Ana Salinas, en su despacho.

Ana Salinas, en su despacho. Amparo García

Málaga A título personal / Ana Salinas, catedrática de Derecho Internacional

"Los Asperones es un atentado a los derechos humanos; Málaga tiene un gran escaparate, pero también zonas deprimidas"

"Estoy muy saturada del tema turístico; reconozco que hemos dado un paso de gigante en lo cultural, pero echo en falta, precisamente por esa invasión turística, muchos comercios tradicionales".

"Si Europa deja de ser referente ético en el mundo, ¿quién va a tomar el relevo? EE UU, bajo el mandato de un señor de la guerra, evidentemente no"

Publicada

Las claves

Ana Salinas, catedrática de Derecho Internacional, denuncia la existencia de zonas deprimidas en Málaga como Los Asperones, calificándolas de atentado a los derechos humanos.

Advierte sobre el auge de la extrema derecha y la normalización de discursos que vinculan inmigración y delincuencia, calificándolos como falsos y peligrosos.

Salinas destaca la importancia de reducir la pobreza, mejorar la integración de inmigrantes y promover la educación para garantizar los derechos humanos en Málaga.

Considera clave mantener la presión ética en Europa respecto a los derechos humanos y critica la falta de liderazgo político y la doble moral en el continente.

Catedrática de Derecho Internacional Público en la Universidad de Málaga y referente europeo en Derechos Humanos, con experiencia en el Consejo de Europa y el Tribunal de Estrasburgo, Ana Salinas mira su ciudad sin complacencias.

Desde la infancia en la calle Martínez de la Rosa hasta la organización en Málaga de la gran conferencia anual de la Sociedad Europea de Derecho Internacional, repasa en esta conversación las luces y sombras de una ciudad "con gran escaparate, pero grandes zonas deprimidas".

Y alerta del peligro que encierra el auge de la extrema derecha y la normalización de los discursos que vinculan inmigración y delincuencia .

Hábleme de usted.

Soy malagueña. Estudié en un colegio público, en el Gibraljaire. Hice la Secundaria y el Bachillerato en un instituto público, en el Pablo Picasso. Y luego hice la carrera aquí en Málaga. Estuve un verano haciendo estancias en el Reino Unido para aprender inglés y estudiaba francés en la escuela de idiomas. Y en tercero de carrera me casé con una persona que era mucho mayor y que quería establecer otro tipo de vida. Terminé cuarto y quinto a continuación.

Cuando terminé la carrera, tenía claro que me gustaba muchísimo el Derecho Internacional y me planteé hacer oposiciones para la Escuela Diplomática. Pero el que era entonces mi marido no estaba muy de acuerdo porque eso suponía tener que andar detrás de mí por el mundo.

Entonces, quien era en aquel entonces catedrático de Derecho Internacional de la Universidad, Alejandro Rodríguez Carrión, me propuso pedir una beca de investigación para hacer la tesis con él. Y eso hice. Visto que no podía, por circunstancias personales, optar por la carrera diplomática, conseguí la beca por la vía de la investigación.

Y en cuanto terminé mi tesis conseguí un contrato de ayudante. Desde ese momento, en el año 2000, fui profesora titular.

Su carrera está llena de logros y responsabilidades.

En 2009 me fui al Consejo de Europa porque el Ministerio de Exteriores me pidió que reforzara el servicio jurídico de Derecho Internacional. Trabajé en varios comités, pero sobre todo en el de Derecho Internacional Público y en el Comité de Terrorismo. Allí estuve hasta el 2011 cuando volví y me acredité como catedrática. Eran épocas de vacas flacas en la Universidad y no se podían sacar plazas, así que estuve esperando dos años. Finalmente, me acredité y pude opositar en 2013.

Desde que salí fuera en 2009 siempre he mantenido ese doble perfil de trabajo en el mundo de la práctica internacional y la docencia. Siempre he entendido que eso me hace mejor profesora, abre mucho la mente de cara a la investigación y es más realista que encerrarte en la investigación teórica.

Ana Salinas, posa tras la entrevista.

Ana Salinas, posa tras la entrevista. Amparo García

Me ha sorprendido lo que ha comentado de su marido.

Él era profesor de instituto. Entonces era muy complicado moverse. Había tenido mucha suerte porque entró en Málaga capital. No quería perder su plaza y entendía que si yo me iba y si él se venía detrás de mí perdía esa opción. Luego se ha arrepentido mucho, pero en ese momento fue un planteamiento un poco egoísta y yo lo acepté.

He leído que usted se quedó embarazada con 24 años.

Sí. Estaba haciendo la tesis doctoral. La hice con un crío pequeño. Fue una experiencia difícil, pero muy bonita porque siempre he tenido mucha cercanía con mi hijo. Ahora es doctor en Ingeniería. Él ha aprendido en casa la importancia del trabajo diario y constante.

¿En qué barrio nació usted?

Nací en una zona que no era barrio. Eso me apenaba mucho. En la calle Martínez de la Rosa, que estaba cerca de Miraflores de los Ángeles, pero no era Miraflores de los Ángeles. Me sentía desdichada porque no tenía un barrio. Igual que me sentía desdichada porque yo no tenía un pueblo.

Recuerdo que muchos de mis vecinos venían del pueblo y cuando llegaba el verano se iban a pasar el verano allí. Yo no tenía pueblo y a mí me daba mucha pena. Así que ahora he buscado una casita en Asturias para tener un pueblo al que retirarme.

¿Qué recuerda de su casa?

En mi casa el tema del arte siempre ha sido muy importante. Mi padre era ingeniero en Renfe, pero fue Premio Nacional de Pintura. Tengo sobrinas que son pianistas. Mi sobrino también hizo bellas artes y yo me dedico a la cerámica. Así que desde hace muchos años es un poco mi escape.

¿De la Málaga de su niñez qué imagen mantiene?

Que se podía ir andando a todas partes; que era bastante segura, que se jugaba en la calle y que se jugaba en grupo. Y si no se podía bajar a la calle porque llovía, se jugaba en el pasillo del edificio, aunque luego la portera nos echase la bronca por hacer ruido.

Al colegio, a partir de los 7 años, se iba sola, generalmente. Ahora se madura mucho más tarde, también porque se es muy dependiente de los padres.

Recuerdo que era muy cabezota. Me empeñé en hacer danza en el conservatorio de Málaga y fui a informarme. Me dijeron que era muy complicado conseguir plazas por libre y que se formaban unas colas muy grandes. Un día fui a preguntar cuándo empezaba el periodo de solicitud.

"De la Málaga de mi niñez recuerdo que se podía ir andando a todas partes; que era bastante segura, que se jugaba en la calle y que se jugaba en grupo. Y si no se podía bajar a la calle porque llovía, se jugaba en el pasillo del edificio, aunque luego la portera nos echase la bronca por hacer ruido".

Eran las cuatro de la tarde. Me respondieron que al día siguiente Mañana. Lo que hice fue quedarme allí a espera a que se abriese el plazo. Tuve que llamar a unos amigos para que hicieran cola por mí por la noche porque mi madre no me dejaba quedarme.

Málaga era una ciudad popular, con tiendas, con pequeño comercio de barrio donde podías comprar cosas a plazos. Recuerdo que se saludaba siempre con mucho respeto a las personas mayores. Y que había poco tráfico.

A mí me enseñó a leer y escribir mi hermana mayor. Así que cuando entré en el colegio, con menos de 5 años, pasé enseguida de curso.

Recuerdo mucho la vida en el edificio, con el vecindario. Y que se escuchaba por los patios a la gente hablar.

Desde aquellos años Málaga ha cambiado radicalmente. ¿Lo ha hecho a su gusto?

Solo en algunas cosas. Yo estoy muy saturada del tema turístico. Y reconozco que hemos dado un paso de gigante y que la calidad turística de la que se disfruta en Málaga no tiene nada que ver con la que había en esa época. Pero estoy saturada de tráfico y de turistas. Ha cambiado para bien en muchas cosas. Creo que lo cultural ha dado un salto gigante y es fundamental. Y en servicios. Pero echo en falta, precisamente por esa invasión turística, muchos comercios tradicionales. Uno va a tomar una cerveza y, básicamente, se encuentra con franquicias.

Por su experiencia internacional, ¿qué puede decirme de la imagen que se tiene de Málaga?

Es un gran foco de atracción. Estamos organizando ahora la XXI Conferencia Anual de la Sociedad Europea de Derecho Internacional. Cada año rota de ciudad. Va a ser a principios de septiembre y pueden participar como 500 o 600 personas. Y están encantados.

Málaga tiene un gran cartel fuera, un gran nombre. Cada vez más como ciudad tecnológica. Tiene un fantástico aeropuerto y muy buenas comunicaciones, aunque ahora el AVE está fallando un pelín.

Tiene mucha oferta. Pero tenemos que cuidar la gastronómica; lo importante es seguir manteniendo una restauración de calidad, no caer tanto en la tapa y en el barecito de cadena.

Las manos de Ana Salinas.

Las manos de Ana Salinas. Amparo García

Cuando era niña, ¿soñó ser lo que hoy es?

Para nada. Todas las niñas quieren ser bailarinas. Y si no, en mi caso, zoóloga, porque me encantaban los bichos. De hecho, siempre he tenido perro, ahora tengo gato… Antes teníamos un San Bernardo; una tortuga, dos canarios, un hámster.

Y cuando empecé a estudiar quería haber hecho Arquitectura, pero pasaba igual, porque me tenía que ir seis años a Sevilla, que era lo más cercano. Y mi marido, que fue profesor mío, no estaba muy por la labor. Al final entré en Derecho.

Yo odiaba Derecho, porque me parecía que era una carrera de niñas tontas y pijas. Ahora estoy muy contenta. Es cierto que al principio no me gustó, porque es demasiado abstracto. No no veías verdadero Derecho hasta segundo. Estuve muy desencantada al inicio. Incluso participé en unas pruebas de selección de azafata con Spantax, que quebró y por eso no me fui.

Cuando uno piensa en asuntos de Derechos Humanos lo hace con una perspectiva internacional. ¿En lo local también podemos hablar de retos en materia de derechos humanos?

Muchos, muchos.

¿Cuáles destacaría?

Málaga tiene un gran escaparate, pero también grandes zonas deprimidas. Se ven mucho menos, pero están ahí y son problemáticas desde el punto de vista de la inclusión, del desarrollo personal, de la seguridad y la radicalización.

Lucho mucho con mis alumnos para que trasladen lo macro a lo micro. Todo esto del Derecho Internacional suena como muy grandilocuente, como que no tiene materialización concreta. Y no es cierto. Les pongo muchos ejemplos y se dan cuenta de que, efectivamente, se traduce en nuestro día a día con muchísima frecuencia.

Estuve mucho tiempo trabajando en la parroquia La Purísima con niños y adolescentes desfavorecidos. Dábamos clases en verano a los niños que habían suspendido y les llevamos a campamentos. También estuve colaborando con una Zonta, que es una ONG acreditada por Naciones Unidas.

Y ahora formo parte de la Fundación Unicaja.

"Cuando empecé a estudiar quería haber hecho Arquitectura. Al final entré en Derecho. Yo odiaba Derecho, porque me parecía que era una carrera de niñas tontas y pijas. Ahora estoy muy contenta".

Si tuviese que mencionar retos en materia de Derechos Humanos en Málaga…

Reducir la pobreza. En casa hemos colaborado siempre con el comedor social de Santo Domingo y ahí ves muy de cerca a personas que vienen con una olla grande para que se la llenes para llevarla a casa. Generalmente son mujeres, porque al marido le da vergüenza venir.

Detalle en el despacho de Ana Salinas.

Detalle en el despacho de Ana Salinas. Amparo García

En Málaga hay mucha presencia inmigrante y hay que apoyar su integración. Desde hace años hemos visto llegar a mucha población marroquí que ha tenido muchos problemas en los colegios.

Hay que mejorar los índices de alfabetización y de educación. Y es necesario anclar con perspectiva de desarrollo a la población inmigrante. Lo contrario solo da problemas en el futuro a nosotros, pero sobre todo a ellos. Les empobrece, les frustra y eso hace que sean carne de cañón para otras muchas cosas que no son deseables.

¿Tener Los Asperones es un atentado a los derechos humanos?

Es un atentado a los derechos humanos. Una de las cosas de las que me siento muy orgullosa es el paso que ha dado la Fundación Unicaja de crear una sociedad inmobiliaria para construir vivienda social para gente joven y gente con poco presupuesto.

Eso puede ser una buena contribución para que en el menor tiempo posible focos como Los Asperones y otros asentamientos en El Palo o Huelin vayan desapareciendo.

¿Cómo asiste al discurso político que vincula inmigración con delincuencia?

Indignada, porque nunca ha habido cifras que justifiquen esa afirmación. Es un debate falso y creado interesadamente, pero que desgraciadamente tiene mucho predicamento en nuestros días.

Es un tiempo peligroso…

Muy peligroso, de mucha polarización. Es uno de los temas que abordaremos en la conferencia que vamos a tener en septiembre. Hablaremos del concepto de conflicto y del efecto nocivo de la polarización y de la manipulación de la información.

La radicalización que ahora mismo preocupa más en Europa no es la terrorista o islamista, es la radicalización de extrema derecha. Porque incita exactamente a cosas igual de malas que la radicalización islamista.

Uno ha visto cómo esa extrema derecha ha tomado posiciones de poder en Francia, Italia, Alemania, países nórdicos… Pero en España siempre se ha pensado que no cuajaría, de que era algo pasajero.

Quiero pensar que es cierto que el momento de la historia es pendular y que hemos tenido un deslizamiento hacia un lado del péndulo y que ahora estamos volviendo a épocas de los años 50, de los años 60, de plena dictadura, donde todavía ese tipo de pseudo verdades se creían y se vendían con cierto éxito.

Yo quiero pensar que el auge de Vox o este tipo de defensa a ultranza de políticas racistas por parte de ciertos Estados forma parte de ese movimiento pendular de la historia y que debe desaparecer. Lo que pasa es que mientras desaparece o no, la sensación que tenemos es que va a más. Poco a poco se sigue deslizando cada vez más hacia el extremo.

Mi esperanza es que volveremos a posturas más centradas, menos radicales, mucho más tolerantes.

"Nunca ha habido cifras que justifiquen vincular inmigración a inseguridad. Es un debate falso y creado interesadamente, pero que desgraciadamente tiene mucho predicamento en nuestros días"

Antes hablaba usted de la vivienda. ¿Tiene oportunidad de palpar el sentir de sus alumnos respecto a este asunto?

Me encantaría darte un discurso sobre eso. Pero es que están muy adocenados, no dicen nada. Es verdad que ahora mismo doy clases a un grupo en inglés, donde hay muchos estudiantes de Erasmus. Pero es cierto que planteas cuestiones críticas en clase y no entran al trapo.

Normalmente, no quieren hablar, no quieren participar. Y no será por falta de insistencia. No les apabullo ni los ridiculizo… Al contrario, siempre les animo a sentirse cómodos para que participen y no lo hacen. Me da mucha pena. Tiendo a pensar que hay menos conciencia. El asunto de la vivienda lo recibo más por mi hijo que por los alumnos de clase.

Me dijo que es doctor.

Es ingeniero aeroespacial. Cuando terminó en Madrid se fue a Suecia, donde hizo el doctorado. Y de allí pasó a Alemania a trabajar inmediatamente para Airbus. De ahí a la Agencia Espacial Europea. Y por idealismo dejó un puestazo espectacular y volvió a España. Ahora está en Madrid, en el Ministerio de Defensa. Ahora se le caen muchas cosas al suelo.

Él es muy crítico. Ha vivido en Suecia mucho tiempo; en Alemania. Tiene 32 años y cuando ve los salarios en España, las penurias, la excesiva burocratización… Se desespera. Se da cuenta de la situación en la que está la gente joven. Salvo que quisiera contar con nuestra ayuda, que se la ofrecemos y rechaza porque es un cabezota, no se puede comprar un piso. Vive de alquiler en Madrid compartiendo casa con un compañero. Cuando estaba en Suecia y en Alemania vivía solo.

Otra imagen de Ana Salinas.

Otra imagen de Ana Salinas. Amparo García

¿Hasta qué punto le ha condicionado ser mujer en su trayectoria profesional?

Es algo que me preguntan habitualmente en las entrevistas. Claro que me condicionó al principio, cuando mi decisión de no iniciar la carrera internacional. O cuando me quedé embarazada. Ya me avisó mi jefe que no me podía retrasar en la tesis, que lo tuviera en cuenta. Yo no tuve derecho a baja maternal, porque los becarios no teníamos ese derecho. Así que al poco de dar a luz me incorporé.

Afortunadamente, la Universidad poco a poco se ha ido democratizando, pero para mí ha sido muy duro llevar en mi cabeza la vida profesional a tope, en el sentido de aspirar a la máxima calidad y al máximo compromiso, teniendo que llevar también mi organización doméstica. No me quejo de falta de ayuda, pero al final hay muchas cosas que dependen de ti.

En lo que respecta a aspirar a puestos, no me puedo quejar. En los temas que he hecho fuera, la cosa es diferente, porque cuando trabajas a nivel gubernamental… En el mundo árabe ser mujer es un problema.

Me he visto muchas veces desarrollando tareas con países árabes en las que sus representantes se negaban a colaborar porque no querían hablar con una mujer. Recuerdo una evaluación de programas de Naciones Unidas con Túnez, Libia, Marruecos, Argelia, Mauritania. Los representantes de Mauritania no querían hablar conmigo porque no era un hombre, no querían compartir el asiento en el taxi

Pero al final es verdad que te toca hacer quizá más sacrificio que un hombre simplemente porque tienes que demostrar dos veces lo que vales, porque se pone un poco en solfa si realmente tienes la misma capacidad.

Una vez tuve una bronca muy gorda con María Gámez. Yo también he defendido que lo de las cuotas en favor de la mujer era una manera de empezar a darles visibilidad y forzar la inclusión de mujeres en ciertos ámbitos. Pero no siempre se ha promocionado a las mejores. He visto promocionar a las mejor conectadas, que no son necesariamente las mejores desde el punto de vista profesional.

Estoy de acuerdo en que ha sido una forma de abrir camino y que a veces es necesaria esa ayuda para romper ese techo de cristal. Pero a la hora de elegir a una mujer no siempre se ha elegido a la más cualificada.

Eso acaba yendo en detrimento de la mujer. Prefiero competir en igualdad de condiciones con un hombre y que gane el mejor, en lugar de hacerlo con una mujer si no van a tomar en cuenta mi capacidad real y sí otros elementos.

"Yo he defendido las cuotas en favor de la mujer como una manera de empezar a darles visibilidad y forzar su inclusión en ciertos ámbitos. Pero no siempre se ha promocionado a las mejores. He visto promocionar a las mejor conectadas, que no son necesariamente las mejores desde el punto de vista profesional"

Europa ha sido durante décadas una especie de líder ético a nivel mundial en materia de Derechos Humanos. ¿Sigue siendo así viendo situaciones como las de Ucrania, el conflicto con Rusia y Gaza?

Debería serlo y debería esforzarse por seguir siéndolo, pero también creo que tenemos desde hace muchos años una crisis enorme de liderazgo político. Es evidente que ha habido cierta doble moral y que no todo lo que Europa hace lo hace de acuerdo con las reglas del Estado de Derecho, de los derechos humanos o, incluso, de la democracia. Pero si lo deja Europa, ¿quién va a tomar el relevo?

Porque esa conciencia no existe, por ejemplo, en Asia. Yo he estado en Corea, en Japón, en Singapur, en Laos, en Camboya… Y ni siquiera saben lo que son los Derechos Humanos. Creen que es un invento de los occidentales. Si no es Europa, ¿quién va a luchar por ese componente ético?

Estados Unidos, no.

Evidentemente no. Si vamos hacia atrás, como los cangrejos, a una política del sálvese quien pueda, bajo el mandato de un señor de la guerra… Porque es lo que está haciendo Trump últimamente, ser señor de la guerra. En ese caso no sé entonces hacia qué mundo vamos.

Imagen de Ana Salinas, desde la puerta de su despacho.

Imagen de Ana Salinas, desde la puerta de su despacho. Amparo García

Me daría mucha pena. Es verdad que es como predicar en el desierto. Al final muchas veces los alumnos están pensando en el aprobado y no en la sustancia. No me canso de repetirlo en clase, de pedir que sean críticos, de pincharlos, de intentar sacudirles, de escandalizarlos para que reaccionen. Tenemos un componente muy importante que es el de formar personas.

Para mí es muy importante mantener esa presión y ese discurso en clase, dar muchos datos y transmitir muchos hechos para mantenerlos enchufados.

"Los estudiantes están como adocenados; quieren TikTok, quieren 140 caracteres. No quieren más. Si no lees, no conoces, tampoco razonas y cada vez te expresas peor. La expresión se ha devaluado muchísimo"

La de ahora es una materia prima complicada…

Muy difícil. Ellos quieren TikTok, quieren 140 caracteres. No quieren más. Y claro, en el momento en que les pido que lean un artículo de tres páginas… Pero es que si no leen, no conoces, tampoco razonas y cada vez te expresas peor. La expresión se ha devaluado muchísimo.

El primer día de clase les digo a los alumnos que no soy su madre, ni su amiga, ni su confidente… Soy su profesora y no estoy en clase para hacer gracia para que me hagan caso. Les digo que tienen que ser conscientes de que cuando acaben en la facultad, lo de fuera será duro.

¿Cuántas veces ha pensado que se pare el mundo que me bajo?

Muchas veces. Aparte de las clases normales tengo otras responsabilidades. Llevo mil cosas. Y muchas veces pienso, ¿para qué? Ya no necesito méritos. Lo hago por convicción. No me extraña que haya mucha gente que al final dé sus clases y se acabó.