Un hombre con un golden retriever

Un hombre con un golden retriever Istock

Mascotario

Un empresario australiano salvó a su perra del cáncer: pidió consejo a la IA y pagó 2.600€ para crear una vacuna

Paul Conyngham cómo comenzó a utilizar ChatGPT para investigar sobre la enfermedad de Rosie y filtró información.

Más información: Los veterinarios coinciden: esta enfermedad suele aparecer en gatos de 7 años y se desarrolla de manera silenciosa

Publicada

Cuando Paul Conyngham, ingeniero y empresario australiano, rescató a Rosie en un centro de adopción en 2019 no podía imaginarse que, años después, le iba a salvar la vida con el soporte de la IA y de la medicina personalizada.

Ahora, su historia ha dado la vuelta al mundo y está en todos los titulares. Sin embargo, detrás del impacto viral, hay un caso mucho más complejo e interesante.

En 2024, Rosie fue diagnosticada con un mastocitoma, un tipo de cáncer de células cebadas especialmente agresivo. A pesar de los esfuerzos de los veterinarios, las opciones terapéuticas convencionales ofrecían pocas esperanzas y el pronóstico era muy malo.

Paul Conyngham, especializado en ciencia de datos e inteligencia artificial, se encontró de repente ante un escenario que muchos dueños de mascotas temen: asumir que no hay nada más que hacer o intentar ir un paso más allá.

Sin formación médica ni veterinaria, pero con un sólido conocimiento técnico, Conyngham decidió usar las herramientas que mejor conocía: la IA y el análisis de datos. Su objetivo era entender mejor la enfermedad de Rosie y explorar si existía alguna vía experimental que pudiese darle una oportunidad adicional.

Un asistente virtual

Así fue cómo comenzó a utilizar ChatGPT como asistente de investigación. Le pidió que le explicara en detalle qué es un mastocitoma, qué tipos de tratamientos experimentales se estaban investigando y qué papel podía jugar la inmunoterapia personalizada en cánceres difíciles.

La IA no ofreció una "receta mágica", pero sí algo valioso: ayudó a organizar la información, a resumir artículos científicos, a señalar líneas de trabajo prometedoras y a identificar centros de referencia en genómica donde podría estudiar el tumor de Rosie con más profundidad.

Uno de los nombres clave que aparecieron en este proceso fue el Ramaciotti Centre for Genomics de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), en Australia. Guiado por esta búsqueda, Conyngham contactó con investigadores del centro y decidió dar un paso que rara vez se ve en medicina veterinaria estándar: secuenciar en profundidad el tumor de su perra.

Una vacuna personalizada

Secuenciar el tumor de Rosie tuvo un coste aproximado de 2.600 euros y generó unos 320 GB de datos genómicos. Ese volumen de información cruda no dice nada por sí solo; hace falta analizarlo, interpretarlo, buscar patrones, mutaciones relevantes y posibles dianas.

Ahí volvió a entrar en juego la combinación de experiencia técnica de Conyngham y herramientas de IA, incluida ChatGPT y modelos como AlphaFold para entender proteínas.

A partir de ese análisis, y siempre en colaboración con especialistas de la UNSW, inmunólogos, expertos en ARN y oncólogos veterinarios, se fue diseñando una estrategia: desarrollar una vacuna de ARNm personalizada contra el tumor de Rosie.

Este enfoque se inspira en las vacunas personalizadas contra el cáncer que se investigan en humanos, donde se intenta "enseñar" al sistema inmunitario a reconocer y atacar células tumorales muy concretas.

Según los propios investigadores, esta sería la primera vez que se crea una vacuna de ARNm personalizada específicamente para un perro con este tipo de cáncer. Es un experimento científico en toda regla, con un coste elevado, acceso a recursos universitarios y un alto nivel de riesgo e incertidumbre.

Volver a correr

Tras recibir la vacuna experimental, los médicos comenzaron a observar cambios en Rosie. Uno de los tumores se redujo aproximadamente a la mitad, e incluso hay estimaciones que hablan de disminuciones de hasta un 75%, según distintos medios.

Más allá de las cifras, los veterinarios destacaron algo que, para su dueño, era igual de importante: la perra volvió a comportarse como antes. Su pelaje mejoró, recuperó energía y empezó de nuevo a correr, jugar y saltar vallas para perseguir conejos, como relata el propio Conyngham.

No se trata, sin embargo, de una "curación certificada": el cáncer es una enfermedad compleja, los resultados son preliminares y el seguimiento a largo plazo todavía es limitado.

Los expertos implicados insisten en que el caso es prometedor, pero experimental. No hay garantías de que la enfermedad no vuelva, ni de que el mismo método funcione en otros animales o personas.

National Geographic España y otros medios han subrayado precisamente esta diferencia. ChatGPT no es un médico, no diagnostica por sí mismo ni formula tratamientos. Actuó como una herramienta más dentro de un ecosistema científico.

Ayudó a filtrar información, conectar puntos y acelerar el trabajo de un ingeniero muy motivado que ya tenía conocimientos técnicos y acceso a especialistas. No es la historia de cómo la IA curó a un perro.

Es el caso de un dueño consiguió llevar la medicina personalizada a un terreno donde normalmente no llega: la oncología veterinaria de una perra concreta.