Miguel García Velasco, el atleta nonagenario.

Miguel García Velasco, el atleta nonagenario.

Deporte

Muere Miguel García Velasco, el atleta nonagenario que inspiró a generaciones de corredores en Málaga

Durante décadas fue una figura habitual en la Ciudad Deportiva Javier Imbroda y participó en cientos de carreras populares dentro y fuera de Málaga.

Más información: Miguel, el atleta de 87 años "feliz" por todo lo que la vida le ofrece: "¡Hasta que el cuerpo aguante!"

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Las claves

Miguel García Velasco, icónico corredor malagueño, ha fallecido a los 90 años tras décadas inspirando a generaciones en la Ciudad Deportiva de Carranque.

Participó en cientos de carreras populares y maratones, siendo un símbolo del atletismo local y manteniendo su rutina de entrenamiento hasta una edad avanzada.

Nunca se preocupó por los tiempos, sino por disfrutar y terminar todas las pruebas, convirtiéndose en referente de constancia y superación para jóvenes y veteranos.

Su vida personal estuvo marcada por la tranquilidad, el deporte diario y el cariño a su esposa Margarita, celebrando más de 50 años juntos.

En la pista de la Ciudad Deportiva de Carranque era imposible no fijarse en él. Gorra negra, camiseta roja, zapatillas chillonas y un trote tranquilo, pero constante. Miguel García Velasco llevaba décadas dando vueltas a esa pista y protagonizando diversas carreras populares de Málaga. Este 16 de marzo su entorno ha trasladado a los medios su fallecimiento a los 90 años de edad. Nació en 1936.

Su figura era tan habitual en la Ciudad Deportiva Javier Imbroda que varias generaciones de corredores se acostumbraron a verlo entrenar allí tres o cuatro días por semana. Muchos jóvenes lo saludaban al pasar, todos hablan de él como "un auténtico crack" y "un ejemplo a seguir".

Miguel se había convertido con el paso del tiempo en un pequeño símbolo del atletismo popular malagueño. Durante más de cuatro décadas participó en cientos de carreras, desde pruebas populares hasta maratones, y siguió compitiendo cuando muchos otros ya habían abandonado las zapatillas años atrás.

En una entrevista concedida en 2023 a EL ESPAÑOL de Málaga, explicaba que llevaba casi cinco décadas corriendo y que había completado cerca de una veintena de maratones. Había participado en pruebas en Madrid, Valencia o Portugal, además de numerosas carreras en la provincia. Su mejor marca la logró en Valencia, donde terminó una maratón en dos horas y treinta y ocho minutos.

Aun así, nunca presumía de tiempos ni de clasificaciones. Su objetivo era mucho más sencillo. “Acabar todas las carreras”, decía entonces.

Guardaba un cariño especial a las clásicas carreras populares de El Corte Inglés, que consideraba clave para crear el ambiente runner en la ciudad. También recordaba con nostalgia las primeras veces que corrió en Carranque, cuando la pista todavía no existía y el lugar era apenas una explanada de tierra.

Su relación con el atletismo comenzó casi por casualidad. Mientras entrenaba en el gimnasio de la instalación, alguien le sugirió salir a calentar un rato por aquella explanada. Allí conoció a otros corredores. “Me picó el gusanillo”, contaba. Aquel gusanillo no lo abandonó nunca.

Antes de convertirse en uno de los corredores veteranos más conocidos de la ciudad, Miguel había trabajado durante años como topógrafo en el ámbito de las Obras Públicas. Se jubiló a los 64 años y desde entonces sus rutinas han girado en torno al deporte y a una vida tranquila y en paz.

Miguel corriendo en un entrenamiento.

Miguel corriendo en un entrenamiento. A.R.

Se levantaba cada día a las seis y media de la mañana, desayunaba un café con algo de bizcocho o una tostada y hacía estiramientos y abdominales antes de salir a correr. A veces entrenaba en Carranque y otras prefería el paseo marítimo de La Malagueta cuando quería hacer más kilómetros.

En aquella conversación que ambos tuvimos en 2023, Miguel aseguraba que podía llegar a hacer más de 400 abdominales al día, una cifra que, a su edad, deja boquiabierto a cualquiera. Después del entrenamiento volvía a casa, donde le esperaba una vida sencilla construida con pequeños momentos felices: como un cuchareo a la hora de comer, una cabezada a la hora de la siesta o un buen paseo con su perrita Milú.

En su vida personal siempre hablaba con especial cariño de Margarita, su esposa y compañera desde finales de los años sesenta. Tras más de medio siglo juntos, explicaba en el reportaje, habían celebrado sus bodas de oro. “Somos muy felices”, decía entonces.

Para él la felicidad tenía poco misterio. Consistía en vivir con tranquilidad, cuidar su salud, rodearse de los suyos y seguir moviéndose mientras el cuerpo lo permitiera. Nunca se planteó dejar de correr aunque las velas de su tarta de cumpleaños fuesen aumentando. “Mientras me pueda mover, hasta que el cuerpo aguante, seguiré a la carrera de un lado para otro”, aseguraba.

Durante décadas cumplió esa promesa en la pista de Carranque y en muchas carreras populares de Málaga, donde se ganó el respeto y el cariño de quienes compartieron kilómetros con él. Hoy esa pista pierde a uno de sus corredores más fieles. Pero su figura quedará para siempre en la memoria de quienes lo vieron entrenar como un gran ejemplo de valentía y superación. Toda edad es válida para cumplir sueños y objetivos.