Un perro en la calle.

Un perro en la calle. Istock

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La situación crítica de los perros en Estados Unidos: los consumidores usan los perros como "probadores" de drogas

En Los Ángeles, voluntarios y rescatistas denuncian que miles de perros mueren cada día en las aceras por sobredosis de fentanilo.

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En el corazón de Los Ángeles, donde la crisis de vivienda y la epidemia de opioides convergen en un paisaje de tiendas de campaña y desesperación, ha surgido una denuncia que redefine los límites de la crueldad.

En el emblemático barrio de Skid Row, voluntarios y rescatistas de animales han encendido las alarmas sobre una práctica atroz: el uso de perros como "probadores" de drogas para detectar la presencia de fentanilo.

La denuncia, impulsada por la organización sin fines de lucro Starts With One Today, sostiene que algunos consumidores de drogas están obligando a sus mascotas a ingerir pequeñas cantidades de sustancias antes de consumirlas ellos mismos.

En un mercado negro donde el fentanilo —un opioide 50 veces más potente que la heroína— contamina casi cualquier producto, los animales se han convertido en detectores de toxicidad improvisados.

Joey Tuccio, fundador de la organización, ha descrito la situación como una práctica "diaria". Según su testimonio para la cadena KTLA, los perros son expuestos a sobredosis deliberadas.

Si el animal sobrevive, el usuario interpreta que la droga es "segura" para el consumo humano. Aquellos que no corren con la misma suerte mueren en agonía en las aceras, a menudo sin recibir ningún tipo de auxilio.

Un ecosistema de abuso y marginalidad

El horror en Skid Row no se limita a la ingesta de drogas. Los rescatistas documentan un panorama de negligencia sistémica que incluye cría ilegal en tiendas de campaña. Los perros son utilizados como moneda de cambio para obtener dosis.

Viven en condiciones extremas, atados con cuerdas cortas, encerrados en jaulas cubiertas de plástico bajo el sol de California y rodeados de desechos humanos. Y carecen de cualquier tipo de atención veterinaria. Heridas infectadas, sarna severa y desnutrición crónica son la norma para las mascotas de la zona.

"Cada día recibimos llamadas sobre perros que están muriendo en las aceras", lamentó Tuccio, subrayando que la magnitud del problema supera la capacidad de respuesta de las organizaciones locales.

La parálisis institucional ante una crisis dual

A pesar de que las imágenes y los testimonios de los voluntarios son devastadores, la respuesta de las autoridades de Los Ángeles ha sido calificada de insuficiente.

La complejidad de Skid Row, que alberga a miles de personas con trastornos de salud mental y adicciones severas, dificulta las intervenciones de control animal.

Aunque el Ayuntamiento ha prometido endurecer las sanciones por maltrato, la realidad es que el sistema de refugios de la ciudad está colapsado. Separar a un animal de su dueño en un entorno de sinhogarismo presenta desafíos legales y éticos, incluso cuando hay evidencia de negligencia.

Para los activistas, el silencio no es una opción. Exigen una presencia constante de servicios de protección animal en la zona y programas de intervención que no solo aborden la adicción humana, sino que protejan a los seres que no tienen voz en esta crisis.

Mientras el fentanilo sigue cobrándose miles de vidas humanas al año en Estados Unidos, en las calles de Skid Row, la tragedia tiene un rostro silencioso: el de los perros que pagan con su vida el miedo de sus dueños a una dosis letal.