Lalah, la gata escaladora.

Lalah, la gata escaladora.

Mascotario

Lalah, la gata rescatada de la calle que ahora vive en un rocódromo y escala hasta lo más alto del muro

Vivía en la calle cuando el director del gimnasio decidió recogerla y ofrecerle un sitio mejor donde quedarse, escalando todos los muros.

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Angelica Rimini
Publicada

En el rocódromo Bouldering Gym, en Okinawa, una criatura ocupa los espacios días y noches, trepa hasta el escalón más alto y entrena hasta los más pequeños. Es Lalah, una singular felina que supervisa lo que hace cada persona dentro de su gimnasio.

La gata nació en la calle, cerca de una zona con tráfico intenso, sin hogar ni protección. Un día, Mitsuru Goan, el director del gimnasio de escalada la vio sola, la compadeció y decidió recogerla para llevarla al rocódromo.

Ese gesto improvisado fue el inicio de una nueva vida para la gata, que de repente pasó del ruido de la calle al ambiente cálido de un espacio lleno de gente. En lugar de esconderse, Lalah reaccionó con una curiosidad desbordante.

Desde sus primeros días en el gimnasio, empezó a explorar cada rincón: escaleras, estanterías, mesas, cualquier lugar alto que le permitiera observar mejor lo que sucedía. Y se convirtió así en entrenadora, profesional de la escalada y de la cuerda.

La gata que escaló hasta la cima

Con el tiempo, Lalah dejó claro que no se conformaba con ser una simple "mascota" del lugar. Primero observaba a los escaladores, siguiendo con la mirada sus movimientos por el muro, como si estudiara la ruta.

Luego empezó a imitar a su manera: subía por escaleras, trepaba a las repisas y dominó incluso actividades como la cuerda, moviéndose con agilidad felina por el rocódromo. El momento decisivo llegó un día en que todos tenían la espalda girada: cuando se dieron cuenta, Lalah había escalado completamente sola hasta lo alto del muro.

Las mandíbulas de los presentes cayeron al suelo y se apresuraron a bajarla con cuidado, conscientes del riesgo, pero también impresionados por su destreza. A partir de esa hazaña, en el gimnasio se entendió algo: Lalah no era solo "el gato del rocódromo", se había ganado el título oficioso de jefa del muro.

Entrenadora, inspectora y mascota oficial

Hoy, Lalah es vista por muchos socios como su "entrenadora" favorita. Acompaña a los principiantes, los guía visualmente mientras suben y parece animarlos con su presencia, colocándose en puntos estratégicos del rocódromo como si estuviera corrigiendo posturas.

Ha dominado varios elementos del gimnasio, como las cuerdas, y se mueve por el espacio con la misma naturalidad que un escalador veterano. Además, ejerce de inspectora de snacks: se asegura de que las chuches estén a la altura, revisa bolsas y mochilas y supervisa todo lo que hacen los visitantes.

Para ocasiones especiales, se convierte en la mascota oficial del rocódromo, posando, recibiendo caricias y cobrando su "tarifa" habitual: muchas golosinas y un buen número de rasquitas.

A veces se cruza en medio de los entrenamientos, interrumpe rutas o se instala justo donde alguien quiere poner el pie, pero nadie se lo toma a mal; es parte del encanto de tener una gata al mando.

Una estrella felina que atrae visitantes

La fama de Lalah ha traspasado las paredes del gimnasio. Personas de distintos lugares se acercan al rocódromo solo para verla, sacarse fotos con ella o simplemente observarla en su entorno natural, que ya no es la calle, sino el muro de escalada.

Saber que Lalah está a salvo de la vida en la calle y verla disfrutar de una rutina llena de juego, atención y cariño hace que todos en el gimnasio sientan que el pequeño caos que genera merece la pena.

Al final, su presencia recuerda una realidad sencilla: todo es más divertido con un gato cerca, y en este caso, con una gata que literalmente ha escalado hasta la cima de su propio mundo.