Rubén Duque, veterinario.
Rubén Duque, veterinario: "Este año hay que mantener la vigilancia sobre la procesionaria todo el tiempo"
En las últimas semanas están atendiendo casos en el Hospital antes de lo habitual. El contacto con la procesionaria puede provocar en cuestión de minutos inflamación severa.
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"La oruga procesionaria es la fase larvaria de una mariposa nocturna que deposita sus huevos en los pinos", cuenta el veterinario Rubén Duque en una entrevista con Mascotario. Todos los dueños de mascotas conocen este insecto y su peligrosidad para los animales.
Desciende de los árboles en largas hileras, como si formara una procesión. Tradicionalmente, su presencia en el suelo se asociaba a los meses de marzo y abril. Sin embargo, el calendario ya no es tan predecible.
"En los últimos años estamos observando descensos cada vez más tempranos", afirma Rubén. "El periodo de riesgo se amplía". Según lo que ha podido observar en el Hospital Veterinario Madrid Centro donde trabaja, los primeros casos ya no llegan únicamente en primavera avanzada, sino a finales del invierno.
Esto se debe al cambio de temperatura y la llegada temprana del calor. Inviernos más templados favorecen que las larvas completen su desarrollo antes y desciendan con mayor antelación.
Inflamaciones orales
Rubén y su equipo ya han empezado a ver consultas por inflamaciones orales en la lengua y los labios, y reacciones agudas ante lo que era habitual hace unos años. "Esto obliga a adelantar la prevención y a mantener la vigilancia durante más tiempo".
La procesionaria está ligada principalmente a pinares y a zonas verdes donde predominan los pinos, tanto en grandes parques urbanos como en áreas periurbanas y entornos naturales cercanos a la ciudad. Según el experto, cualquier espacio con presencia de pinos puede convertirse en zona de riesgo durante la temporada de descenso.
Si se observan bolsones blanquecinos con aspectos algodonosos en las copas de los pinos, hay que alarmarse. Esto no significa que hay que evitar los parques. "Lo fundamental es identificar las zonas de mayor riesgo y extremar precauciones".
Una toxina invisible
"El peligro reside en los miles de pelos urticantes microscópicos que recubren el cuerpo de la oruga", explica Rubén. "Contienen una toxina denominada thaumetopoeína, capaz de desencadenar una reacción inflamatoria muy intensa al contacto con mucosas o piel".
Cuando un animal la olfatea o la lame, esos filamentos se clavan en la lengua y liberan la sustancia irritante, provocando inflamación brusca, dolor y, en casos graves, necrosis de los tejidos. "No es una intoxicación por ingestión en sí, sino una reacción físico-química inmediata por contacto".
Los signos suelen ser muy llamativos y aparecen en cuestión de minutos, dice el veterinario: salivación abundante, intento constante de rascarse el hocico con las patas, inflamación visible de labios y lengua, inquietud y quejidos por dolor.
En ocasiones la lengua adquiere un tono más oscuro conforme progresa la lesión. Si hay afectación ocular, puede observarse lagrimeo intenso y blefaroespasmo. Sin embargo, puede llegar a ser mortal cuando la inflamación compromete la vía aérea o cuando la reacción inflamatoria es tan severa que desencadena un cuadro sistémico grave.
"Por eso insistimos tanto en que cualquier sospecha de contacto debe considerarse una urgencia veterinaria". En estos cuadros el tiempo es un factor crítico. Como indica Rubén, la inflamación comienza prácticamente de inmediato y las primeras horas son determinantes.
Una intervención temprana puede lograr que la lesión sea reversible, mientras que un retraso significativo puede favorecer la aparición de necrosis en lengua u otras estructuras. "No hablamos de días, sino de minutos y horas".
Cada temporada atiende casos que recuerdan la rapidez con la que puede evolucionar el cuadro. La reacción puede ser fulminante y, por esto, siempre insiste en no demorar la atención.