Richter, el mono cántabro rechazado por la madre, con su peluche.

Richter, el mono cántabro rechazado por la madre, con su peluche. Tiktok

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Richter, el mono cántabro: como Punch fue rechazado por la madre y encontró consuelo en un peluche

El mono saimiri de América del Sur vive en el Zoo de Santillana del Mar y su historia es similar a la del macaco japonés que ha invadido las redes.

Más información: PETA denuncia al zoo japonés del mono Punch: "Exhiben su sufrimiento. Hay que trasladarlo a un santuario"

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Todos conocemos la historia de Punch, el macaco japonés rechazado por la madre en un zoo de Ichikawa (Japón). Sus vídeos se han hecho virales y han atraído muchos turistas a 'admirar' con sus ojos su dolor.

Sin embargo, pocos conocen la historia de Richter. Este pequeño mono saimiri del Zoo de Santillana del Mar (Cantabria), se ha convertido en el "Punch español". Fue rechazado por su madre al nacer, encontró consuelo y seguridad abrazado a un peluche, que hoy sigue siendo su objeto más preciado.

Su caso ha emocionado a miles de personas y, al mismo tiempo, abre preguntas sobre la fragilidad de estos animales y el papel de los zoológicos en su crianza y bienestar.

Un nacimiento complicado

Richter nació en el grupo de monos saimiri del zoo cántabro junto a otras crías, pero su inicio en la vida fue muy distinto al de sus compañeros. Su madre biológica no lo aceptó: no lo sujetaba, no le daba de mamar y, en términos prácticos, no cumplía las funciones básicas que garantizan la supervivencia de una cría tan vulnerable.

En especies como los saimiri, ese vínculo físico es esencial: las crías pasan prácticamente todo el tiempo agarradas al cuerpo de la madre, lo que les proporciona calor, alimento y protección.

Además, el rechazo materno en cautividad puede tener muchas causas: estrés de la madre, condiciones ambientales, falta de experiencia, exceso de público, ruidos, o incluso una combinación de factores propios del entorno artificial.

Ante la pasividad de la madre, la "abuela" del grupo intentó hacerse cargo de él, pero tampoco pudo alimentarlo ni proporcionarle todo lo que necesitaba. Entonces, el equipo humano del zoo decidió intervenir de forma directa.

Comenzaron a alimentarlo con biberón y a cuidarlo de manera intensiva, asumiendo un papel casi parental para garantizar que el pequeño mono sobreviviera.

El peluche

Conscientes de que no basta con alimentar a un animal para que crezca sano, los responsables del zoo buscaron una manera de suplir, al menos parcialmente, el contacto físico continuo que tendría con su madre.

Le ofrecieron un peluche pequeño, comprado en la propia tienda del zoo, con la idea de que pudiera agarrarse a él como lo haría al pelaje materno. El resultado fue inmediato: Richter se aferró al peluche, lo abrazaba, dormía sobre él y lo llevaba consigo a todas partes.

@informativost5 Richter, el mono 'Punch español' del @Zoo de Santillana, Cantabria, también vive aferrado a un peluche después de que su madre no pudiera amamantarlo en sus primeros días de vida #noticias #news #noticiastiktok ♬ sonido original - Informativos Telecinco

Ese objeto pasó a ser su "ancla" emocional, una fuente de seguridad en un mundo que, para él, era completamente inestable: sin madre, rodeado de humanos en cautiverio, sin la referencia clara de su grupo. Igual que ocurre con mantas o muñecos en bebés humanos, el peluche funcionó como un elemento de consuelo y estabilidad.

Este recurso no es solo un gesto tierno, sino una herramienta de bienestar para cualquier ser animal: ayuda a reducir el estrés, mitiga parte del impacto de la separación materna y le da al animal una superficie familiar a la que agarrarse en momentos de miedo o incertidumbre.

Criado en casa

Durante sus primeros meses, Richter fue criado en casa por los dueños del zoo, que se turnaban para alimentarlo, mantenerlo caliente y vigilar su desarrollo. Con el paso del tiempo, llegó el siguiente reto: que ese mono, que había crecido rodeado de humanos, aprendiera a ser un saimiri más.

La dirección del zoo trabajó para ir reduciendo poco a poco la humanización del animal y favorecer su integración con otros de su especie. El objetivo era evitar que quedara "atrapado" en un limbo entre el mundo humano y el mundo de los monos, algo que suele causar problemas de comportamiento y aislamiento.

Hoy, según cuentan sus cuidadores, Richter está integrado en el grupo: trepa a los árboles, corretea con otros monos y participa en la vida social de la instalación.

Sin embargo, su peluche sigue siendo una extensión de sí mismo: se lo lleva con frecuencia, lo abraza y, en muchos vídeos e imágenes, aparece todavía acurrucado junto a él. El objeto que sustituyó a su madre se ha convertido en un símbolo de su historia.