Málaga

El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, no es la única autoridad local con la que se han reunido en las últimas semanas los promotores del Museo Hermitage de Barcelona. El otro actor protagonista en la operación que podría traer a la capital de la Costa del Sol una sucursal de la institución cultural, ante los problemas con los que se están topando en la Ciudad Condal, es el presidente del Puerto, Carlos Rubio.

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Como ya ocurriera hace ahora casi siete años con el Centro Pompidou, el papel de la Autoridad Portuaria vuelve a ser clave en el escenario cultural de la ciudad. Porque es una parcela portuaria, en concreto en la plataforma de San Andrés, la que ven con mejores ojos los promotores del Hermitage.

Así lo reconoció ayer el alcalde, que puso sobre la mesa otra localización: la pastilla de suelo situada a la entrada de la ciudad por la zona oeste y que se sitúa enfrente de la comisaría provincial de la Policía Nacional. Sin embargo, el deseo de los promotores culturales es que, de cuajar las conversaciones, el equipamiento esté cerca del mar.

Rubio ha confirmado a EL ESPAÑOL de Málaga la existencia de ese cara a cara hace apenas una semana. "Fue una toma de contacto", ha explicado. En la misma no se ofrecieron detalles concretos sobre las posibilidades ciertas de que Málaga se convierta en alternativa cierta a Barcelona para el desarrollo de un proyecto que, en origen, puede requerir una inversión de 52 millones de euros.

"Nos parece que es un gran proyecto para Málaga", ha valorado el dirigente portuario, quien no esconde que su desarrollo obligaría a la institución a realizar modificaciones en su actual planificación.

¿Por qué? Básicamente porque casi todo el suelo de San Andrés, incluyendo la parcela reservada desde hace décadas para el Auditorio de la Música, acoge en la actualidad carpas de almacenaje de graneles y otras mercancías.

Sin embargo, de sus palabras se entiende que es una variación que podría ejecutarse. "Pensábamos que las carpas iban a estar en esa zona al menos hasta que estuviese construido el muelle 8", ha informado. Algo que no se espera antes de dos años. Los tiempos con los que viene funcionando el Puerto en este sentido eran hasta ahora más flexibles, dada la demora que acumula el Auditorio.

"Ese es nuestro mayor problema; tendríamos que buscar solución a corto plazo mientras se construye el muelle 8", ha insistido. Sea como fuere, la realidad es que cualquier alteración en la planificación depende de que la opción del Hermitage se haga realidad.

A estos elementos hay que sumar otros interrogantes a tomar en consideración. Si bien el terreno que parece haber satisfecho los deseos de los promotores de la propuesta permite el desarrollo del pretendido uso cultural, queda por precisar la dimensión del equipamiento. 

La propuesta pensada y diseñada para Barcelona, que cuenta con la firma del arquitecto Toyo Ito, eleva la edificabilidad a unos 16.000 metros cuadrados, mientras que el sector en concreto del puerto malagueño tiene asignada unos 8.000 metros. Esta circunstancia obliga a analizar si sería o no necesario modificar el índice de edificabilidad en esta zona o se pensaría en una adaptación de la propuesta arquitectónica.

El interés por el suelo portuario es una de las bazas que tiene Málaga frente a otras urbes nacionales que, al parecer, también están interesadas en acoger el museo en caso de que definitivamente se descarte Barcelona. 

Pero a este elemento, según fuentes consultadas, hay que sumar el interés de los promotores por apostar por un espacio que les garantice una gran afluencia turística.

Los números que se manejaban para la Ciudad Condal eran de unos 850.000 visitantes al año. Una cifra muy alejada de las visitas que viene recibiendo, por ejemplo, el Pompidou desde su apertura. A modo de ejemplo, en 2019, antes de la pandemia, fueron 176.434 los visitantes.