Una chica con un perro.

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Mascotario

Los veterinarios coinciden: cuando una espina se clava, el problema puede agravarse rápidamente si no se actúa

Según los expertos, estas semillas secas de gramíneas son una amenaza silenciosa y muy peligrosa para nuestros animales.

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Con la subida de las temperaturas y el agostamiento de los pastos, los paseos por el campo o por parques urbanos mal segados esconden una amenaza silenciosa: las espigas.

Aunque forman parte del paisaje habitual de la primavera y el verano, estas semillas secas de gramíneas son, en realidad, pequeños dardos vegetales capaces de comprometer seriamente la salud de los perros.

Los expertos de Kiwoko y su red de clínicas Kivet, advierten que no se trata de un simple enganche en el pelaje. El verdadero riesgo reside en su morfología: una punta rígida y una serie de micro-pelos orientados en una sola dirección que funcionan como un anzuelo.

Una vez que se clavan, solo pueden avanzar hacia adelante, adentrándose más y más en el cuerpo del animal.

Anatomía de una amenaza: nariz, oídos y patas

El peligro de las espigas es su capacidad de migración. Al no degradarse dentro del organismo, si no se detectan a tiempo, pueden atravesar tejidos y llegar a órganos vitales. Las zonas más críticas suelen ser:

  • Los oídos: Provocan un dolor intenso y pueden llegar a perforar el tímpano.
  • La nariz: Al ser olfateadas, se introducen en las fosas nasales causando estornudos violentos y hemorragias.
  • Las patas: Se clavan entre los dedos, creando fístulas e infecciones que provocan cojera.
  • Los ojos: Pueden alojarse detrás de los párpados, causando úlceras corneales graves en cuestión de horas.

"La forma de la espiga está pensada para avanzar. Aunque al principio los síntomas parezcan leves, el problema puede agravarse rápidamente si no se actúa", explica Ana Ramírez, directora técnica veterinaria de Kivet.

Señales de alerta

El comportamiento del animal tras el paseo es la mejor pista para los propietarios. Los expertos recomiendan vigilar si el perro presenta:

  • Sacudidas bruscas de cabeza o si la lleva ladeada.
  • Estornudos paroxísticos (muchos seguidos y muy violentos).
  • Lameo obsesivo de una pata o entre los dedos.
  • Ojo cerrado, inflamado o con secreción repentina.

Ante cualquiera de estos signos, la recomendación profesional es clara: acudir al veterinario de inmediato. Intentar extraer una espiga en casa si ya se ha introducido parcialmente puede ser contraproducente, ya que el riesgo de que se rompa y una parte quede dentro (o de empujarla más profundamente) es muy alto.

Prevención: el cepillado como "escudo"

Para evitar pasar el verano en la sala de espera de una clínica, la prevención es el mejor aliado. Los expertos sugieren evitar las zonas de hierba alta y seca, pero sobre todo, establecer una rutina de revisión post-paseo.

Pasar la mano y el cepillo por el cuerpo del perro al volver a casa no solo ayuda a detectar estos "viajeros indeseados", sino que, según Ramírez, "refuerza la confianza del animal y el vínculo con su persona".

En perros de pelo largo, mantener el manto corto durante estos meses y recortar el pelo sobrante entre las almohadillas de las patas reduce drásticamente las probabilidades de que una espiga encuentre donde agarrarse.