Un gato en un jardín.

Un gato en un jardín. Istock

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Los 3 primeros felinos que ayudan a educar a los niños en un instituto de Asturias: Lía, Cosmos y Caos

Este proyecto educativo pionero en Asturias usa el cuidado de gatos como herramienta pedagógica y de bienestar animal.

Más información: Eva Aznar Morales, fundadora de la Gatoteca, tajante: "Somos una protectora de animales, no una cafetería con gatos"

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En el concejo asturiano de Grau (Grado), un instituto público se ha convertido en referencia de innovación educativa y bienestar animal gracias a un proyecto singular: integrar una gatera dentro del propio centro.

Bajo la premisa de que el contacto responsable con los animales educa tanto como los libros, el IES César Rodríguez ha puesto en marcha una iniciativa pionera que convierte a varios gatos comunitarios en aliados pedagógicos del profesorado y del alumnado.

Han empezado con tres gatos: se llaman Lía, Cosmos y Caos, y son los primeros felinos de la gatera del instituto. La gatera está instalada en las dependencias del instituto, en una zona específica, acotada y acondicionada para garantizar el confort y la seguridad de los animales y de las personas.

No se trata simplemente de que "haya gatos" en el patio: son animales comunitarios integrados en un programa regulado, con criterios claros de bienestar.

Estos animales cuentan con refugio adecuado frente al frío y la lluvia, acceso constante a agua y alimentación, y un espacio que les permite moverse, descansar y relacionarse con su entorno sin estrés.

El instituto no se convierte en un refugio improvisado, sino en un ejemplo práctico de cómo una comunidad puede convivir con gatos de forma ordenada y responsable cuando hay planificación y supervisión.

Alianza entre ayuntamiento, centro y protectora

El proyecto no nace de la nada ni recae solo en el profesorado. Se sustenta en un acuerdo entre el Ayuntamiento de Grau, el IES César Rodríguez y la asociación animalista local GraoAnimals, que aporta su experiencia en la gestión de colonias felinas y bienestar animal.

Gracias a esta alianza, los gatos que forman parte de la gatera están identificados, esterilizados y controlados veterinariamente. La asociación colabora en su selección, seguimiento sanitario y manejo, mientras que el ayuntamiento respalda la iniciativa como parte de sus políticas de convivencia y protección animal.

Un recurso pedagógico

La clave del proyecto está en su dimensión educativa. La presencia de la gatera se aprovecha como recurso transversal para trabajar contenidos y valores en distintas materias y actividades de centro.

En tutoría o educación en valores, los gatos permiten abordar temas como el abandono, la adopción responsable, la importancia de la esterilización o el respeto a los animales urbanos.

En asignaturas como Biología, pueden servir para tratar conceptos de comportamiento animal, ecosistemas urbanos o salud pública.

Incluso en áreas más humanísticas, la gatera da pie a proyectos de escritura, campañas de sensibilización o actividades artísticas centradas en los propios animales del centro.

El alumnado no se limita a observar: participa, con normas claras, en pequeñas tareas de cuidado. Revisan comida y agua, ayudan en la limpieza básica del entorno, observan el estado de los animales, siempre bajo supervisión del profesorado y siguiendo indicaciones de la asociación.

Esa implicación práctica convierte la teoría sobre empatía y responsabilidad en una experiencia diaria y tangible.

Responsabilidad, empatía y convivencia

Uno de los objetivos declarados del proyecto es educar en responsabilidad. Al compartir el cuidado de seres vivos que dependen en parte de sus acciones, los estudiantes aprenden que los animales no son juguetes ni meros elementos decorativos, sino individuos con necesidades que deben satisfacerse de manera constante.

La convivencia con gatos en el entorno escolar también fomenta la empatía. Observar su carácter, sus miedos, su forma de relacionarse, ayuda a comprender mejor la vulnerabilidad de otros seres y a modular el propio comportamiento: aprender a no gritar, a respetar sus tiempos, a no forzarlos al contacto.

Se generan dinámicas de cooperación entre el propio alumnado, que debe organizarse para repartir tareas y responsabilidades. El instituto muestra que es posible gestionar gatos comunitarios de forma ordenada, sin conflictos ni abandono, y que la educación puede ser una herramienta poderosa para cambiar la mirada hacia estos animales.

Un diseño pensado al detalle

El proyecto incorpora controles veterinarios periódicos y protocolos sobre cómo deben relacionarse los estudiantes con los gatos. El centro trabaja con información clara a familias, alumnado y profesorado, explicando las normas de interacción. No pueden coger a los gatos en brazos sin permiso, ni molestarlos cuando comen o descansan y tienen que avisar si se observa algo extraño.

El instituto de Grau se ha situado así a la vanguardia de una línea educativa que aprovecha la relación con los animales para enseñar algo más que contenidos curriculares. Los gatos ya han empezado a ir a clase, y todo indica que están dejando una huella profunda en la comunidad educativa.