Las vidas en el asentamiento de caravanas de Sacaba tras el ultimátum del Ayuntamiento: "Queremos ser escuchados"
Los caravanistas amanecieron este martes muy temprano ante la orden municipal de retirar los vehículos por motivos de salubridad. Aunque creían que habría desalojo a las siete, de momento este no se ha producido.
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El sol todavía no había hecho acto de presencia cuando algunas siluetas de pie comenzaban a adivinarse entre las caravanas aparcadas en el amanecer de Sacaba Beach. El grupo, formado por varios varones, compartía cafés con un mismo tema de conversación: ya era 7 de julio y llegaba el día del "desalojo".
Justo delante de ellos, una pancarta: "Queremos una solución".
El pasado viernes, el Ayuntamiento de Málaga anunció que iba a impedir el acceso rodado a la parcela privada de Camino de la Térmica "por los problemas de salubridad y convivencia derivados de la concentración de caravanas y autocaravanas".
Los propietarios de estos vehículos debían retirarlos antes del 7 de julio como paso previo a la instalación de elementos que impedirían el acceso.
La llegada de las autoridades estaba prevista para las 07.00 horas y muchos de los caravanistas ya estaban aseados y vestidos para esa hora, dispuestos a quedarse y mostrar que "Sacaba resiste". Uno de ellos, al ser preguntado sobre qué creía que iba a pasar en las horas siguientes, aseguraba: "Yo miedo no le tengo a nada a estas alturas". Un sentimiento compartido con el resto de caravanistas.
Junto a este hombre se encontraba otro grupo de varones de diferentes edades. Uno de ellos, canoso, resoplaba y consideraba que el diálogo era la opción adecuada para solventar esta problemática. Ha pasado toda su vida como montador de muebles en una conocida empresa y le ha quedado una pensión no contributiva que no supera los 600 euros al mes.
Capuchinero de corazón, tras el Covid tuvo que buscarse la vida ante la imposibilidad de pagarse una vivienda, como muchos otros de sus vecinos. "Me compré una caravana antigua, de segunda mano y muy vieja, pero con eso voy apañándome", relataba.
Desde que recibieron el aviso del Consistorio, algunas furgonetas y autocaravanas se habían trasladado a Guadalmar, un destino que para algunos no resultaba adecuado. Una mujer, en la puerta de una de las caravanas que persistían en la zona, confesaba que Guadalmar no le parecía un lugar apropiado: "Aquella zona es protegida. No creo que debamos estar allí".
Este martes amanecieron sobre el terreno unas 70 caravanas y unos 140 vecinos. Juanfran, uno de los vecinos más jóvenes que hacía de portavoz del grupo, reconocía que la vía estaba en el diálogo.
Un extremo que respalda Rafa, otro de los vecinos, quien, emocionado entre lágrimas, decía: "Solo queremos que nos escuchen, creo que me conformo con eso. No dejamos de ser los que después les votamos en las urnas, los que quedamos somos los que cuidamos esto. Si no nos quieren aquí, pedimos al menos que nos reabran la explanada del Carpena con un sistema de agua".
Ambos repetían una y otra vez que gran parte del asentamiento estaba conformado por personas normales y corrientes. Gran parte de ellos reconocían a EL ESPAÑOL de Málaga que trabajaban y tenían horarios como otro cualquiera, y que el problema de la vivienda estaba golpeándoles de lleno. Una chica ha confesado, además, que ni la furgoneta donde vive es suya. "Me la alquilan por 400 euros, es triste; pero es así".
Otros reconocían haber jugado al gato y el ratón con los agentes, que les han echado de la zona varias veces para limpiar y a los que siempre acaban volviendo. Una de las vecinas ve diferente la situación actual.
"Creo que nunca ha habido tanto ruido como ahora", confesaba. A ella su casero le subió el alquiler hace un par de años y, por más que trabajaba, la alternativa de vivir en un piso se le iba de presupuesto.
Algunos tienen miedo a aparecer en fotos por temor a que les echaran del trabajo por su situación de vulnerabilidad. "Aquí hemos tenido médicos y policías, pero el prejuicio siempre crece por encima de todo", manifestaba un vecino al respecto de la visión general que la sociedad tiene sobre los que viven sobre ruedas.
Una asamblea.
Otro vecino reconocía que, como en todos lados, había gente para todo, y que no era la primera vez que la mayoría de problemas venían de externos, gente que iba a hacer fiestas a la zona, con botellón y dejando toda su basura allí.
Este, que perdió su casa tras un problema sentimental y ha encontrado en la vida camper una nueva forma de vivir, reconocía que antes de un desalojo deberían pasar por la zona los servicios sociales, ya que un vecino con evidentes problemas de salud mental es quien más problemas de convivencia les provoca a diario. "No es solución echarlo a otra parte. Alguien debe hacerse cargo de él".
Sobre el incendio acontecido días atrás en el terreno, cuando ardió un remolque y acabó afectando a unas palmeras, la mayoría ha explicado que no sabe a quién pertenecía. Si bien, tienen la sensación de que este episodio ha podido acelerar el ánimo del Ayuntamiento de vaciar la zona.
Varios vecinos relataban que la mayoría de la comuna es española o de origen latino, y que los no hispanohablantes son los que más entran y salen, ya que en verano, con el calor, se marchan a buscar frío. Según ellos, hay mucho más autóctono en la zona de lo que uno se imagina, siendo ellos los mayores damnificados. "Aquí hay gente sin nada", dice uno de ellos.
Los vecinos han colgado pancartas.
Las horas fueron pasando este martes y hacia las 10.00 horas apenas habían pasado por el asentamiento dos patrullas, una de la Policía Local y otra de la Policía Nacional, además de un dron, sin que en ningún momento se acercaran a los vecinos.
Según relatan los caravanistas, durante la noche se había organizado un control policial en la entrada para evitar que nadie ajeno accediera al descampado. "Pero no nos han molestado", aseveraba uno de ellos.
Para algunos es la primera vez que se ven en una situación así y debatían con los demás sobre si era bueno o no mantener unas vallas entre las caravanas y la zona de acceso para marcar distancias a modo de barricada.
Lo llamativo de todo es que los vecinos se están organizando en todo momento debatiendo cada una de las decisiones en asambleas donde todos tienen voz.
Unos caravanistas.
Los vecinos contaron con el apoyo de la plataforma Un Techo por Derecho y la Coordinadora Socialista Juvenil, y algunos de ellos pasaron la noche allí. Sobre las 09.00 horas también llegaron Nico Sguiglia y Toni Morillas, quienes aconsejaron a los vecinos sobre los pasos a seguir.
Tras comprobar que hasta el momento no había novedades del Consistorio, no descartaban acercarse al Ayuntamiento para solicitar una mesa de diálogo y mantener esa postura pacifista.
Además, van a estar muy presentes en redes, han dicho, para dejar clara su postura. La situación seguirá abierta en los próximos días. Justo al lado está la urbanización de Sacaba, cuyo presidente lleva meses explicando que la postura de la asociación es clara: "buscar una solución cuanto antes porque se les ha ido de las manos al Ayuntamiento", aunque son conocedores de que el terreno es de propiedad privada, concretamente de Repsol.