Michael Smith en Kurios.
Michael G. Smith, director artístico de KURIOS: "No busco artistas perfectos, busco personas con alma"
El director del espectáculo que desembarca en Málaga reivindica la imaginación, el respeto y la esperanza como pilares de una producción inspirada en la Revolución Industrial.
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Michael G. Smith aterrizó en Málaga hace apenas unos días. Llegó desde Rusia con un importante jet lag, pero el martes el terral se lo quitó de golpe sin demasiadas contemplaciones. "Demasiado calor para un guiri como yo", bromea entre risas con un perfecto español y acento inglés.
El director artístico de KURIOS, el nuevo espectáculo de Cirque du Soleil, todavía se está acostumbrando a la ciudad, pero tiene muy claro el mensaje que quiere transmitir con el show bajo su gran carpa. No quiere que la gente se quede en la perfección de lo técnico. Quieren que se lleve sentimientos a casa. "Que toquen nuestro alma".
En tiempos que describe como "un poco raros" y "un poco difíciles", con tanta polarización y cuando parece que todos estemos enfadados con todos, Smith cree que hace falta recordar que no todo está escrito. Que todavía, si se quiere, queda espacio para la sorpresa, la imaginación y la esperanza.
Ahí sitúa el corazón de KURIOS, una producción que invita al espectador a entrar en un universo donde las leyes de la lógica parecen negociables y donde lo imposible sucede delante de los ojos.
La historia se desarrolla en una realidad inspirada en la Revolución Industrial. La propia carpa tuvo buena parte de culpa de esta elección que no fue precisamente casual.
Cuando los creadores observaron sus cuatro mástiles sin la lona, les recordaron las estructuras metálicas de las antiguas fábricas. A partir de esa imagen construyeron un mundo poblado por inventores extravagantes, máquinas imposibles y personajes que parecen escapados de un sueño steampunk.
Smith ve además ciertos paralelismos entre aquella época de grandes avances tecnológicos y el momento actual. Entonces fueron las máquinas. Hoy es internet, la inteligencia artificial y una velocidad de cambio que obliga a adaptarse constantemente.
Por eso le gusta pensar que el espectáculo habla también del presente aunque su ambientación pueda parecer añeja. "Está hecho por personas ordinarias haciendo cosas extraordinarias", decían desde la organización, cuando nos permitían un tour por el interior de la carpa, donde se descubre el apartado de vestuario y regiduría, trabajando para tener todo a punto para el estreno; artistas recibiendo masajes para controlar contracturas o los últimos entrenamientos previos al gran día de los trapecistas y acróbatas.
Smith en el exterior con la carpa del Circo del Sol en Málaga.
Con cuarenta años de carrera a sus espaldas, la mitad como artista y la otra mitad como director, Michael asegura que gran parte de lo que sabe lo aprendió encima de un escenario.
Ahora, cuando trabaja con los intérpretes, intenta aplicar una regla sencilla: tratar a los demás como le hubiera gustado que le trataran a él. Esa filosofía resulta especialmente importante en una compañía formada por 50 artistas de 22 nacionalidades distintas. "Yo solo quiero ser el director que quería tener".
Más allá de los saltos mortales y las acrobacias imposibles, una de sus labores es controlar el estado de ánimo y la motivación de su equipo. "Necesito saber que están bien en el coco", resume con una sonrisa. La razón es evidente. Cada noche esos artistas asumen riesgos físicos enormes y para hacerlo necesitan confianza, estabilidad y una conexión profunda con quienes les rodean. La convivencia acaba convirtiendo al grupo en una especie de familia itinerante.
Esa dimensión humana también pesa cuando toca incorporar nuevos talentos. La técnica se da por hecha. Los candidatos que llegan a la fase final suelen ser deportistas de élite, algunos son campeones mundiales o atletas olímpicos.
Pero cuando Smith despliega a su equipo en la búsqueda de talento, no solo busca volteretas perfectas. Pide a cada aspirante que se grabe durante dos minutos explicando por qué quiere formar parte de Cirque du Soleil, tienen que saber defenderse sobre por qué ficharles a ellos y no a otros. No le importan tanto las palabras como lo que transmiten. "Quiero alma", explica.
La compañía llega a Málaga después de pasar por Sevilla y Bilbao en una gira peculiar, ya que este año permanecerán íntegramente en España. Una circunstancia que el director celebra porque le permite conectar mejor con un público al que admira especialmente.
Michael Smith en el interior de la carpa del Circo del Sol en Málaga.
"Sois muy abiertos y reaccionáis de forma muy directa", afirma. Los artistas, cuenta, disfrutan actuando aquí porque sienten esa energía desde el primer minuto. "En Sevilla ha sido una cosa espectacular", reconoce.
Sobre la ciudad de Málaga, todavía conoce poco. Apenas algunos paseos por el centro histórico y las calles estrechas que tanto le recuerdan a otros rincones del Mediterráneo.
Habrá tiempo para descubrir más durante las próximas semanas. De momento, si tuviera que resumir cómo está viviendo esta aventura española, lo hace con una expresión que ha aprendido rápido en el tiempo que lleva conociendo el castellano. "¡Estamos de puta madre! Y Andalucía me encanta".