Peces en el mar.

Peces en el mar. istock

Mascotario

Ya es oficial: la Comisión Europea está preparando una nueva ley específica para el bienestar de los peces

Según la ciencia, los peces también sienten y sufren y por esto hay que adaptar las normativas a sus necesidades.

Más información: Cristina Ibáñez, abogada que denunció el caso de los peces de la discoteca Fabrik de Madrid: "Deben pagar entre 10.001 y 50.000 euros"

Publicada

Durante décadas, las leyes de bienestar animal en la Unión Europea se han diseñado pensando en la tierra: vacas, cerdos, gallinas o animales de compañía.

Los habitantes del medio acuático permanecían en un cómodo olvido regulatorio, protegidos únicamente por una directiva general de 1998 que se ha quedado completamente obsoleta. Sin embargo, Bruselas está ejecutando un cambio de rumbo histórico.

La Comisión Europea ya trabaja en los cimientos de la que será la primera normativa específica para el bienestar de los peces en territorio comunitario.

Este movimiento responde a una presión triple: el avance imparable de la ciencia, la necesidad de unificar criterios en un mercado acuícola en expansión y la exigencia social de una ciudadanía cada vez más concienciada con el sufrimiento animal bajo el agua.

Los peces sienten dolor y estrés

El pilar fundamental sobre el que se construye esta futura ley es una base científica ya incontestable. Durante los últimos años, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha publicado una serie de dictámenes categóricos.

La conclusión de los biólogos es clara: los peces no actúan por mero reflejo; poseen un sistema nervioso complejo, tienen capacidad de sufrir, sienten miedo, experimentan estrés y son seres sintientes.

Hasta ahora, las prácticas de hacinamiento en las piscifactorías, el transporte en tanques saturados o los métodos de sacrificio masivo sin aturdimiento previo se normalizaban bajo el mito de que los animales de sangre fría no experimentaban el dolor de la misma manera.

La nueva estrategia de la UE asume que ignorar la sintiencia acuática ya no es éticamente defendible ni científicamente sostenible.

El nuevo Centro de Referencia

Para pasar de las declaraciones de intenciones a las leyes reales, la Unión Europea está desplegando una infraestructura técnica específica. El paso más relevante es la creación del Centro de Referencia de la UE para el Bienestar de los Animales Acuáticos. Este organismo técnico tiene misiones muy concretas:

  • Asesoramiento científico: Proporcionar datos actualizados a los Estados miembros para que apliquen las normativas de manera homogénea.
  • Métodos de sacrificio humanitarios: Investigar y validar sistemas de aturdimiento eficaces que eviten la agonía de los peces antes de llegar a la cadena de consumo.
  • Formación y control: Ayudar a los inspectores a identificar indicadores de bienestar (como la calidad del agua, el comportamiento de nado o las lesiones en la piel) en las granjas acuícolas europeas.

La primera gran batalla regulatoria

El primer reflejo práctico de este cambio de paradigma ya se está negociando en Bruselas. En la revisión de la normativa de transporte de animales vivos, los peces han dejado de ser "invisibles" para contar con capítulos propios.

La futura legislación pretende regular aspectos que antes quedaban a merced del criterio de las empresas transportistas: el control estricto de los niveles de oxígeno en el agua, la densidad máxima de animales por tanque para evitar el aplastamiento y la monitorización térmica, ya que las oscilaciones bruscas de temperatura son letales para el sistema inmunológico de los peces.

Un reto para la industria

La futura ley específica de bienestar para peces promete transformar el sector de la acuicultura en Europa.

Aunque las ONG celebran que por fin se rompa el "sesgo terrestre" de la legislación, el sector industrial mira el proceso con cautela, advirtiendo que las nuevas exigencias técnicas requerirán fuertes inversiones en infraestructuras y logística.

El desafío de Bruselas será demostrar que es posible liderar los estándares éticos globales sin asfixiar económicamente a sus propios productores. Lo que es seguro es que, en las leyes del siglo XXI, los peces ya no son una excepción.