Antonio Díaz Casado de Amezúa, en su estudio.

Antonio Díaz Casado de Amezúa, en su estudio. Álvaro Cabrera

Málaga A título personal / Díaz Casado de Amezúa, arquitecto

"La mejor la defensa de Málaga no es ponerse una camiseta diciendo 'aliquindoi', es respetar nuestra historia"

"Málaga sigue siendo una ciudad absolutamente desmadejada, donde las cosas se van haciendo a impulsos"

"Cada día entiendo menos al malagueño del golpe de pecho. No lo aguanto. Si se queja de que no están las tiendas de toda la vida, que venga a Zoilo, que no vaya a comprar jamón cocido a cualquier franquicia"

"El rascacielos del puerto altera la belleza de lo más profundo de nosotros, que es el encuentro con el mar. El lujo es reencontrarte con La Farola"

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Las claves

Antonio Díaz Casado de Amezúa, arquitecto malagueño, critica que Málaga copia modelos externos y olvida su propia historia y potencial urbano.

Defiende la importancia de la rehabilitación y la vivienda tradicional como base del casco histórico y la identidad de la ciudad.

Considera que la peatonalización, el Museo Picasso y el AVE han sido transformadores, pero alerta sobre la gentrificación y la banalización del centro.

Reclama proyectos urbanos pensados a largo plazo, como la recuperación del Guadalmedina, y propone que la parcela del Astoria sea un emblema cultural y de identidad para Málaga.

Nacido en un cuarto piso de un edificio situado junto a la casa natal de Pablo Ruiz Picasso, en plena Plaza de la Merced y criado mirando a diario el obelisco de Torrijos, Antonio Díaz Casado de Amezúa aprendió a querer Málaga leyendo legajos en la Catedral y desentrañando los secretos que esconden los edificios.

Tres décadas después de iniciarse en el oficio de la arquitectura, en el que ha hecho de la rehabilitación su seña de identidad, lanza una enmienda a la ciudad que presume de cosmopolita: Málaga copia modelos de fuera, olvida la potencia que tuvo en el XIX y se permite estropear sus mejores oportunidades –de La Coracha al puerto o el Guadalmedina– mientras convierte el Centro en decorado turístico y se resiste a mirarse de verdad al espejo de su propia historia.

Díaz Casado de Amezúa. ¿De dónde viene su apellido?

En mi apellido se juntan dos ramas singulares: La de los Díaz viene de Cajiz. Llegaron en el siglo XIX para regentar pensiones. Primero en la calle Mármoles para después pasarse al otro lado del río comprando la antigua Posada del Patio de la calle Camas. Mi abuelo siempre se sintió orgulloso de ser “posadero”.

Y la parte Casado de Amezúa es muy curiosa. Somos solo dos familias en Málaga. Estuvimos buceando en los orígenes de ese apellido. Corresponde a familias con origen en la rioja alavesa. Pensábamos que venían de Granada, que es de donde es mi madre. La sorpresa nos la llevamos al ver que mi tatarabuelo se apellidaba Casado (de Amezúa) Torreblanca. Y Torreblanca es un apellido de Málaga, emparentado con los condes de Buenavista.

Descubrimos que uno de mis antepasados fue un abogado de prestigio y alcalde accidental de Málaga. Hemos localizado su enterramiento en un panteón del cementerio de San Miguel. Esta rama de la familia siempre tuvo un gran prestigio social, y reside la mayoría en Madrid.

Pero por lo que me dice sus raíces son malagueñas.

Sí. De hecho, yo nací y he vivido en el cuarto piso de este edificio (en la Plaza de la Merced), que es donde aún vive mi madre. Ahora en el primero del mismo edificio. El paisaje de mi vida está ligado a la plaza, el obelisco de Torrijos y la torre de la Catedral.

Antonio Díaz muestra un dibujo de Luis Ruiz Padrón.

Antonio Díaz muestra un dibujo de Luis Ruiz Padrón. Álvaro Cabrera

La estampa ha cambiado una barbaridad.

Muchísimo. Recuerdo la plaza de mi niñez, cuando mi madre nos bajaba a jugar entre los bancos de mármol, y a sus personajes: Salvador, el señor que aparcaba los coches, Pepe y Josefina, Natalio, la tienda de discos, o la peluquería.

Hasta el otoño no llegábamos a ver el obelisco por los plátanos de sombra, que eran muy frondosos: de la fachada que tenemos enfrente apenas veíamos algo en invierno, cuando se caían las hojas. No se olvida el amanecer con el olor a churros del bar La Cabaña.

"No era extraño que los fines de semana de mi niñez los dedicáramos a acompañar a mi padre a pasar consulta a los trabajadores de la fábrica de ladrillos de la Colonia de Santa Inés, especialmente aquellos que no podían pagarse un médico o desplazarse"

¿Qué le llevó a ser lo que hoy es?

Mi padre fue un médico muy querido. No era extraño que los fines de semana de mi niñez los dedicáramos a acompañarle, a visitar y pasar consulta a los trabajadores de la fábrica de ladrillos de la Colonia de Santa Inés, especialmente aquellos que no podían pagarse un médico o desplazarse.

Mis padres nos enseñaron con su ejemplo a ejercer nuestro oficio con dedicación sin esperar necesariamente un pago a cambio –mi madre también aportó lo suyo-.

Cuando falleció mi padre, cumpliendo yo los 19 años, sin nosotros saberlo, los vecinos de la Colonia le pidieron al alcalde Pedro Aparicio ponerle su nombre a una calle. Es la calle del Doctor Miguel Díaz Recio, en el actual Teatinos. Aunque a muchos le puede parecer poca cosa, para sus hijos es un gran orgullo pasear de vez en cuando por ella. Por mi padre, y por los vecinos de la Colonia que tanto le quisieron.

De tantas personas que acudían a él, una de ellas era la familia Seguí. Recuerdo la visita que hicimos terminando la rehabilitación del Teatro Cervantes, diseñada y dirigida por Pepe Seguí. Estaban montando el patio de butacas, con su terciopelo azul para estrenar, el escenario, o la visita a las cubiertas…quizás pudo influir que este fuera mi camino.

A mi madre le preocupaba que yo saliese poco; me dedicaba a leer libros, o a ir al recién inaugurado teatro Cervantes. Otra de mis aficiones era ir a los archivos. Uno de los amigos de mis padres era el padre Miguel Rojo, canónigo de la Catedral.

Gracias a su ayuda pude pasearme por las cubiertas o me iba a leer legajos al Archivo Catedralicio. También me aficioné a visitar el Archivo Díaz de Escobar acompañando a Trini García Herrera, junto a la Posada de mi abuelo. Un lugar tan mágico como desconocido para los malagueños. Parece que tenía claro que la arquitectura y la historia eran el sitio donde desarrollar esa inquietud que iba teniendo.

Cuando entra en contacto con la carrera y el oficio, ¿qué retos se marcó?

En la carrera siempre estás muy perdido. Te meten mucho concepto en la cabeza y vas definiendo tu personalidad conforme estudias. Sí tenía muy claro que la rehabilitación, el trato del casco histórico, estaba muy minusvalorada dentro de la profesión. Parece que esa labor solo se entiende desde los grandes equipamientos o monumentos.

No se ha dado la suficiente importancia a la vivienda tradicional, que es la base real de todo el casco histórico que acompaña y da sentido a los monumentos. Es un trabajo como de actor secundario, fundamental para sostener la base de la trama y potenciar el papel del protagonista principal. La Catedral o el Museo Picasso no son lo que son sin un casco histórico que los acompañe: alguien tiene que hacer ese papel secundario para que nuestros monumentos mantengan su sentido.

Usted ha hecho de la rehabilitación de edificios una de sus señas de identidad.

Trabajar en la historia de los edificios no solo es actuar sobre el edificio como un concepto físico, un problema estático, no deja de ser una reflexión sobre el paso del tiempo, de por qué estamos aquí y qué dejamos a los que vendrán. No es un tema solo técnico, sino que debemos conocer a las personas que hicieron los edificios y los que los transformaron: los que los vivieron. Cada obra es un diálogo con nuestra memoria e identidad.

"Trabajar en la historia de los edificios no solo es actuar sobre el edificio como un concepto físico, no deja de ser una reflexión sobre el paso del tiempo, de por qué estamos aquí y qué dejamos a los que vendrán"

¿Qué le enseña todo ese proceso de rehabilitación del que participa?

Después de 30 años de profesión empiezo a entender que las cosas en Málaga siguen exactamente igual que hace 200 años. En Málaga tenemos una personalidad claramente marcada desde que la ciudad cambió radicalmente con la llegada ilustración y la apertura del comercio a través del puerto, lo que nos trajo el famoso siglo XIX.

Nos conforma una forma de trabajar, de pensar y de estar en la ciudad, muy nuestra, un ser malagueño que creo que se mantiene a día de hoy. Creo que la verdadera esencia de nuestra identidad es el cambio: somos valientes para copiar modas de otro lado y confiamos ciegamente en los que vienen de fuera, sin comprender que buscan lo que ya tenemos, lo que hemos heredado de nuestros padres.

Nos encanta sumar y aprender de lo nuevo, pero no terminamos de conjugarlo con la añoranza de lo que fuimos. Por eso es una ciudad viva: es un equilibrio complicado pero apasionante.

Lo que me ha enseñado la rehabilitación es eso. Los ciudadanos de Málaga tenemos un gran debe con entendernos a nosotros mismos. Cada día entiendo menos al malagueño del golpe de pecho. No lo aguanto. Si se queja de que no están las tiendas de toda la vida, que venga a Zoilo, que no vaya a comprar jamón cocido a cualquier franquicia. A lo mejor la defensa de los malagueños no es ponerse una camiseta diciendo ‘aliquindoi’, sino entendernos mejor y respetar un poco mejor nuestra historia.

Un momento de la entrevista con Antonio Díaz Casado de Amezúa.

Un momento de la entrevista con Antonio Díaz Casado de Amezúa. Álvaro Cabrera

En el campo de la arquitectura y en la conservación de patrimonio se ha dado un gran salto en estos 30 años. Ahora nos falta darlo desde el punto de vista del concepto de la ciudad. Málaga sigue siendo una ciudad absolutamente desmadejada, donde las cosas se van haciendo a impulsos. Ahora, que la economía parece que ayuda, estamos perdiendo la oportunidad de repensar la ciudad con todos los nuevos conocimientos de nuestra historia.

Pero eso ¿cómo se hace? ¿Cómo se repiensa una ciudad que parece que está en su momento momento?

Creo que está en un buen momento, pero no está en su mejor momento. Pensemos en la operación del puerto, en una ciudad de principios del siglo XX, con un presidente de Gobierno malagueño, cuando se decide hacer una enorme explanación para ganar espacio al puerto. Y la decisión no fue la de construir viviendas, la de especular con el suelo, sino la de hacer un parque enorme. Eso, por ejemplo, no nos lo podemos permitir a día de hoy en los terrenos de Repsol.

Una operación parecida sería impensable…

Ahora sabemos que el decimonónico malagueño del que tanto se habla se estructuró en tres etapas: clasicismo, la etapa romántica, para llegar al modernismo que en nuestro caso fue el regionalismo. Una ciudad decimonónica más o menos encorsetada, que se abrió paso con grandes ensanches, para convertirse en esos primeros treinta años del siglo XX en una ciudad de un esplendor cultural brutal.

La ciudad balneario llegó tras la apertura de calle Larios con los teatros, los mejores hoteles, las villas del Limonar y la Caleta. Hay una potencia tremenda de esa ciudad de los años 30… en la que comienzan las primeras planificaciones de ordenación de la ciudad, con conceptos tan modernos como la incorporación del tráfico o la preocupación por conseguir vivienda social digna como en Ciudad Jardín…

Tendríamos que entender este proceso para continuarlo porque nos quedamos a mitad de camino. La guerra nos paró en seco: Nuestra memoria se perdió con la guerra y los años que la siguieron.

"Nos está costando recuperar nuestra personalidad. Copiamos modelos de fuera, cuando los tenemos ya trazados hace mas de cien años por gente verdaderamente especial que ya estuvo aquí pensando la ciudad en la que ahora vivimos"

Ahora nos está costando recuperar nuestra personalidad. Copiamos modelos de fuera, cuando los tenemos ya trazados hace más de cien años por gente verdaderamente especial que ya estuvo aquí pensando la ciudad en la que ahora vivimos.

El trabajo de treinta años en rehabilitación, pensando sobre nuestra identidad, me ha enseñado que ya tenían bien planeado el modelo y se trata de entenderlo para seguir su camino. Sin añoranza del pasado, porque hay nuevos planteamientos maravillosamente felices, como la apuesta por la peatonalización de la calle Larios y su extensión al Centro.

Suelo ponerle un ejemplo muy tonto a la gente. Uno puede tener problemas de espaldas y tirarse toda la vida visitando médicos. No encuentras la solución hasta que hay uno de ellos te pregunta ¿por qué te sientas mal en la silla? Siéntate bien, del modo que te pide cómo estas hecho y te ahorrarás los problemas.

A las ciudades creo que les pasa eso. Los problemas vienen la mayor parte de las ocasiones porque forzamos su naturaleza, su postura natural. Si entendemos su verdadero sentido, las cosas funcionan sin tanto tratamiento especial.

No vamos a ser Sevilla, ni quiero parecerme; no voy a ser Madrid, tampoco quiero ser como ellos… Somos Málaga, me entiendo, me quiero como soy y disfruto de lo que tengo. Sin renunciar a procurar hacer esta ciudad cada día un poco mejor y sin competencia cateta con las demás

Detalle de las manos de Antonio y de una cerámica.

Detalle de las manos de Antonio y de una cerámica. Álvaro Cabrera

Comentaba que una de las operaciones de mayor valor de las últimas décadas fue la peatonalización de la calle Larios. ¿Está satisfecho con el proceso seguido en el Centro o cree que se ha acabado pervirtiendo?

Yo estoy encantado con la peatonalización. Pero no es un debate de blanco y negro. Me molesta que debatir de cualquier cosa sea para que nos pongan ya en una trinchera determinada. ¿Son malos los bares? Vivo y trabajo en el Centro, y creo que sé de lo que hablo.

Estoy muy en contra de las zonas ZAS. Si usted ya tiene ruido… habrá que corregirlo ¿el ruido se arregla prohibiendo nuevos bares? Esta claro que no. Creo que lo empeora: prohibir nuevos bares genera especulación con los que ya tienen licencia, sin importar si son rentables o no. Pero el ruido, de la zona que ya está saturada, no disminuye.

La peatonalización ha traído muchas cosas buenas y la intensificaría. En mi opinión lo que transforma Málaga es una mezcla de varias cosas, pero con varios puntos fuertes: la peatonalización, el Museo Picasso, la llegada del AVE y el puerto.

La operación de Jerónimo Junquera fue maravillosa. Quitar el silo para meter esa operación urbanística me parece impresionante. Y sin embargo, una vez que nos han hecho este gran regalo a los malagueños, lo llenamos de kioscos llenos de artículos de poco valor añadido. Una pena.

Ese es el gran drama de la ciudad: la mayor parte de las ocasiones, somos los malagueños los que las estropeamos con nuestras propias actuaciones en el día a día. Como las pintadas o los cables colgados de los edificios históricos recuperados.

"La operación de Jerónimo Junquera en el puerto fue maravillosa. Quitar el silo para meter esa operación fue impresionante. Y sin embargo, una vez que nos hacen el regalo, lo llenamos de kioscos llenos de artículos de poco valor añadido"

Uno de los objetivos de las decenas de millones de euros invertidos en el Centro era el de recuperarlo como barrio para las personas. Sin embargo, asistimos a un proceso de gentrificación claro.

Uno de los problemas que tenemos es que la política es muy malvada. Una cosa es lo que se dice y otra cosa, lo que se hace. Todo lo de la gentrificación se viene avisando desde 2012, como poco. Yo lo puedo tener escrito desde ese año. En ese momento ya se veía venir que se estaba estropeando. La memoria de la ciudad y por propia historia, la del Centro es la memoria de sus vecinos.

La sociedad ha cambiado y ahora cualquiera puede viajar. El viaje, el turismo, es una industria. Antes las fábricas las tenías en el extrarradio de la ciudad; ahora la comercialización del patrimonio histórico ha convertido los conjuntos históricos en centros de producción de mercado con generación de gran plusvalía. Se monetiza todo nuestro pasado.

Es difícil parar esto, pero estoy convencido de que hay estrategias para aminorarlo, porque además la paradoja es que debería ser el propio mercado el que lo defendiera de su banalización. Comprendo que nadie puede ir contra los signos de los tiempos, pero es necesario trabajar para regular esta transformación, y esto es lo que no estamos haciendo.

Por eso decía que los malagueños del golpe de pecho cada día me molestan más. Es muy extraño verte como "objeto turístico"… sentirte como parte del decorado. Los pocos que quedamos en el Centro bromeamos con hacernos unas camisetas con algún lema de "Malagueño original".

Antonio posa en el pasillo de su estudio y de su vivienda.

Antonio posa en el pasillo de su estudio y de su vivienda. Álvaro Cabrera

Sobre la plaza de la Merced ¿algo que decir?

Evidentemente, ha cambiado. La última reforma me parece bastante desacertada. Pero he aprendido a no alterarme con los cambios: me basta con poner mi granito donde puedo. Mis hijos y yo bromeamos con que creemos que ya salimos en fotos de medio mundo.

Si lo analizas con tranquilidad, verás que el tiro de cámara desde el que hacen las fotos todos los que nos visitan, al sentarse junta a nuestro Picasso de bronce enfocan a la casa natal. En ese encuadre te encuentras un desfibrilador, una papelera ecológica solar, una señalética turística de espaldas, un showarma, los carteles de una cervecería y de fondo el feo edificio del mercado de la Merced… ¿No hay nadie con una mínima sensibilidad en esta puñetera ciudad que diga que el encuadre de esa postal que va a circular por medio mundo es una guarrería? Pues así nos va.

Usted se levanta todos los días y convive con cientos de turistas que pasan por la plaza de la Merced. ¿Uno se acostumbra a eso?

Creo que la perfección no existe. Nosotros estuvimos dos o tres años con el mercado de la Merced montado delante. Abría la puerta de mi casa y veía el mercado. Ahora tengo bares y antes tenía coches aparcados. Cada tiempo tiene sus cosas buenas y otras no tanto. Lo bueno es poder vivirlo.

La pena que tengo de la evolución de la ciudad es estar convencido de que claro que ha mejorado, pero creo que podríamos haber llegado mucho más lejos con el mismo esfuerzo. No estoy mirando atrás con esa cosa de volver al pasado…

Nuestra personalidad, como la ciudad, va cambiando. Ni Heredia ni Larios eran de Málaga, pero influyeron en lo que somos hoy. Gran parte de nuestra forma de ser hoy viene de ahí, de los que vinieron de fuera y nos enseñaron a trabajar y a operar de otra manera. El cambio no está mal. El problema es saber optimizar ese cambio.

"La operación de la Alameda Principal, como actuación urbanística y cultural en el contexto de la Málaga de finales del XVIII es impresionante. Es un gran desatino entenderla como una estación de autobuses ligada a una autovía"

Si le pregunto por una operación concreta que cree se podría haber hecho de otro modo…

Lo que quizá no perdonaré nunca, porque sigo sin entenderlo, es lo que se hizo con La Coracha. Se tuvo una gran falta de sensibilidad con esa ladera, cuando lo que molestaba realmente era el edificio que aun sigue en pie. Hoy es una costra sobre un monte tan maravilloso. Tendría que haber sido una actuación de bastante más delicadeza y respeto.

Y otra cosa que sigo sin entender… la calle Larios puede ser la calle mas emblemática de Málaga, pero para mí, estaría en clara competencia con la Alameda. La operación de la Alameda Principal, como actuación urbanística y cultural en el contexto de la Málaga de finales del XVIII es impresionante. Tan impresionante como Larios.

Es un gran desatino entenderla como una estación de autobuses ligada a una autovía tras la demolición de la antigua acera de la Marina. A mi parecer es otro de los grandísimos errores que hemos asimilado como algo natural de la ciudad.

¿No cree que se ha solucionado con la semipeatonalización?

No. Todas estas operaciones se han hecho valorando principalmente la movilidad. La Alameda de origen fue realmente una operación de crecimiento de la ciudad, el elemento central de un ensanche del casco histórico hacia el mar. Pero desde los años 50 la hemos convertido en un borde que divide dos realidades totalmente distintas. Las dos aceras no se hablan, no se entienden, cuando están construidas como un conjunto.

Usted convive con la parcela de los antiguos cines Astoria y Victoria. ¿Cómo ha asistido a ese proceso?

Siempre he pensado que la Málaga del futuro será lo que sea esa parcela. Sostengo que la ciudad que se abre en el XIX y el XX está muy pensada. Calle Alcazabilla también es maravillosa. Una calle que une el emblemático edificio de La Aduana con la Alcazaba, el Museo Picasso y la Merced. Toda la historia de Málaga resumida en una calle… Es el indiscutible eje cultural de la ciudad.

Este recorrido que une la Catedral con el Cervantes y el puerto, y que podría llegar al nuevo auditorio… Ese es el recorrido esencial de la Málaga cultural. La calle Larios es un gran emblema, pero en Alcazabilla está resumida toda la historia de la ciudad. ¿Y el punto central de todo este eje tendría que ser un Zara, con 6 plantas de viviendas?

Ese solar es el kilómetro cero de Málaga y creo que lo que se haga ahí nos contará la apuesta de por donde va a discurrir la ciudad del futuro inmediato.

Prefiero un proyecto meditado. Sigo pensando que es una puerta a la ciudad, un punto de encuentro, un punto absolutamente estratégico donde confluyen todas las energías que están discurriendo por la ciudad histórica.

Sí creo en un proyecto de intervención de arquitectura, construido. Porque creo que es un exceso ceder el protagonismo de ese alzado de la plaza al nuevo hotel y al tráfico de calle VIctoria. La Merced tiene que mantener su personalidad, tiene que haber algo construido y estar defendida del tráfico de intensidad.

Ceñir la construcción a una parcela trapezoidal, algo amorfa, con cuatro fachadas rectas, alineadas, que son los descartes de los trazados de haber hecho las calles periféricas, no se corresponde realmente con su memoria.

Por eso creo que los malagueños vemos tan raro un "cubo limpio" en este punto, porque la volumetría no se aleja de la imagen icónica de un centro comercial. Debe ser una pieza construida, con una cierta libertad de alineación, parcialmente abierta, que permita las vistas cruzadas, desde Alcazabilla a las Casas de Campos, desde la misma plaza a Gibralfaro.

Algo icónico que sea un emblema de la ciudad que queremos. Y, por supuesto, aprovechando el sustrato arqueológico. ¿Por qué no hacer un sótano arqueológico que sirva de centro de interpretación de la propia ciudad? Defiendo su uso como equipamiento cultural y me gustaría que fuera una puerta de entrada a la historia de Málaga. Nuestra mejor tarjeta de presentación: conocernos antes de pasearnos.

"La Málaga del futuro será lo que sea la parcela del Astoria; defiende que sea algo icónico, un emblema de la ciudad que queremos. Me gustaría que fuera una puerta de entrada a la historia de la ciudad"

Usted que trabaja tanto en el Centro sabe que forzar las costuras de un planeamiento puede convertirse en una odisea administrativa.

El problema del Centro es la parálisis de la Administración. Pero no de Cultura o del Ayuntamiento. De todos los que intervienen de algún modo: Cultura, Ayuntamiento, Arqueología, compañías de servicios. Es un absoluto despropósito. Un calvario.

El Centro está absolutamente maltratado por todas las instituciones y administraciones. Y el ciudadano asiste impertérrito a cómo se echan los muertos unos a otros en lugar de coordinarse y solucionar las cosas.

Los profesionales nos pasamos la vida intentando entender a cada una de las administraciones para darle su poquito de protagonismo, cumplir con lo suyo de cada uno. El problema es que todos defienden su parcelita de autoridad sin importarle el resto.

Se han aumentado exponencialmente las exigencias normativas sin tener los medios para dar un buen servicio al ciudadano, por lo que en muchas ocasiones son los propios funcionarios los sobrepasados por el esfuerzo que la misma Administración les impone, por lo que estamos en una situación absolutamente crítica.

Nos cuesta mucho que a los que trabajamos por mejorar el Centro no se nos aprecie y, sin embargo, se nos exigen infinidad de controles a veces absurdos o sin sentido. Mientras que el que viene a especular lo tiene fácil. ¿Cómo? Por la falta de control real de sobre sus acciones o actividades.

En el asunto de la Torre del Puerto, su posición…

Yo fui uno de los firmantes del manifiesto en contra. A veces me entra hasta el síndrome de Estocolmo. Me digo "no se si estaría bien ahí una torre, un elemento icónico". Sigo con mis dudas, por supuesto, pero creo que está mejor como está.

Todavía me sigo encontrando con mi ciudad, la que me ha visto crecer, cuando bajo calle Larios o el salgo del Parque y veo La Farola en blanco, recortada contra el azul del atardecer sobre el mar del puerto. Me resulta difícil integrar en ese paisaje una torre de ciento y pico metros detrás por mucho casino y lujo que traiga. El lujo es reencontrarte con La Farola y un cielo raso de verano al fondo. Y ya que hemos fastidiado hacia el norte la vista a los montes de Málaga desde el Centro...

Antonio, durante la entrevista.

Antonio, durante la entrevista. Álvaro Cabrera

Hay unos cuantos fastidios en esta ciudad.

Por eso hay que aprender de los errores. No sé por qué somos tan tozudos en no entendernos a nosotros y pensar que la modernidad es me tiro por la borda y cojo a lo primero que llega.

¿De verdad que esa torre le aporta valor añadido a la ciudad? Por la posición y el uso que tiene, de entrada, no me parece que le aporte nada mejor a la ciudad, sino que le resta.

La patraña de los puestos de trabajo y de todas esas cosas que dicen, yo creo que ya está superada. Dicen que va a traer turismo de lujo. A lo mejor es que ese turismo viene ya sin necesidad de la torre en ese emplazamiento.

Desde el momento en que Antonio Banderas volvió al Centro, siendo un personaje público al que le resulta difícil andar por la ciudad, es porque ya estaba viendo la proyección de la Málaga actual. Sintiéndolo mucho, después de sopesarlo, una torre en ese lugar me cuesta entenderla.

¿Su criterio no cambia por el hecho de que esté David Chipperfield al frente del proyecto?

Chipperfield es una de mis referencias, pero creo que no. Al final si paseas por el Centro y tienes tíos borrachos o cables colgados de las paredes o a Picasso sentado en el tiro de cámara de un desfibrilador y un showarma… Esa pequeña sensibilidad es lo que nos está faltando, no una torre de lujo. Y el rascacielos altera la belleza de lo más profundo de nosotros, que es ese encuentro que hemos tenido siempre con el mar.

"La recuperación del ecosistema del Guadalmedina debería ser ese eje vertebrador de la relación de la ciudad con su entorno natural inmediato; debería ser una autopista verde"

Y qué me dice de la apuesta histórica por actuar sobre el Guadalmedina

Es como con el Astoria. No se debe pensar desde el oportunismo puntual. Todo tiene que responder a una estrategia general, pensando no en la siguiente legislatura o en dos. Hay que pensar en los próximos cien años. Hay que empezar por entender cómo funcionan las cuencas donde se recoge el agua…

Los puentes plaza son solo una respuesta funcional, que me parece buena solución, como podría haber otras. Me encanta la recuperación/renaturalización del tramo alto, a modo de parque lineal.

Si resolvemos el río para la ciudad que tenemos ahora, solo y exclusivamente, conforme crezca la ciudad, volveremos a tener el problema que teníamos resuelto un par de generaciones antes.

Echo en falta una estrategia integral de largo alcance. Desde la sensibilidad actual con la mirada puesta en la recuperación de la relación histórica de la ciudad con su territorio. Los Montes de Málaga, son, como la bahía, la otra gran referencia emocional del malagueño.

Una de las cosas que más les sorprende a mis clientes extranjeros es la tremendísima cercanía que tenemos desde el mismo Centro a unos espacios naturales de enorme calidad. No tienen duda de que somos unos privilegiados. La recuperación del ecosistema natural del Guadalmedina debería ser ese eje vertebrador de la relación de la ciudad con su entorno natural inmediato, en el que caben otros modos de actividad económica sostenible. Debería ser una autopista verde. Tendríamos el mejor parque de todo el mediterráneo. No sé por qué tenemos que copiar y forzar modelos ajenos, teniendo un territorio tan singular como el que tenemos.