Esta semana, resaca de Santander 39, hemos podido ver las noticias sobre Google y Chrome en el proceso legal que le puede llevar a tener que desprenderse del navegador, y que el “multazo” de la UE, ha sentado mal al gobierno Norteamericano. Hemos sabido que, a lo mejor Apple, que arrastra los pies un poco más que Meta en la carrera de la IA puede que esté siendo no sólo prudente sino más sensata.
El dineral que algunas compañías están invirtiendo en esta tecnología, especialmente en modelos grandes de lenguaje (LLM) parece que crea dudas sobre la capacidad de dar una mínima rentabilidad.
¿Se acuerdan Vds. de las valoraciones de Cisco Systems a finales de los 90? Pues ahora podríamos estar ante la madre de todas las burbujas. El precio de NVIDIA recuerda a varias veces el caso Tesla cuando valía más que VW o Toyota.
¿Cuántos billones de parámetros hay que meterle a un modelo? ¿Cuánto es suficiente para darnos por satisfechos? ¿Es necesario que lo sepa todo? ¿Quizá sea infinito el esfuerzo, el coste y el absolutamente imposible el retorno? ¿Queremos una IA que lo sepa todo? ¿Es posible? Hoy sabemos que no solo es muy caro, sino que la productividad en las empresas que están usando IA no acaba de ser disruptiva.
Los resultados de las empresas que están invirtiendo en IA generativa no acaban de ser mucho mejores que los del resto. De hecho, existe un debate sobre la productividad y las horas trabajadas. Dice Juan Bravo, con toda la razón que primero fue el huevo.
Dice la ministra que no, que primero fue la gallina y que trabajando menos horas se dispara la productividad.
Eso significaría que todos trabajamos por objetivos y no por tiempo. Pero a un conductor de autobuses o a un maquinista, trabajar menos horas no le hará más productivo. El ejemplo del pantalón de una talla menos para adelgazar fue ilustrativo.
Los países más innovadores, que generan más plusvalía y valor añadido pueden permitirse que sus trabajadores trabajen menos horas porque con esas ya les aportan bastante. No es el caso en la facturación por empleado en España que es de las más bajas de nuestro grupo.
Hay, sin embargo, mucho mito con la productividad, especialmente la de Alemania o Francia, que a base de cambiar al primer ministro creen que van a resolver un problemón de deuda pública y privada de primer nivel. Acaban de bajar la calificación crediticia de AA- a A+. Mientras tanto la de España ha mejorado al mejor nivel desde 2012. Aún estamos lejos de 2006.
El enfermo de Europa no es Alemania, que tiene poca deuda pública, empresarial y privada y genera caja para media Europa y EEUU. Francia enfrenta una bomba demográfica, un problema de integración, una crisis del republicanismo y un aumento de la resistencia a los cambios, desigualdades y costes que la globalización y la urbanización producen sobre el resto del país. Hay una Francia vacía envejecida que no pasa por el aro.
Las empresas industriales y el agro son, en los últimos 50 años, las únicas que suman productividad, a nuestras economías, concentran más de la mitad de la inversión en I+D e innovación, son las mejor internacionalizadas, traccionan la academia y pagan mejores salarios.
Pero nosotros seguimos erre que erre, con los servicios y la economía digital, que nos está dejando secos fiscalmente, que des-intermedia hasta al gato, ( pronto los ratones los cazará una App que tendrá una plataforma en la que hay millones de gatos precarios y autónomos que cobran por ratón cazado) nos llena las ciudades de repartidores y locales comerciales que se venden o alquilan con comercios vacíos.
Poner nombre a los productos que se venden disfrazados de servicios, cobrarles y ponerles aranceles es clave para permitir que la industria europea pueda crecer. Los datos, viajan a la velocidad de la luz, como las transacciones económicas que sacan nuestro dinero de nuestras fronteras.
Parece que, lo que funciona mejor económicamente son los SLM ( Small Language Models) que no son tan espectaculares, pero necesitan mucho menos esfuerzo y coste en términos de parámetros, están pensados para no saberlo todo sino para soluciones específicas , enfocadas a un determinado conjunto de tareas.
Se entrenan antes, cuestan menos, necesitan menos hardware, mucha menos energía y se rentabilizan. A ver si por ahí mejoramos la productividad. Hace muchos años un inversor me dijo que le gustaría tener una fábrica con la luz apagada. Todo automático, sin nadie.
En la industria digital, con agentes entrenados ya empieza a haber estas factorías. Estamos aún un poco más lejos de la llamada Dark factory, pero, de nuevo, los chinos avanzan a gran velocidad en esta dirección, automatización masiva, sensórica, cámaras, machine vision, IA de la clásica (Machine learning) , robótica colaborativa, robots móviles, ( AGRs), humanoides y hasta perros robóticos para control, vigilancia, seguridad, control de mantenimiento… Decía el presidente del instituto Pharos que las fábricas del futuro ( Dark Factory) solo tendrán un hombre y un perro. El perro para que el hombre no toque las máquinas y el hombre para dar de comer al perro.
Lo que tecnológicamente es posible debe serlo económicamente y, de nuevo, China nos lleva ventaja, porque tienen la tecnología a un coste muy competitivo gracias a la mayor economía de escala y llevar años a la cabeza en ciencia e investigación aplicada.
Esas ganancias de productividad permiten generar más valor, competir mejor, ganar mayor cuota de mercado, bajar los costes y los precios y trasladar una parte de esa mejora al cliente, otra al empresario y otra al empleado mediante una reducción de horas trabajadas a salario constante.
Esta combinación de SLM, IA clásica, Industria 4.0… no está llegando a las plantas europeas a la velocidad adecuada ni al coste adecuado. Financiar e incentivar fiscalmente las mejoras de productividad mediante inversión en transformación industrial, generará plusvalía para satisfacer a Juan Bravo y la ministra, a las empresas, los empresarios y los trabajadores, a base de que puedan competir mejor y ganar cuota, escalar. Crecer. Tenemos cientos de empresas que son lideres mundiales de nicho a base de haberse quedado en la cuneta del mainstream.
Empezaron haciendo un producto generalista, eran buenos pero cada vez más caros, perdieron la parte “commodity” ( la parte más común, de mayor volumen y homogéneo) y, como eran muy muy buenos, pero se llevaban cada vez más huesos que carne, se especializaron en huesos, en las rarezas, en las cosas extraordinariamente complejas, fiables, expertas y a medida que solo unos cuantos conocen.
Pocos empezaron planteándose ser un INML ( International Niche Market Leaders) sino que el que hacía zapatos quería hacer muchos, o el que hacía tubos, o bombas, pero pocos pudieron hacer muchos de nada, porque China luego Vietnam le desbancaron con los zapatos, o EE. UU, y Alemania primero les desbancaron con las bombas.
Marruecos lleva 20 años invirtiendo masivamente en infraestructuras, el tren de AV Tánger Rabat fue un descubrimiento. Pero las autopistas, las carreteras, las zonas industriales, las zonas francas, el impresionante puerto Tánger Med al que va a seguir otra giga-puerto en Nador.
La inversión en energía, en producción y distribución, ha ido atrayendo la mayor inversión directa de esta parte del mundo. En el ranking mundial solo tiene por delante a Egipto, Indonesia, Vietnam y Malasia.
El crecimiento de las exportaciones desde el año 2000 tiene tres campeones, el primero es Vietnam que hasta 2024 las multiplicó por 20, el segundo es Marruecos que las ha multiplicado por 5 y Méjico que las ha multiplicado casi por 4.
Mientras miramos a una Europa desnortada, que no protege su industria ni incentiva la inversión en su transformación, Marruecos ya ha captado 40.000 millones en inversión extranjera desde 2020. Las industrias automovilísticas han invertido 8.000 millones desde 2012. El año pasado fueron el mayor exportador de coches a Europa, superando a Japón, EEUU y China. Ryad Mezzour, el ministro de industria, tiene claro que el camino es replicar el éxito del automóvil, en industrias como la aeronáutica, la defensa, o las farmacéuticas.
Hace cuatro días que pensábamos que China no era una amenaza para las manufacturas de alto valor añadido o la alta tecnología. Mientras comprábamos baraturas y les dábamos acuerdos comerciales preferenciales crearon emporios como Huawei, BYD, Xiaomi, Alibaba… Mientras mirábamos a las 5 de arriba del ranking de Shanghái, llenaban la lista con sus universidades.
Mientras alucinábamos con Chat GPT llevaban la IA a sus empresas, su ejército y su modelo productivo con soluciones suficientemente buenas. Con Marruecos invirtiendo entre el 25 y el 38% del PIB en infraestructuras e industria desde 2017, nos va a pasar lo mismo, que pensando que sólo nos venden tomates y frutas baratas, nos habrán superado, ya lo han hecho como aliado estratégico de EEUU e Israel cara al control del Estrecho y África. Porque, en efecto, primero es el huevo.