Un gato.

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Mascotario

Los veterinarios coinciden: si un gato deja de limpiarse suele ser la primera señal de que está enfermo

Los felinos utilizan el acicalamiento constante no solo para higienizarse tras comer o dormir, sino también como una estrategia de supervivencia.

Más información: Las educadoras de animales coinciden: los gatos perciben un mundo sensorial que va mucho más allá del nuestro

Angelica Rimini
Publicada

Cualquier persona que conviva con un gato se habrá dado cuenta de un detalle fascinante: siempre parecen oler a limpio, como si acabaran de salir de la tintorería o como a "algodón o a ropa limpia".

A diferencia de los perros, que tienen un olor corporal mucho más marcado, los gatos han perfeccionado el arte de la higiene.

El veterinario Carlos Gutiérrez nos desvela, a través de su experiencia, los secretos biológicos y evolutivos que explican por qué nuestros felinos huelen tan bien y qué significa cuando este aroma cambia drásticamente.

Cuestión de supervivencia

El primer secreto que explica el buen olor de los gatos reside en su propia naturaleza. Gutiérrez aclara que, en estado salvaje, un felino "no se puede permitir el lujo de oler muy fuerte". Un olor corporal penetrante alertaría a sus presas y, al mismo tiempo, atraería a depredadores más grandes.

Para solucionar esto, los gatos desarrollaron una conducta de acicalamiento extremadamente meticulosa. El veterinario destaca que existen dos momentos cruciales para este baño.

El primero es justo después de una siesta larga: como un método para hacer la transición hacia un estado de alerta. Y el segundo es especialmente después de comer.

"Evolutivamente, limpiarse tras consumir una presa eliminaba los fluidos y restos biológicos que, de quedarse en el pelaje, generarían un olor muy penetrante".

Anatomía a prueba de olores

Otro de los grandes motivos de su frescura es que los gatos "no sudan por la mayor parte de su cuerpo". El sudor en sí no tiene olor, sino que este es producido por las bacterias que lo degradan.

Al sudar únicamente por zonas sin pelo, como las almohadillas de las patas, los gatos evitan este problema por completo. Sin embargo, la gran estrella de su higiene es la lengua.

El veterinario detalla que las papilas de la lengua felina tienen forma de espinas que arrastran el pelo muerto y lo ahuecan, manteniéndolo ventilado. Además, estas papilas "están huecas por dentro", lo que les permite depositar la saliva profundamente en el manto de pelo.

Gutiérrez subraya un dato científico fascinante: la saliva de los gatos tiene una "función contra las bacterias", es decir, las mata al entrar en contacto con ellas, eliminando de raíz la fuente de los malos olores.

Baños de sol y el "efecto esponja"

La típica imagen de un gato durmiendo plácidamente bajo los rayos del sol esconde un beneficio oculto. Las radiaciones ultravioletas tienen "una actividad bactericida", por lo que, al tomar el sol, el pelaje del gato se desinfecta de manera natural.

Además, el entorno juega un papel vital. Gutiérrez describe el pelaje felino como "una esponja" cubierta de una fina capa de grasa natural.

Los gatos que viven en el interior absorben e impregnan su pelo con los aromas limpios del hogar, como el de la tapicería o la ropa de los armarios. Por lo tanto, se puede decir que los gatos "son el reflejo de lo bien que huelen nuestras casas".

¿Cuándo y por qué puede oler mal un gato?

Aunque la norma es que huelen a rosas (salvo por el lógico aliento a pescado que puedan tener tras comer), Gutiérrez advierte que existen situaciones en las que el olor empeora notablemente. Las causas más comunes son:

  • Acceso al exterior: Los gatos que salen a la calle pueden ensuciarse con polvo, lluvia o sustancias químicas. El veterinario recuerda a su gato Copito, que en invierno solía volver "pringado de grasa de motor de coche" por buscar el calor de los capós de los vehículos.
  • Descenso del acicalamiento: Si un gato deja de lavarse, su pelo se vuelve grasiento. Esto suele ser "de las primeras cosas que solemos ver que ocurre" cuando un gato está enfermo. También ocurre en animales con sobrepeso o ejemplares mayores con dolor articular, a quienes les cuesta llegar a todas las partes de su cuerpo, acumulando caspa y suciedad.
  • Exceso de sebo e infecciones: Problemas dermatológicos como el "acné felino" en la barbilla o la "cola de semental" (común en razas sin pelo) causan un exceso de grasa con olor a rancio. Asimismo, las dermatitis infecciosas, el sarro severo en la boca o las infecciones en las glándulas anales requerirán atención veterinaria inmediata.

La advertencia del veterinario

Para concluir, Carlos Gutiérrez lanza una advertencia rotunda a todas las familias felinas: en ningún caso se deben usar perfumes para gatos.

"No me gusta porque para empezar es un olor que no es natural", declara el experto. Estos productos químicos alteran por completo la identidad olfativa del animal.

Si en la casa conviven varios felinos, dejarán de reconocerse entre sí, lo que puede provocar graves tensiones o peleas.

Pero lo más peligroso, advierte Gutiérrez, es su toxicidad: al acicalarse, "todo ese químico tu gato se lo va a tragar". Una práctica altamente peligrosa e innecesaria para un animal que, por naturaleza, ya huele de maravilla.