sólido podrá ser el análisis. También es recomendable ordenar cronológicamente los hechos y evitar conclusiones precipitadas antes de una revisión técnica.

En definitiva, el perito veterinario es una figura clave cuando la salud o el bienestar de un animal se cruzan con una reclamación, un conflicto o una duda técnica relevante.

Para el tutor responsable, puede ser una herramienta valiosa no solo para reclamar cuando proceda, sino también para comprender mejor lo ocurrido y tomar decisiones con fundamento.