Christian, el futbolista.
Christian, el "guerrero" que 'resucitó' tras desplomarse de un infarto sobre el césped: "Le debo todo a un compañero"
Un compañero enfermero y un entrenador rival le salvaron la vida tras sufrir una parada cardíaca en pleno partido. El joven futbolista malagueño, de 19 años, pasó 22 días en la UCI y hoy afronta su recuperación con una segunda oportunidad por delante.
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Era 22 de marzo. El equipo de 2ª Senior del Atlético Juval jugaba en casa contra el Cártama y ganaba 5-0. Quedaban tres minutos para el final cuando Christian González, uno de los jugadores del Juval, de apenas 19 años, cayó desplomado sobre el césped. La euforia que causaba la victoria en el campo del conjunto rojiblanco se frenó de golpe.
El malagueño cayó a unos metros de su madre y su hermana, que estaban viendo el partido desde un banco. Su padre, Juan, delegado del equipo y miembro del cuerpo técnico, estaba en el banquillo.
"Cuando fuimos hasta él fue cuando vimos la gravedad de la situación. Vimos que no se movía, que no reaccionaba. Ahí supimos que era grave. Se me ponen los vellos de punta mirando de nuevo a la zona donde se desplomó", dice el hombre con la emoción aterrizando en sus ojos.
Lo que ocurrió en esos primeros segundos es lo que, según los médicos, le salvó la vida al joven. Un compañero de equipo de Christian, Carlos Aragón, es enfermero, y estaba jugando ese mismo partido.
"Gracias a Carlos, la primera asistencia que tuvo fue fundamental", explica Juan. "En el momento que entró en parada, Carlos fue el que asistió rápido haciéndole la RCP. Fue el que le salvó la vida, prácticamente, porque no dejó en ningún momento de bombear su corazón", relata el padre de Christian, a lo que el propio chaval añade que, sin esperarlo, tiene un nuevo ángel de la guarda.
"No sé cómo agradecer a todo el mundo lo que hicieron por mí, pero a Carlos le debo la vida", sostiene.
La maniobra cardiopulmonar agota a quien la practica, es muy complicada de hacer. Y Carlos, de 26 años, llegó a un punto en el que no podía más.
Fue entonces cuando uno de los entrenadores del Cártama, el equipo rival, se relevó con él para seguir bombeando. "El equipo contrario fue súper ejemplar; daba igual el resultado, todos se volcaron en mi hijo", dice Juan.
Ambos insisten en que todo ocurrió muy rápido, pero a la vez se hizo eterno.
Apenas pasaron unos instantes cuando llegó a Christian el desfibrilador con el que cuenta el campo. "Las maniobras dieron tiempo de maniobra. Pero la máquina fue lo que le activó el corazón, que se le paró. Diez o quince minutos después llegó el 061, que se lo llevó al hospital", sostiene el padre de Christian.
La familia.
Cuando él y su mujer, Cristina, llegaron al hospital, los reunieron para advertirles: la situación era crítica. Christian entró en coma inducido durante 72 horas. Estuvo conectado a respiración artificial. En total, pasó 22 días en la UCI.
"Nosotros llegamos antes que la ambulancia al hospital, porque Christian también hizo un amago de irse de nuevo en la ambulancia. Ha sido, sin duda, el peor momento de nuestras vidas. Esto no se lo deseamos a nadie", explican ambos.
Hasta que no pasaron 72 horas del suceso, no pudieron conocer la gravedad de la situación de su hijo, al que califican de "luchador nato". Sus padres recuerdan cómo dormido, mientras pasaban los días, iba dando síntomas de reacción. "Creemos que nos intuía cuando le hablábamos", explican.
Christian, por su parte, sonríe; no recuerda nada de aquello. "Se me olvidó todo por completo. Al levantarme con la anestesia, mis padres me contaron todo lo que me había pasado y yo no me lo creía. No me lo creía, la verdad. Me dijeron que había sido mucha suerte", declara.
Hace dos años, Christian ya se había desplomado en otro partido. Pero entonces se levantó a los pocos segundos, se hizo pruebas y no le encontraron nada concluyente. "Me hicieron pruebas de resistencia, de fuerza, y todo salía bien", explica el chaval.
Sin embargo, hace dos meses de aquel fatal episodio y ahora conoce al dedillo todo lo que le ocurrió "por dentro". "Yo no he parado hasta saber bien qué me pasó. Quería enterarme. Fue un entrecruzamiento que tengo de una vena con la arteria que va conectada al corazón. Cuando hago mucho rendimiento, mucho esfuerzo, se obstruyen y no dejan pasar oxígeno y sangre al corazón", relata, casi como lo haría un especialista.
El joven con sus amigos.
El corazón necesita en torno a un 80% de flujo. El suyo, con esa malformación, recibía a veces un 70 u 80%; pero en el momento del desplome, le pasaba solo un 30%. "Ahí fue cuando ya me dio el boom", matiza.
La intervención quirúrgica consistió en un injerto tipo bypass, pero con su propia arteria. "Me han cogido una arteria mamaria de otro lado y me la han conectado al corazón, reemplazando a las otras dos haciendo esa función", sostiene.
El entrecruzamiento no se puede separar porque con los años la vena y la arteria se han fortalecido la una contra la otra. Su corazón, dicen los médicos, está sano. El problema estaba en la cañería y no en el propio motor.
Christian llevó un soporte torácico hasta el pasado 14 de mayo. "Como me han abierto el tórax, era para fortalecer la zona, para que al toser o estornudar no la forzara tanto", explica.
El 10 de junio le esperan unas pruebas de esfuerzo en cinta. De ellas dependerá su futuro deportivo. "Ahí me van a evaluar si lo que me han hecho va bien. Si no va bien, me pondrían un DAI o un marcapasos en el corazón. Si todo va bien, gracias a Dios, me dirían: corre un poquito, anda un poco más". De momento, la receta médica que le han enviado es sencilla: andar 15 minutos al día. Guardar reposo y mucha calma; no debe estresarse en demasía.
Una de las primeras salidas de Christian, ya recuperándose, fue volver al campo del Atlético Juval. No sabía lo que le esperaba. "Yo venía a ver un rato a mis compañeros porque era de los últimos partidos. Cuando llegué, vi a toda la gente que me quiere Me emocioné. Me vino a la cabeza el momento que me pasó. Vi a toda mi familia, a todos mis compañeros. Fue muy especial", recuerda el joven.
Christian insiste en que después de lo que le ha pasado, se ha dado cuenta de la cantidad de gente que le quiere. "Yo se lo dije a él cuando estaba muy malito en la UCI: tú no sabes la gente que hay detrás de esa pared. No pensábamos que íbamos a estar tan arropados", dice su madre, muy emocionada, a la par que agradecida. También organizaron otra fiesta y, según asegura su madre, "no faltó ni una persona de las que invitamos".
El joven, el día del homenaje.
Carlos Aragón, el compañero que le practicó la RCP, o como él mismo dice, "me salvó la vida", le visitó muchas veces en el hospital. "Como estaba trabajando venía mucho y me ponía en situación, me calmaba mucho", recuerda Christian, cuyo equipo le entregó una placa en agradecimiento por la labor que hizo en el recibimiento sorpresa que le organizó el Juval. "No sé quién estaba más emocionado de todos", expresa la familia.
A Juan, los días del hospital le hicieron pensar. ¿Qué pasa si vuelve a sufrir algo así él o uno de los niños que juegan en el campo?, se preguntó. Por ello, no dudó en acudir con su mujer a un curso de RCP en el ambulatorio de Puerta Blanca. Según relata, había muchos padres y madres que quería aprender, sobre todo, por el tema del atragantamiento en niños pequeños.
"Cuando actúas con un muñeco no es lo mismo que hacerlo con una persona, y más en el estado en que nosotros lo vivimos. Caótico. Una situación muy crítica, con familias delante. Aunque fuera mi hijo, cuando es un niño, te ves caótico, no sabes cómo actuar", admite.
Desconoce si todos los campos tienen un desfibrilador, pero ahora más que nunca se ha dado cuenta de lo necesario que es. "Me quedo con que nosotros en el Atlético Juval, la verdad, espectacular: porque lo teníamos. Y gracias a que lo teníamos mi hijo salvó la vida. Si no, evidentemente las primeras asistencias se las pudo hacer su compañero, pero el desfibrilador ayuda a que el corazón vuelva a latir. Si esto le pasa en un pueblo, en un campo desplazado, sin desfibrilador y sin nadie con un curso rápido, posiblemente ahora mismo no estaríamos contándolo ni haciendo esta entrevista".
El tatuaje de los padres de Christian.
Aunque el curso pone los pelos de punta, según los padres de Christian, insisten en que hay que hacerlo. "Más vale actuar que quedarte cruzado de brazos. Por muy poco que sepas, son segundos que le ganas al paciente. Aunque sea solo abrir vía respiratoria y las primeras 30 pulsaciones", relata Juan.
Christian estaba estudiando el grado superior de Enseñanza y Animación Sociodeportiva (TECO) en el instituto Fernando de los Ríos. Estaba en su último año, haciendo las prácticas, a punto de graduarse. Quería ser policía. Ese camino, por ahora, se cierra. "Como por mi estado físico no me voy a poder meter, pues creo que voy a optar por entrar en una carrera. Magisterio, si puedo", declara.
Lleva en el fútbol desde los 6 años. Empezó en el Conejito, pasó una temporada por el Tiro Pichón y desde hace seis temporadas está en el Atlético Juval, donde su padre ejerce de entrenador de porteros y delegado. "Donde vaya mi hijo, voy yo. Somos unos apasionados del fútbol y no entendemos el deporte el uno sin el otro", dice Juan. La familia está muy unida y siempre van todos juntos a cada encuentro.
En el hospital, los carteles que llegaban del exterior repetían siempre lo mismo: Fuerza Christian. "Para mí, 'fuerza' es una palabra súper importante. Allí en el hospital estaba muy mal, estaba chungo. Y siempre que veía todos los carteles con "fuerza Christian, que vas a salir", eso me daba ganas para continuar", sostiene.
Los padres están muy contentos por la actitud que ha mantenido el joven futbolista desde que sufrió la parada. "Se lo ha tomado muy bien, pero no nos sorprende. Es muy maduro desde siempre, y ha afrontado todo con esa madurez que tiene pese a ser tan joven", dice su madre, mientras que su padre añade que es "un niño que no bebe, fuerte, deportista". "Los médicos lo decían: con un muchacho así da gusto trabajar en un quirófano", declara.
Ante las bellas palabras de sus padres, Christian solo les da las gracias, a ellos y a todos los que durante estas semanas se han preocupado por él. "Es una palabra que no se nos va de la boca en estos días", dicen sus padres.
Durante la entrevista, en el bar del campo de fútbol donde ocurrieron los hechos, no paran de saludarle y darle abrazos amigos y otros miembros del cuerpo técnico, incluso el presidente del club. "¡No me canséis mucho a la estrella, que es el mejor!", bromeaba el hombre con una sonrisa al padre de Christian.
"A mí la vida me ha dado una segunda oportunidad y no voy a desaprovecharla; ya las tonterías quedan en un segundo plano y me preocupa lo más importante, estar bien y sano", zanja Christian. Sus padres, mientras tanto, muestran el tatuaje que ahora lucen en su brazo, donde se lee 'mi campeón, 25'. "El 25 fue el día que despertó y ese día, sin duda, ha sido el mejor de nuestras vidas", concluyen.