Un perro.

Un perro.

Mascotario

Los médicos coinciden: los perros detectan las crisis de epilepsia a través del olor del cuerpo del paciente

Estos canes de alerta médica son una de las herramientas más humanas y eficientes para ayudar a las personas que sufren esta patología.

Más información: María José Salmerón, diabética, sobre los perros de asistencia: "Tengo 5 bajadas y subidas diarias y él nunca falla"

Angelica Rimini
Publicada

La epilepsia es una de las enfermedades neurológicas crónicas más comunes del mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta a cerca de 50 millones de personas a nivel global.

Solo en España, la cifra oscila entre los 400.000 y 500.000 pacientes, sumando hasta 22.000 nuevos diagnósticos cada año, muchos de ellos en la infancia. En una patología marcada por la absoluta imprevisibilidad de sus crisis, la tecnología médica busca constantemente complementos eficaces.

Sin embargo, una de las herramientas de apoyo más humanas y eficientes ha resultado ser biológica: los perros de alerta médica. En este contexto, Purina ha reforzado su compromiso con el bienestar social mediante una alianza estratégica con CANEM Perros de Alerta.

El proyecto combina la experiencia en adiestramiento técnico de la entidad con el desarrollo en nutrición avanzada de la firma alimentaria, un pilar básico para cubrir el alto desgaste energético y cognitivo que sufren estos animales tanto en su etapa de escuela como en su vida de servicio activo.

Ciencia y olfato

Contrario a la creencia popular, un perro de alerta epiléptica no realiza magia; realiza ciencia aplicada a través de los sentidos. Aunque no todos los canes poseen la aptitud natural para esta tarea, aquellos seleccionados son entrenados para captar variaciones casi imperceptibles en el cuerpo del paciente antes de que se desencadene un ataque.

Estos animales detectan modificaciones sutiles en el olor corporal (provocadas por cambios químicos y metabólicos previos a la crisis), variaciones en los niveles de actividad o alteraciones microscópicas en los patrones conductuales de su tutor.

Al identificar la señal, el perro ejecuta un aviso aprendido de forma clara: un ladrido específico, un contacto físico insistente o la búsqueda deliberada de atención.

Esta ventana de tiempo otorga a la persona o a su entorno la oportunidad de ponerse a salvo, tumbarse, tomar medicación de rescate o avisar a los servicios de emergencia.

"Los perros de asistencia son un ejemplo extraordinario del impacto positivo que los animales pueden tener en la vida de las personas", señala Elisenda Saperas, veterinaria y responsable de comunicación de Purina España.

"Desde Purina queremos seguir apoyando programas especializados que ayuden a ampliar el acceso a este tipo de asistencia y contribuyan al bienestar tanto de las personas como de los propios animales".

El papel del can tras el impacto

Los beneficios de contar con un compañero de asistencia van mucho más allá de los minutos previos al episodio. El programa destaca el valor del perro en la fase de recuperación (postcrisis):

  • Seguridad física: El animal permanece al lado del paciente inmóvil, evitando que se autolesione debido a la desorientación.
  • Transición segura: Ofrece un anclaje emocional y táctil que reduce la angustia durante los minutos de confusión posteriores al ataque.
  • Reducción de la ansiedad: Saber que el perro avisará reduce de forma drástica la "ansiedad anticipatoria", permitiendo a los pacientes recuperar su autonomía y salir al espacio público con confianza.

Un proceso de formación de hasta dos años

Convertir a un cachorro en un perro de alerta médica es una carrera de fondo altamente estructurada. El proceso puede requerir entre 12 y 24 meses de trabajo diario dependiendo del nivel de especialización del caso.

La instrucción se divide en fases estrictas que van desde una cuidada selección genética y de temperamento, pasando por una etapa de socialización temprana, hasta el entrenamiento avanzado en detección y habituación a entornos urbanos complejos (transportes públicos, centros médicos o colegios).

Una labor rigurosa donde el respeto al bienestar animal y el seguimiento continuo garantizan que el vínculo humano-animal se convierta, literalmente, en un seguro de vida.