Un gato sujetado por una mujer.

Un gato sujetado por una mujer. Istock

Mascotario

Los veterinarios coinciden: "Cuando sujetas a un gato por la nuca su cerebro lo interpreta como una amenaza"

Paula Calvo, educadora felina, desmiente el mito de que tenemos que transportar a nuestro gato por el cuello.

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Durante décadas, una de las imágenes más repetidas en el imaginario colectivo sobre los felinos ha sido la de una madre gata transportando a sus crías por el cuello. Bajo esa premisa, se ha vendido una "mentira preciosa": que sujetar a un gato adulto de la misma forma es natural y relajante.

Sin embargo, la etóloga y educadora felina Paula Calvo rompe este mito con una advertencia contundente: "lo que tú interpretas como calma, para tu gato es pánico".

Una trampa biológica

El gesto de agarrar al gato por el pliegue de piel de la nuca para inmovilizarlo se conoce técnicamente como scruffing. Calvo explica que, si bien las madres gatas lo hacen, solo ocurre durante las primeras semanas de vida y con cachorros que pesan apenas unos gramos.

En esa etapa, los gatitos poseen un reflejo llamado pinch-induced behavioral inhibition, un mecanismo evolutivo que los deja inmóviles para que la madre pueda trasladarlos sin accidentes. Pero hay un detalle vital: ese reflejo desaparece.

"Ese reflejo se esfuma cuando el gato empieza a cazar mariposas imaginarias por el pasillo. Cuando réplicas ese gesto con un gato adulto de cinco kilos, su cerebro lo interpreta como una amenaza, como un ataque de una fiera del que no puede salir", afirma la etóloga.

Indefensión aprendida

La razón por la que un gato se queda paralizado al ser sujetado por la nuca no es la confianza, sino la indefensión aprendida. Según Calvo, el animal siente que no puede escapar ni defenderse, por lo que su cerebro toma la decisión de supervivencia de quedarse absolutamente inmóvil hasta que el "mal trago" pase.

La ciencia respalda esta visión. Estudios citados por la experta en la revista Veterinary Record demuestran que esta maniobra dispara la frecuencia cardíaca, la dilatación pupilar, la respiración acelerada y los niveles de cortisol (la hormona del estrés).

"El cuerpo de tu gato entra en pánico mientras tú crees que se ha relajado", sentencia Calvo. Además, advierte sobre los riesgos físicos: hematomas, contracturas cervicales y dolor crónico, especialmente en gatos con sobrepeso o ejemplares mayores.

Alternativas para un manejo amable

La buena noticia es que existen métodos para manipular a nuestro compañero sin romper el vínculo de confianza. Paula Calvo propone tres pilares fundamentales para el manejo cooperativo.

El primero es el soporte corporal completo. La regla de oro es: sostén el cuerpo entero, nunca una sola parte. Coloca una mano bajo el pecho y la otra apoyando las patas traseras y la zona lumbar. El gato necesita sentir una estabilidad similar a la de estar sobre una superficie firme. El segundo es la técnica del "burrito".

Para tareas delicadas como poner una pipeta o cortar uñas, Calvo recomienda envolver al gato en una toalla grande con firmeza pero suavidad. "Deja fuera solo la parte que necesitas manipular. Habla en voz baja y, si el gato se tensa demasiado, para".

El transportín también es una zona segura y la experta sugiere dejarlo de usar solo para ir al veterinario. "Trabájalo como un refugio positivo, dejándolo abierto en casa con premios y mantas familiares".

Abandonar técnicas agresivas como el scruffing no es solo una cuestión de ética, sino de salud. Un gato que se siente seguro en tus manos aceptará mejor las revisiones y los tratamientos médicos.

"Tratar el cuerpo de tu gato con respeto le envía un mensaje rotundo: que contigo está a salvo. Tu gato no habla tu idioma, pero te lo agradecerá en el suyo", concluye Paula Calvo.