Mirar el dedo mientras se señala a la luna. Esta semana todos hablan de aranceles.
“Nunca distraigas a tu enemigo cuando se está equivocando” (Napoleón). La frase podría haberse atribuido a Sun Tzu, el famoso autor de El Arte de la Guerra. Esta semana nos recordaba el semanario The Economist, que no es muy simpatizante de Trump y sus políticas , y apoyó explícitamente a Kamala Harris en las pasadas elecciones, que, quizá porque el aforismo es de origen francés y no chino, Xi Jinping, en lugar de seguir observando cómo su adversario geoeconómico se sigue tiroteando los pies, ha decidido reaccionar al día después del anuncio de un 34% de aranceles sobre todas las importaciones a EE. UU desde China. Una barbaridad si se atiende al fuerte déficit comercial entre los dos países.
El pasado jueves lo llamaron “Liberation Day”, el viernes, el semanario lo ha bautizado como “Escalation Day”. No han tenido pelos en la lengua en llamar arbitrarios a lo que en el Jardín de los Rosales de la Casa Blanca fue presentado en unas tablas como un cálculo de lo que directa e indirectamente las demás naciones cobraban a los EE. UU.
Muchos han intentado descifrar la lógica. No existe. Han calculado el déficit comercial entre países y lo han dividido por dos. Un cálculo burdo indigno de los técnicos del Departamento de Comercio. Si eres mejor socio comercial y te compro más porque tus productos y servicios son percibidos como mejores o más competitivos por mis ciudadanos y empresas te gravo más. Esa parece ser la regla. No importa que esas importaciones sean insumos de una industria que gracias a ello es competitiva a pesar de los disparatados costes salariales en EE. UU.
Hay países que, como son socios en temas bélicos o estratégicos, han salido mejor parados. No he visto a Rusia en la tabla, por ejemplo. No he visto tampoco que aquellos países con un déficit comercial negativo con EE.UU como España, qué gracias a la guerra de Ucrania, se ha convertido en uno de los mayores clientes de la energía americana, casi toda Sudamérica, Holanda, Reino Unido, Australia, o Marruecos vayamos a tener reciprocidad, es decir que nos bajan los aranceles. Es una reciprocidad extraña.
Me he entretenido un poquito en mirar qué le pasa a Irlanda, que son cuatro gatos, 6.8 millones de habitantes, menos que en Andalucía. ¿Pero qué compran estos irlandeses? Tienen un déficit comercial de más de 80.500 millones de dólares con los EE. UU. A estos deberían de bajarle los aranceles porque son el caballo de troya de las tecnológicas en Europa. El tinglado de las grandes compañías tecnológicas americanas establecidas allí para revender en el resto de la UE y no pagar los mismos impuestos que cualquier pyme de la Europa continental es tremendo. Prueben ustedes a comprar algo por Amazon y pidan la factura. Verán de dónde les viene y si tiene IVA.
Nos van cerrando la tienda del barrio que no puede competir mientras los gigantes de la desintermediación y el comercio electrónico pagan cuatros perras. En 2023 Amazon.Com Inc. reportó ventas de 574.785 millones de dólares y ganó 30.425 millones, de los que pagó 7.120 millones en impuestos (un 23%). En la página 63 de sus cuentas anuales el importe de sus contingencias fiscales, 4.002 millones en 2023 asusta.
Microsoft en 2023 reportó ventas de 212.000 millones de dólares, con 16.950 millones, un 19% sobre beneficios. La nota 12 de sus cuentas anuales recoge directamente que su tipo federal del 21% baja un 1,8% por los impuestos internacionales más bajos. En 2021 y 22 pagaron en torno al 13% de impuestos.
Meta, aun paga menos en términos relativos. Los amigos de Apple concentraron en Irlanda el 62% de su beneficio mundial. Según un artículo de El Economista de 2024: “Hasta el año 2015, fueron muchas las empresas tecnológicas, especialmente norteamericanas, que utilizaron el llamado doble irlandés para reducir su factura tributaria. Esta figura jurídica consistía en tener una sociedad en Irlanda y otra en un paraíso fiscal, que es la que tenía los derechos internacionales de la propiedad intelectual. La firma irlandesa, que agrupaba las ventas internacionales, pagaba a la del territorio offshore por esos derechos, con lo que el dinero los beneficios se acababan desviando.
Es algo que han hecho en el pasado tanto Apple como Google. En el caso de la propietaria del iPhone utilizaba una sociedad domiciliada en las Islas Vírgenes Británicas (Baldwin Holdings Unlimited) y en el del buscador en Internet de dos empresas en Bermudas: Google Bermuda Unlimited”. El tribunal de justicia de la UE condenó a Apple a devolver 13.000 millones a Irlanda en 2024.
Si te miras el déficit comercial de Irlanda con EE. UU. entiendes parte de esta historia. La isla importa servicios por 125.000 millones y exporta 129.800 millones. Lo de la UE, o nos lo miramos bien o todos querrán salir corriendo. No se sorprendan del antieuropeísmo creciente de muchos países. Los colonos de las 13 colonias inglesas decían “no taxation without representation”. Una UE de todos debe cobrar igual a todos, ciudadanos y empresas en toda la Unión.
El gobierno chino ha decretado un 34% de arancel en todas las importaciones de EE. UU. exactamente igual que el suyo y de aplicación a partir del 10 de abril. El problemilla es que los chinos compran (2024) 131.000 millones mientras venden 401.000 millones a los EE. UU. con lo que el impacto para los segundos es del triple. Por eso las bolsas cayeron en el país de Trump otro 5% el viernes.
Los chinos habían actuado hasta ahora quirúrgicamente, con controles de exportación a algunos materiales estratégicos como el Indio, Galio, Germanio, Tungsteno o el Molibdeno que la industria americana necesita y no tiene alternativas relevantes. Ayer mismo para hacerme una resonancia, los médicos me inyectaron gadolinio, un material cuya producción mundial controla la potencia asiática.
Hay empresas norteamericanas establecidas en China que generan 490.000 millones en ventas (2022). Los chinos tienen recorrido para hacer como los europeos deberían hacer, que las empresas paguen impuestos. Los impuestos sobre beneficios son una herramienta más útil que los aranceles, que los paga el usuario y redundan en inflación. La armonización fiscal permite que los estados soberanos en los que operan estas compañías puedan mejorar su recaudación, reducir su deuda pública, invertir o redistribuir para mejorar la vida de sus ciudadanos. Lo primero antes de una guerra de aranceles es no perder los nervios, no mirar al espectáculo ni al dedo sino a la luna.
La realidad es que China va bien, crece, sus bolsas han ido fenomenal, hasta hace una semana el PMI, el índice de confianza de los compradores era superior a 50, indicando expansión, y crecimiento. El Hang Seng Internet & Information Technology Index ha subido un 37% desde enero, impulsado por los avances en IA. La política industrial china está funcionando y el plan “Made in China 2025” del Gobierno, que se arrancó en 2015 para profundizar en las capacidades de la industria manufacturera, está consiguiendo pasar de fabricar productos baratos y de baja tecnología a productos sofisticados de alto valor añadido.
Desde 2009 empecé a seguir la economía de Vietnam. Fui de luna de miel y me quedé con su enorme potencialidad para ser el proxi de China y Corea del Sur en el sudeste asiático. Fuimos la primera empresa española que se estableció industrialmente allí. Vietnam se convirtió en un lugar donde fabricar y exportar sin aranceles a EE. UU. y a todos los firmantes del acuerdo transpacífico desde Japón a Corea del Sur.
El déficit comercial de Vietnam con EE UU es de los mayores del mundo y los aranceles propuestos a este país los más altos, de repente, sin tener en cuenta que el mar del sur de China y en trono a las Islas Paracelso hay un conflicto que requiere aliados, sin tener en cuenta que en la guerra, el agente naranja y el napalm de los americanos destrozaron el país y una generación entera y sin tener en cuenta el estado de nación privilegiada para que por la vía del comercio se mejoren las condiciones de vida. La clave son los dólares que están llegando a Vietnam y a sus inversores de la zona de manera masiva. Ya les di cuenta de esto en Sudesteando.
Lo más sorprendente es que lo que está pasando ya se escribió en un reporte de 2019, hace 6 años de la fundación Rand. Léanlo con calma y vean cómo nuestros líderes europeos lo han seguido a rajatabla perjudicando a nuestras economías en beneficio de EE. UU.
La luna que señala el dedo es que la economía mundial sigue creciendo y que occidente, y en particular EE. UU. solo representa el 20% de la misma. El peso del dólar sigue decayendo. Si dejas de emitir la moneda de referencia mundial implosionas.
Que la renovación de la enorme deuda americana requiere de atracción de flujos de capital en forma de inversión directa, en forma de compra de la deuda que emiten, en forma de reducción del déficit comercial con barreras al comercio y con un dólar más barato que permita que la industria americana pueda ser competitiva en sus exportaciones, especialmente las más inelásticas, la energía.
La inflación interna que les producirá los intereses puede ayudarles a ir diluyendo la deuda, pero cada vez más, las negociaciones serán en términos de si quieres venderme productos y servicios tendrás que comprarme deuda con los dólares que te pago o producir en USA. Salvar al soldado dólar. Europa mira al dedo y hace de palmero. Menos aranceles y más armonización fiscal.