Málaga

Los cinco de la Plaza Mitjana. Suena a título de película, pero no lo es. Y eso que sus vivencias en las últimas décadas como vecinos del Centro Histórico de Málaga son suficientes como para montar una serie dramática. Sus testimonios constatan el calvario de quienes padecieron en primera persona una doble pena.

Noticias relacionadas

La primera, la del ruido ensordecedor de los bares de copas y de las cientos de personas reunidas para hacer botellón a pie de sus casas. La segunda y casi más profunda, la provocada por la "inactividad" y el silencio del Ayuntamiento.

La histórica sentencia emitida por el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 6 de Málaga confirma y ratifica el sentido de las quejas que durante años formularon estos vecinos. Es la primera vez que se produce un fallo de esta naturaleza, atacando de manera rotunda la falta de actuación municipal, competente a la hora de hacer cumplir las normas.

Pero más allá de lo plasmado por el juzgador, que llega a emplear términos como "sonrojo", importa lo que trasciende en las historias de los cinco de Mitjana. EL ESPAÑOL de Málaga ha logrado hablar con cuatro de ellos y todos coinciden en una idea fuerza: "No nos quedó más remedio que ir a los tribunales".

La desesperación acumulada ante el mutismo de la Administración local fue tal que la única vía razonable para tratar de poner freno a lo que estaba sucediendo era la judicial.  

Leonor Ruiz, una de las vecinas que ha denunciado al Ayuntamiento de Málaga.

"Yo fui una de las personas que se fue al Centro entusiasmada por su recuperación como zona residencial; todos sabíamos que había sido abandonado por los residentes durante muchos años y hubo un movimiento de recuperación", recuerda Leonor Ruiz, que sigue habitando el mismo piso al que llegó en 2007. "Claro que he pensado en cambiar de casa, muchas veces, pero no es lo mismo que cambiarse de pantalón", dice.

Ahora, con lo sufrido, admite que si hubiese sabido lo que sucedió hubiese actuado de otro modo. "Los que vivimos en el Centro no somos talibanes del ruido, porque para eso nos vamos a un residencial a 15 kilómetros; nos gusta salir, compartir, nos gusta la calle, pero queremos que se articulen los derechos de todos para que sea una zona de convivencia", insiste.

El argumento es repetido por varios de los afectados. "No somos enemigos de los bares", dicen. Por más que durante los años en los que mayor fue la pugna, algunos empresarios hosteleros de la Plaza Mitjana y su entorno así lo hiciesen ver.

El drama de Leonor fue doble. El suyo, con "problemas de insomnio, de ansiedad; como casi todos los vecinos", y el de su madre, mujer mayor, dependiente, y que convivió con ella durante años. "La situación era tremenda, sin poder abrir las ventanas", rememora.

"Nos encontrábamos con cientos y cientos de personas bebiendo en la calle, como si fuese un concierto. Nos encontrábamos enclaustrados en nuestras casas"

Leonor Ruiz, vecina de la Plaza Mitjana

"Cada fin de semana la situación era incontrolada e incontrolable; de jueves a domingo. Nos encontrábamos con cientos y cientos de personas bebiendo en la calle, con una total aglomeración, como si fuese un concierto, con un ruido ensordecedor. Nos encontrábamos enclaustrados en nuestras casas", resume.

Ahora abre una puerta a la esperanza, confiando en que la sentencia sirva para que el Ayuntamiento reaccione y tome cartas en el asunto. Un anhelo que, de inicio, se topa con la decisión municipal de recurrir la sentencia y con las palabras del alcalde, Francisco de la Torre, que da por buena toda la labor realizada hasta la fecha.

"El juez le ha echado un rapapolvo al Ayuntamiento", destaca Juan Ángel Pérez, otro de los residentes que impulsó la demanda. Habita en la zona desde 2001, cuando el problema del ruido era inexistente. "Todo empieza a partir de 2007, cuando la crisis empezó a resolverse a fuerza de poner bares", comenta.

Un vecino mide el ruido generado en la Plaza Mitjana y las calles de alrededor.

Desde ese momento, su particular calvario. "Teníamos que taponar la chimenea de la cocina porque se colaba el ruido por la noche; no era normal, y a eso súmale el del saxofón, el del acordeón, el de la borrachera, las despedidas de solteros; era un parque de atracciones", apostilla.

"Tuvimos que ir a los tribunales porque el Ayuntamiento no nos hacía caso; hubo momentos en que tuvimos la sensación de que se reía de nosotros", expresa. Llega a recordar las numerosas cartas que le envió personalmente al alcalde. “Nunca tuve contestación”.  

"Tuvimos que ir a los tribunales porque el Ayuntamiento no nos hacía caso; hubo momentos en que tuvimos la sensación de que se reía de nosotros"

Juan Ángel Pérez, vecino de la Plaza Mitjana

Y habla de una reunión a la que asistió entre otras la concejala del Centro, Gemma del Corral, y "gente de la Policía Local". "Fueron dos horas tratando de justificar por todos los medios que no pasaba nada, pero cuando se vieron acorralados soltaron dos prendas. Una, era que a fin de cuentas el problema ya estaba allí, que no se lo iban a llevar a otro lado; la segunda, que a fin de cuentas sólo había cinco votantes".

Cuando se le pregunta por el futuro, tiene claro que quiere seguir luchando y espera que algo cambie, aunque se muestra seguro de que el Ayuntamiento "hasta ahora ha demostrado inclinarse más a la hostelería, pero a la hostelería desenfrenada". 

Óscar Agudo es otro de los vecinos que inició la pugna contra el Ayuntamiento. "El alcalde, los concejales de las áreas implicadas, los miembros de la Junta de Distrito; todos eran bien conocedores de lo pasaba en la Plaza Mitjana, pero como dice la sentencia, la pelota iba pasando unos a otros", recuerda.

Desde su punto de vista, el Consistorio primó la visión de los hosteleros, que consideraban consolidada su situación, por encima de la opinión de unos pocos vecinos. "Se ha preferido que fueran cinco los residentes afectados antes que tomar medidas para evitarlo; se podría haber considerado antipopular poner fin al botellón encubierto que había en la plaza", sostiene.

"Todos han sido cómplices, nunca han querido tomar medidas; se han reído de nosotros", lamenta, al tiempo que destaca que en el largo camino recorrido ha habido "falsas promesas" e, incluso, "falsas denuncias de terceros para presionarnos". 

"Nos engañaron con dos o tres días de presencia policial, engañaron al Defensor del Pueblo con la tramitación de las ZAS, pero esta vez no han podido engañar al juez"

Óscar Agudo, vecino de la Plaza Mitjana

Agudo enfatiza la idea del engaño. "Nos engañaron con dos o tres días de presencia policial, engañaron al Defensor del Pueblo con la tramitación de las ZAS (Zonas Acústicamente Saturadas) y engañaron a los medios, pero esta vez no han podido engañar al juez", destaca.

En su testimonio, este vecino asegura que a él le daría "vergüenza" y "sonrojo" que un tercero, en este caso el juez, dijese lo que plasma la sentencia. En este punto, cuestiona la decisión municipal de recurrir el fallo. "Sería más sensato pedir una disculpa, no sólo a nosotros, sino a tantos y tantos residentes en el Centro o El Romeral afectados como resultado de ponerse de lado ante los Derechos Fundamentales".

"Es una victoria de unos pocos pero que esperemos que a la larga sea una victoria de todos los que sufren este tipo de daños", afirma, invitando a todos los que, como ellos, han sufrido en primera persona los problemas del ruido, acudan a la vía judicial.

Quien tiene claro que va a continuar pugnando es Alfredo Herrera. Junto a su mujer, vivió durante varios años en la plaza, pero hastiado de no poder descansar acabó tirando la toalla y "malvendiendo" el ático que pocos años antes había comprado. "Era una segunda residencia, porque aunque somos muy malaguitas, vivimos en Fuengirola; pero nos gustaba ir los fines de semana, la Semana Santa…", cuenta a EL ESPAÑOL de Málaga.

"El ruido era infernal, en el dormitorio era imposible, con lo que nos teníamos que quedar en el salón para poder dormir; era horroroso; vivir allí era una pesadilla"

Alfredo Herrera, exvecino de la Plaza Mitjana

Una operación que se antojaba de lo más satisfactoria se transformó en "un error" a la vista de los acontecimientos. "El ruido era infernal", enfatiza Alfredo. "Llegamos a cambiar todas las ventanas por doble cristal pero nada; en el dormitorio era imposible, con lo que nos teníamos que quedar en el salón para poder dormir; era horroroso; vivir allí era una pesadilla", apostilla.

Ahora la vivienda es propiedad de un empresario que, por lo que parece, se dedica a comprar en el Centro. No la habita, claro. La alquila. "A la gente joven que alquila le da igual el ruido, pero para nosotros era imposible", admite. 

Alfredo se muestra comprensivo con el Ayuntamiento y confirma la dificultad de acabar "con la Málaga de noche, que tiene gran atractivo para la gente joven". No obstante, reafirma la idea de que evite que la gente consuma en la plaza. "Tiene que poner empeño en ello", insiste.