Málaga

Una de las características de una obra tan gigante como la del Metro de Málaga es que se hace notar. Bien lo saben los miles de vecinos que han sido testigos directos de su avance desde mediados de 2006 hasta la actualidad.

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Su capacidad para resaltar queda patente no sólo en la fase de construcción, con enormes máquinas pantalladoras mordiendo el cemento y horadando el subsuelo, sino también cuando la superficie recupera la normalidad y los grandes edículos marcan el punto de entrada a las estaciones del suburbano.

Esta es la seña de identidad del Metro a ojos de los pasajeros que se aproximan a las paradas soterradas. Su diseño y dimensiones se han convertido en referentes urbanos en todos los puntos donde hasta la fecha hay operativa una estación. Y así será cuando el ferrocarril urbano dé el salto hasta las proximidades de El Corte Inglés, donde queda localizada la estación Guadalmedina.

Esta es la entrada a la estación de Metro Atarazanas de Málaga.

Pero esta fórmula se trastoca de manera definitiva en la parada final de la Alameda Principal. Atarazanas, que es como ha sido bautizada esta estación, tendrá una relación con la superficie de lo más minimalista. 

De hecho, según ha podido conocer EL ESPAÑOL de Málaga, la Junta de Andalucía opta en este punto céntrico por eliminar el edículo, tratando con ello de ser lo más respetuosa posible con el entorno, con varios edificios históricos, y con la condición peatonal que tiene el lateral norte de la calle tras su reurbanización hace varios años.

La supresión de ese elemento supone toda una novedad en el tradicional encuentro de los usuarios con el Metro. Frente a la contundencia de edículos como el de la estación de El Perchel, situado frente a la estación de trenes Málaga María Zambrano, en la Alameda se opta por obviarlo y dejar simplemente la entrada a ras de calle hacia el interior de la parada. Los usuarios dispondrán, eso sí, de una barandilla acristalada, con algunos elementos de acero corten para dotarla de más estabilidad y firmeza. 

Esta es la entrada a la estación de Metro Atarazanas de Málaga.

A partir de ahí, los viajeros se encontrarán con las escaleras pedestres, por un lado, y las escaleras mecánicas por otro. De hecho, de acuerdo con la información manejada por este periódico, ni siquiera se prevé una estructura transparente que proteja a los peatones de la lluvia cuando acceden a la estación.

Otro de detalle que pone de relieve la sensibilidad con la que la Consejería de Fomento, en colaboración directa con el Ayuntamiento, ha actuado en esta parte del trazado, es el modo en que se integrará el ascensor de la estación. El casetón del mismo, diferenciándose del tono plateado del de las otras estaciones, será transparente.

Lo ahora recogido en la operativa final del tramo Guadalmedina-Atarazanas viene siendo objeto de conversaciones y negociaciones entre la Agencia de Obra Pública de la Junta de Andalucía (AOPJA) y el Ayuntamiento desde hace más de un lustro. 

Esta es la entrada a la estación de Metro Atarazanas de Málaga.

Ya en 2015, cuando se empezaba a perfilar la operación de reurbanización de la Alameda, en la que ambas administraciones han ido de la mano, desde la Gerencia de Urbanismo se venía advirtiendo de la necesidad de analizar el potencial impacto de la estructura en la Alameda.

En este sentido, un técnico municipal llegó a apuntar, en un informe incluido en la Agenda 21, que la instalación de un edículo podría generar "un impacto inadmisible en un espacio libre y diáfano, que destroza el nuevo ámbito que se crea (la boca de entrada equivale a dos autobuses en paralelo)". Por ello, llegó a proponerse el desplazamiento de la boca de entrada hacia la actual mediana separadora, sin que sea necesario afectar a los ficus de más porte.

Una tesis que fue rechazada por la Junta debido a las dificultades que generaba. Pero este intercambio de impresiones sentó las bases para analizar la variación de las dimensiones del edículo.

"Es verdad que el edículo puede ser cualquier cosa, incluso que no haya, que sea una simple barandilla la que dé acceso al interior de la estación, pero eso obligaría a situar abajo la puerta de cierre, con lo que ello supone desde el punto de vista de limpieza, seguridad...", llegaron a afirmar fuentes autonómicas años atrás.