Málaga

Fernando Hurtado (Málaga, 1966) muestra una vitalidad arrolladora desde el minuto uno de entrevista. El coreógrafo también transmite el mismo sentimiento cuando está encima del escenario. No se entrenó para pisar uno hasta los 23 años, después de llevar jugando al fútbol desde los seis y haberse graduado en Diseño Gráfico. Un día se apuntó a teatro en la escuela La Central y su vida cambió para siempre.

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"La danza me resultó muy fácil, mentalmente cogía los pasos y me movía muy rápido. Me tiraba al suelo y saltaba mucho", recuerda el bailarín en una conversación con EL ESPAÑOL de Málaga en el restaurante La Recova, entre cervezas y embutidos. En esa época, sus compañeros le animaron a hacer un curso en Carranque con profesores internacionales. Allí conoció a su ángel de la guarda, Anne Marie Porras.

Recibió una beca del centro Ipromed de Montpellier para realizar estudios de danza clásica, jazz y contemporáneo, bajo la dirección de Porras. "Soy lo que soy por ella. No sé que vio en mí. Si no hubiera bailado, hoy probablemente sería otro", reconoce. Desde entonces, el artista ha pasado por compañías tan resperadas como Transit, Danat Dansa, Carmen Senra, Alain Gruttadauria, y Lanònima Imperial. 

Una imagen del coreógrafo durante el ensayo de 'El arte de perder cada día'. Daniel Pérez / Teatro Cervantes

Con su compañía lleva más de 20 años en activo, creando novedosos espectáculos donde el teatro ocupa un lugar fundamental. Hurtado estrenará El arte de perder cada día, última producción de Factoría Echegaray, el 5 de octubre a la vez que abre el ciclo Danza Málaga. En la obra, protagonizada por una persona con Alzheimer prematuro, reflexiona sobre la pérdida de la memoria y el significado de la vida.

Las bailarinas Belén Mañas, Elena Castro y Elena Castellanos y la actriz Ana Moreno protagonizan esta coreografía que huye del drama. De hecho, Hurtado prefiere no hablar en su creación de enfermedad y pone el acento en "el proceso de reflexión personal acerca de lo que significa la pérdida de los recuerdos, de lo que has sido y qué significa, y esto es lo peor, ser consciente de que vas a perder todo eso".

En primer lugar, ¿qué tal ha ido este año y medio de pandemia?

No ha ido mal. Se nos cayeron unos cuantos bolos y algún proyecto que tuvimos que aplazar. A mí me ha servido mucho para relajarme. He estado dibujando y pintando muchísimo. Ojalá tuviésemos un mes al año para encerrarnos y pensar, y cuidar de nuestro bienestar y el del planeta.

No me quiero imaginar el estrés laboral al que se somete un artista entre crear, montar un espectáculo y estar de gira. 

Sobre todo los que somos autónomos. Tenemos una empresa y al final, ganes más o menos, tienes que pagar la cuota de autónomos. Aquí porque hicieron los Ertes y nos permitieron exenciones de algunas cuotas que si no... Hagas lo que hagas, tengas actuaciones o no, no dan tregua. Que si el IRPF, el IVA... Es un desastre. La parte administrativa está creada para que lo dejes. Es imposible para los artistas. 

Víctor Ullate cerró su compañía hace dos años tras tres décadas.

Me lo pregunté en ese momento: "¿Si Víctor Ullate cierra qué vamos a hacer los demás?". Después hay que leer la letra pequeña. Él recibía un millón de euros de la Comunidad de Madrid todos los años. Cada vez nos exigimos más. Yo, después de 21 años de autónomos y de compañías, si ya no consigo aspirar a lo máximo, cierro. Lo que no quiero es dejar de progresar. 

Lleva más de 20 años con su compañía luchando contra viento y marea. ¿Cómo lo ha hecho en un sector como el cultural debilitado y precario?

Uno sobrevive por huevos. Después no piensa mucho, simplemente hace. Si de verdad pensase... La parte administrativa y la creativa están constantemente chocando. Hemos sobrevivido 20 años porque hemos invertido. Ahora soy más pobre que hace 20 años, pero he hecho mogollón de proyectos. Lo que gano no me lo meto en el bolsillo. Toda la gente que ha trabajado conmigo lo sabe. La clase política no tienen en cuenta cuánto he generado; cuántos contratos he hecho; cuánto movimiento he generado a mi alrededor...

Nacho Duato dijo que en Berlín gana cuatro veces más de lo que le pagaban en España. ¿Le ha tentado la idea de marcharse a otro país?

Me he planteado dejarlo, pero no lo piensas y sigues. Sé que cada vez queda menos camino. Es ley de vida. El otro día decía José Sacristán: "Los tiempos cumplen". ¿Cuál es la meta profesional? Imagino que seguir ilusionándome y que pueda vivir de ello. Si te dicen dentro de tres años que hagas el mismo trabajo currando menos, ¿qué haces? Esto a veces es insostenible a nivel anímico, vital y económico. No se reconoce el trabajo bien hecho. Has puesto dos buenos ejemplos: el de Nacho Duato y el de Víctor Ullate. He cumplido 55 años. Pertenezco a una generación que ha vivido cuando la danza era una potencia en España. He trabajado cinco años en una compañía que me pagaba el sueldo todos los meses. Nos contrataban una, dos, tres años. Esto ahora es impensable. En la Compañía Nacional de Danza hacen contratos de uno o dos años.

No le voy a mencionar nada sobre la jubilación...

Un actor puede seguir haciendo su trabajo a los 60 años. Un bailarín no. Piernas, suelo... Hasta el obrero que se sube a un andamio debería tener un límite de edad para hacerlo. Un escritor con la cabeza en sus cabales puede trabajar e incluso dar clase. Un artista como yo trabaja con su cuerpo y este se desgasta. Y mira que yo me conservo bien (ríe). 

¿Qué sabe Fernando Hurtado del amor y de la danza que no sabía con 20 años?

Que uno debe seguir su intuición siempre. Cuando no sepas qué hacer, no pienses. El miedo a veces te hace tomar malas decisiones. El otro día me encontré con un amigo y me dijo: "Tú haces lo que te gusta desde que te levantas y yo no". "¿Y cómo puedes vivir con ello?", le pregunté. No supo responderme. Hago lo que me gusta con todos los inconvenientes que te digo. Uno debe asumir las cosas. Cuando ya no se pueda, se acabó.

Ha dado vida a los personajes del Guernica y se ha acercado a clásicos como Oscar Wilde. ¿Qué le inspira hoy día?

Me inspira encontrarme con cosas nuevas. Esta conversación me puede inspirar. Al igual que conocer un sitio nuevo, la imagen de dos personas con una camisa amarilla (ambos vamos vestidos de amarillo), o esta luz de medio día. Tengo un defecto profesional. Todo acaba reducido a una cuestión estética y creativa. El color, las sensaciones. Me inspirar crear de la nada y dárselo a la gente. Al final me retiraré, pero quedarán cosas como mis pinturas y mis coreografías.

¿Le preocupa pasar a la posteridad?

No. Si me gustaría que me reconocieran el trabajo que he hecho, pero no depende de mí. Vivimos en una sociedad de contactos. Aquí triunfa el que conoce a no sé quien, no el que más talento tiene. Eso es un gran error.

¿Cómo asiste a esta sociedad de la imagen, del 'me gusta' y del Instagram?

Depende del uso que les des a las redes y a las nuevas tecnologías. Mejor tener Instagram que no tenerlo. Pero si lo usas de una manera compulsiva, mejor olvídate. Antes no podías lanzar una campaña publicitaria tú solo; ahora sí. Eso hace más igualitaria la sociedad. Tienes las mismas posibilidades que Zara de darte a conocer al mundo. También vivimos un momento donde desconfiamos los unos de los otros. Entiendo que no ayuda que en las redes puedas falsear una identidad. La sociedad va por un mal camino.

Estrenará en una semana El arte de perder cada día en el Teatro Echegaray. ¿Qué le llevó a montar una coreografía sobre el Alzhéimer prematuro? 

Ese gesto que tú acabas de hacer. ¡Eso! Me quise poner en el lugar de un enfermo de Alzhéimer prematuro. Llegará un momento en el esa personas viva y no sepa quién es. Se mirará al espejo y no se reconocerá. Me parece interesante la transición a la reflexión de eso: "No me voy a morir, pero voy a perder mi memoria". Al final somos recuerdos. Cayó en mis manos el libro Siempre Alice (de Lisa Genova) y la película protagonizada por Julianne Moore. Me interesaba ponerme en un lugar inestable y comprometido. La creación es muy interesante en ese lugar. La coreógrafa y performer María José Ribot siempre dice que "el arte está en aquello que desestabiliza". El arte no está en lo claro, sino en lo que te hace preguntarte cosas. El arte incluso puede ofenderte e incluso hurgar en la herida.

Hablamos de una enfermedad que da mucho miedo. ¿Qué le asusta hoy día?

A mi edad me asusta perder la alegría y la energía vital. Con los años uno asume que tiene que morir. Mi padre falleció hace dos años y medio. Mi madre tiene 86 años. Pero si pierdes la alegría, el ánimo, las ganas de hacer cosas, el humor y la educación estás perdido. Yo no paro de decir gracias a todo el mundo. Hay gente que ni te mira a los ojos. Me asusta perder todos esos detalles que hacen que la vida pueda ser un poco mejor. Aunque creo que a estas alturas no lo voy a perder.