Un perro en un laboratorio.

Un perro en un laboratorio. The Camp Beagle

Mascotario

La realidad de los miles de perros criados en industrias para ser testados: "Nunca han visto el sol ni la lluvia"

MBR Acres produce 2.000 perros al año para experimentación científica, aunque más del 90% de los fármacos fallan en humanos.

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"Esos perros viven dentro de naves industriales que no tienen ventanas. Nunca salen afuera, no saben lo que es el sol ni la lluvia; no saben lo que es caminar en el pasto ni hacer ejercicio porque están siempre dentro de jaulas", cuenta Soledad Iriart, activista y representante de la campaña Camp Beagle en Inglaterra.

En MBR Acres (Inglaterra) y Ridglan Farm (Estados Unidos) la vida pesa. Estas granjas de producción industrial suministran perros a la industria de la experimentación científica. No son laboratorios en sí mismos, sino los proveedores de la materia prima.

Las condiciones son pésimas. En Ridglan, las jaulas son tan pequeñas que apenas cabe un perro. No están al nivel del suelo, por lo que los animales están obligados a vivir sobre rejillas.

En MBR las jaulas se comparten entre seis y siete perros, y sí están a la altura del suelo. Sin embargo, este criadero de perros esconde una realidad todavía más dura. "Tienen una licencia del gobierno para desangrar a los perros y vender sus órganos internos", explica Soledad.

Pulmones, riñones, corazones, saliva o sangre. Los perros nacen allí y, en cuanto cumplen 16 semanas, los venden a los laboratorios. Uno de ellos es, precisamente, propiedad de la empresa Vivotecnia en España.

'Todos salen de aquí'

Este lugar lleva 50 años criando canes, y Soledad y su equipo tienen un campamento permanente en la puerta desde hace casi 5 años. "Desde que empezamos, estimamos que unos 10.000 perros han salido de esta granja hacia los laboratorios en furgonetas".

Solo en esta última semana calcula que han salido 100 perros. El criadero, ubicado en Wyton, Cambridgeshire, pertenece a una multinacional estadounidense muy poderosa llamada Marshall BioResources. Es el único centro de este tipo que queda en Gran Bretaña y sigue produciendo unos 2.000 beagles al año. "Todos salen de aquí".

En los laboratorios, los perros no se utilizan habitualmente para buscar la cura de enfermedades humanas, sino para un área muy específica y controvertida: las pruebas de toxicología y seguridad de productos. El objetivo principal es ver cómo reacciona un organismo vivo complejo cuando es envenenado o expuesto a dosis altas de una sustancia química antes de que esta salga al mercado.

Beagles en el criadero MBR.

Sin embargo, Soledad explica que testear sobre animales no tiene sentido debido a las profundas diferencias biológicas. "Más del 90% de los fármacos y químicos que pasan con éxito el testeo en animales, fallan cuando se hace el testeo en humanos. Hay que tirarlos a la basura y empezar de nuevo".

Además, el problema es inverso: muchos medicamentos que no pasan el testeo animal resultan funcionar en humanos años después, como pasó con un tratamiento para el cáncer de mama. "Esa fundación (charity) dejó de apoyar los experimentos en animales cuando se dieron cuenta de eso".

A pesar de ello, este mercado no se detiene. Según la experta, su existencia responde exclusivamente a la necesidad de las farmacéuticas y las empresas químicas de sacar sus productos al mercado con un "seguro" legal. "Si luego resulta que hay algún problema, no pueden demandarlas porque se apoyan en esas pruebas". En Inglaterra no existe ninguna legislación que obligue a hacer testeos en animales; se hace simplemente por razones comerciales.

Soledad recuerda el caso de una malla quirúrgica que se utilizaba para mujeres con colapso de útero o problemas de vejiga. Estaba testada en animales, pero causó efectos secundarios terroríficos en las pacientes. "Están tratando de demandar a las empresas, pero no pueden".

Un campamento permanente

Camp Beagle es solo un grupo de voluntarios activistas cuyo mayor interés es la concienciación pública. El criadero está al lado de la carretera y la gente no tiene la más mínima idea de lo que pasa dentro de esas paredes.

"Pensar que hay 2.000 perros metidos dentro de naves que nunca pasean, que nunca han visto el cielo y que luego se los llevan a laboratorios para introducirles tubos con químicos directamente al estómago, darles inyecciones o ponerles máscaras de inhalación, deja a la gente horrorizada".

Para visibilizar esta realidad, están allí las 24 horas del día, los 365 días al año. Cuando una furgoneta sale de la granja para llevar a los animales a los laboratorios, lo transmiten en vivo y en directo en sus redes sociales. "Cada uno de ellos cuenta".

En el día a día son cuatro personas, pero cuando tienen que manifestarse se juntan hasta un centenar. En los últimos cinco años, consiguieron meter unas pequeñas cámaras a través de los tubos de ventilación de la nave para sacar imágenes y vídeos. Algunos trabajadores de la empresa también denunciaron —como whistleblowers o infiltrados— las barbaridades que sucedían allí dentro.

Esto les permitió impulsar campañas políticas y peticiones parlamentarias. En su cuarto debate, el gobierno les prometió diseñar un plan para acabar con los experimentos en animales. "Es una tuerca que hay que ir apretando y en algún momento se dará el salto".

Cortar la valla y liberar a 30 perros

"En el verano de 2022 y en diciembre de ese mismo año, un grupo de activistas diferente al nuestro vino aquí, a MBR Acres. Cortaron la valla, entraron al criadero y liberaron a cinco perros en junio y a veinticinco perros en diciembre, de los cuales la policía confiscó dos".

Estos activistas tienen una filosofía parecida a la de Wayne en EEUU: no consideran que estuvieran rompiendo la ley, sino que estaban rescatando a perros que sufrían. Por eso, tras sacarlos, se entregaron voluntariamente a la policía. Los de junio eran tres activistas; se llevaron a los cinco perros y al día siguiente fueron a una comisaría a confesar. En diciembre el grupo era más grande; algunos se llevaron a los perros y otros se quedaron allí mismo esperando a las autoridades sin resistirse al arresto.

Finalmente les imputaron cargos por robo con fuerza (burglary). Como eran muchos activistas y no cabían todos a la vez en el mismo juzgado, el juez los separó en cinco grupos. El 50% de ellos ya ha sido absuelto: probaron ante el jurado que su intención no era robar, sino salvar a los animales.

"Yo estoy convencida de que los experimentos en animales se van a acabar porque no funcionan. Hoy por hoy existen un montón de tecnologías modernas: inteligencia artificial, células 3D que crecen por sí solas en un plato de Petri, o lo que se llama 'organ-on-a-chip'".

Este último método tiene más de un 70% de acierto, mientras que los experimentos animales acumulan un 90% de fallo. La tecnología está lista, y las empresas también, para cambiar el rumbo.

"De hecho, los mayores inversores en métodos alternativos son los mismos laboratorios que usan animales, porque saben hacia dónde va el futuro, pero mientras tanto van a seguir estirando el negocio lo más que puedan".