Un buey a la sombra.

Un buey a la sombra. istock

Mascotario

Clara Márquez, (PACMA): "La cifra de animales muertos en el Rocío asciende a 19; hay que evolucionar urgentemente"

La coordinadora del partido en Sevilla denuncia los días de infierno que están pasando los animales en la romería.

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"¿Cómo se puede evitar todo esto? No usando animales en el Rocío". Clara Márquez, coordinadora Provincial del Partido Animalista (PACMA) en Sevilla, es contundente. Vive la situación desde cerca y su propuesta es clara: un Rocío sin tracción animal.

"Ya se demostró hace bastantes años, a finales de los 80, que es posible". Márquez se refiere a 1987, cuando un brote de peste equina afectó a Andalucía y obligó a prohibir el uso de équidos en romerías y ferias durante tres años.

"Las festividades no terminaron por la ausencia de animales, se siguió haciendo de otra manera. Por esto nuestra solución es esta: que no haya". Según explica, cuando terminó la alerta sanitaria los ciudadanos volvieron a sus costumbres, pero aquello dejó constancia de que los animales no son imprescindibles para la devoción religiosa.

Sin embargo, el panorama actual dista mucho de aquella tregua. "Este año ha pasado lo que pasa todos los años: temperaturas altísimas, aglomeraciones y el uso de pirotecnia cerca de animales, algo que está expresamente prohibido por la Ley de Bienestar Animal de 2023", denuncia Márquez.

Hasta la fecha, la cifra de animales muertos relacionados con la romería asciende a un total de 19. Ayer mismo murió el último. "En esta cifra incluimos los ocho mulos del camión y dos caballos que murieron en las cuadras en Huelva antes de salir la romería; muertes colaterales que las cifras oficiales no cuentan", explica.

A esto se suma la pérdida de dos bueyes, algo que califica como "rarísimo" al ser animales muy fuertes, pero "perfectamente entendible" por las condiciones del camino.

Bueyes atados por los cuernos a pleno sol

Desde PACMA documentan cada año a bueyes atados por los cuernos a pleno sol, con cuerdas de menos de medio metro y los cubos de agua a seis metros de distancia: "beben cuando el carretero quiere, no cuando el animal lo necesita".

A las muertes por extenuación se añaden los accidentes trágicos. Este año, un camión en marcha que transportaba mulos hacia la aldea sufrió un incendio en el que murieron ocho animales atrapados, un suceso del que la formación exige que se depuren responsabilidades.

Además, la tensión del entorno provoca incidentes constantes: bueyes que se escapan y, este año, un caballo que tuvo que ser rescatado por el SEPRONA tras caer a un arroyo junto a su jinete. Esta realidad exige un remedio urgente y colectivo.

Para PACMA, el Plan Romero —el dispositivo oficial de la Administración para velar por la seguridad y el medio ambiente— resulta totalmente insuficiente. "No tienen bastantes personas para atender todas las incidencias ni para estar vigilantes", lamenta Márquez.

A la desatención animal se añade el impacto ambiental, agravado este año por un incendio en el corazón del Parque Nacional de Doñana, justo en la zona de pernocta de las hermandades.

Márquez advierte de que el espacio se encuentra en plena época de cría del águila imperial y otras especies protegidas: "Esto habría que replanteárselo, no podemos permitirnos el lujo de seguir perdiendo biodiversidad".

Una tradición anacrónica

El trasfondo del problema, según la organización, es un choque temporal. La romería es un peregrinaje para la devoción de una figura religiosa. Como el camino de Santiago, se puede hacer igualmente sin explotar a otros seres vivos. "Se siguen usando por una tradición anacrónica". El origen del problema es evidente.

"Estamos en pleno siglo XXI y es un contraste enorme: la gente hace la peregrinación con comodidades de la vida moderna -carriolas con aire acondicionado, electricidad y la moda flamenca evoluciona, pero mantienen la tradición de usar animales como si estuviéramos en el siglo XVI".

Detrás de esta tradición existe, además, un mercado descontrolado. El 90% de los caballos y bueyes que participan son alquilados a empresas privadas.

Al no ser propiedad de quienes los montan o guían, Márquez denuncia que existe una absoluta falta de empatía: "Así mueren por agotamiento, cansancio o cólicos, porque no tienen suficiente alimentación ni hidratación y están horas trabajando. Incluso estar parado, atado a la puerta de una casa en mitad del bullicio, los cohetes y la pirotecnia, les causa un daño tremendo".

La opacidad del sector dificulta el rastreo del problema. No existe un control efectivo de cuántos animales participan, ni se contabiliza lo que ocurre en los días previos y posteriores.

De hecho, la coordinadora revela una realidad oculta tras el fin de la fiesta: el sacrificio masivo. "Alquilar el animal y mantenerlo el resto del año sale caro, por lo que a muchos les resulta más barato deshacerse de él, sacrificarlo y comprar otro al año siguiente".

Para desvelar estas cifras, PACMA recurre anualmente a las Oficinas Comarcales Agrarias, solicitando los registros sanitarios de bajas durante el mes del Rocío y el posterior.

Como si fuera perder un zapato

"Aquí se valora la muerte de un animal como si fuera perder un zapato, cuando estamos hablando de vidas". Según la experta, ese aferrarse a las costumbres bajo el prisma de ‘siempre se ha hecho así’ es peligroso.

"Bajo esa lógica, las mujeres no tendríamos derecho al voto o los gladiadores seguirían en los circos romanos". Pone como ejemplo la prohibición de fumar en los hospitales implantada en 2005: un cambio legal que inicialmente costó asumir pero que trajo una sociedad más sana.

"Hay que evolucionar porque son tradiciones basadas en la crueldad. Cuando una tradición solo te afecta a ti, fantástico; pero cuando afecta a otro ser vivo, hay que planteárselo. No podemos normalizar que mueran animales cada año".

El caso del Rocío es muy emblemático. Existen leyes, pero no se aplican y no se respetan. El año pasado, el partido documentó muchas hermandades saliendo con el cohetero al lado en el pueblo de Benacazón. Lo denunciaron públicamente y a la vuelta no usaron pirotecnia. Pero este año se les ha vuelto a olvidar.

"La propia autoridad está allí, lo permite, levanta la mano o no aplica la ley. Es desesperante". Aunque las tradiciones están profundamente arraigadas, no todo el mundo está de acuerdo. "Las administraciones deben hacerse responsables y la realidad tiene que cambiar", concluye.