Sebastián Sánchez F. J. Cristòfol

Llamas de hasta 30 metros de altura, pirocúmulos que multiplican exponencialmente el riesgo que supone combatir el fuego, vientos cambiantes sin capacidad de acertar con la predicción… Un conjunto de variables que sumadas todas conforman lo que ha sido hasta la fecha el incendio de Sierra Bermeja. De sexta generación, apuntan los expertos para referirse al mismo. Y esto no es más que una manera de subrayar la peligrosidad del “monstruo” en el que se convirtió durante días.

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“Ayer mismo (el pasado lunes), cuando estábamos en un de los focos, cambió el viento de un momento a otro y tuvimos que salir corriendo porque nos quedábamos atrapados”, describe José Luis, uno de los bomberos forestales que viene participando en la extinción desde la primera jornada.

El episodio descrito viene a reflejar lo impredecible de este fuego, que todos coinciden en que ha tenido un nivel de peligrosidad superior a los recuerdan. “Este es nuestro día a día; no pasa nada más porque Dios no quiere; aunque vayamos a un fuego pequeño tenemos la sensación de que si cambian las condiciones puede ser que no volvamos; casi ni pensamos en ello; tenemos asumido que nuestra vida está en riesgo”, confiesa.

“He estado en todos los grandes incendios de Andalucía, como los de Huelva, pero la agresividad de éste no la he visto nunca”, afirma Francisco, un profesional con 23 años de experiencia en la materia.

“Tan peligroso como éste no he estado en otro; en nada de tiempo se han generado muchas situaciones de riesgo”, apostilla Juan, otro de los operarios, quien expresa: “Nos jugamos, literalmente, el pellejo”.

Aunque coinciden en subrayar que las múltiples variables que han elevado el carácter del incendio, hay que sumar el estado de “abandono de la sierra, que nadie toca”. Particularmente expresivo es José Luis. “El monte está abandonado, hay un abandono del medio rural total”, señala.

A su juicio, esta situación se produce por la inexistencia de planificación de prevención del monte. “Eso cuesta mucho dinero y los políticos no se lo quieren gastar”, afirma. Habla, en concreto, de hacer más cortafuegos, de realizar clareos dentro del monte, una tarea para la que sería precisa más mano de obra de la que se dispone ahora.

Si no se cambia la política forestal y se invierte en prevención, habrá estos incendios siempre; ya no vale con echarle la culpa a que ha sido un incendiario, que esperamos que cojan, porque puede caer un rayo en esta época y se arma lo que ha pasado”, sentencia.

La dejadez denunciada viene a ser confirmada por el catedrático de Geografía Física por la Universidad de Málaga, José Damián Ruiz Sinoga. Este experto hablaba días atrás de la relación de lo ocurrido con el cambio climático. "Es verdad que en un incendio como éste hay muchos factores, como la velocidad, la intensidad, las condiciones meteorológicas, pero otro es la disponibilidad de combustible biológico y ahí entramos directamente con el cambio climático".



"Los suelos están entrando en un punto de marchitez durante más días; la vegetación se agosta, se muere antes de tiempo", precisa, señalando que la vegetación ahora afectada probablemente ya estaba muerta en junio. Esto hace que haya "un exceso de combustible; es una yesca que arde con una facilidad extraordinaria".

Ganadería extensiva

Uno de los principales factores que hacen que haya cada vez más vegetación que sirva como combustible es el abandono de los montes. Una realidad que está directamente ligada con la despoblación rural. La desaparición progresiva de la ganadería extensiva provoca que los suelos acumulen una gran cantidad de vegetación.

La disminución de la cabaña ovina y caprina en muchos lugares está dejando a los montes sin uno de sus principales activos en su limpieza. Asociaciones como Asaja, COAG o UPA abogan por una política de ayudas dirigida a recuperar esta actividad de pastoreo con el fin de facilitarla, evitar la despoblación y, así, mejorar el mantenimiento de los montes.

A la ganadería extensiva también hay que sumar los planes de aprovechamiento del monte que se desarrollan en algunas localidades. En el caso, por ejemplo, de Genalguacil, que durante la primavera de 2021 trabajó en el paraje Los Peñoncillos.

El plan anual de aprovechamiento forestal en el monte público del municipio, es una actuación de limpieza y gestión de la masa forestal que se coordina desde la Consejería de Medio Ambiente de la Junta. Estos planes son vitales en muchos sentidos: en primer lugar, porque crean empleo en época de baja actividad; segundo, porque generan recursos económicos y, por supuesto, porque el mantenimiento del bosque supone minimizar el riesgo de incendio.

Otro caso que sirve como ejemplo es el de Cortes de la Frontera, que lleva años poniendo en marcha una política forestal enfocada a cuidar el monte. El teniente de alcalde de la localidad, José Antonio Zurera, confirmó a EL ESPAÑOL de Málaga que: "Hubo años en los que no se miraba por el monte ni se cuidaba. Hace treinta años hubo un declive, la gestión forestal desapareció. Ahora se está intentando recuperar y se hacen trabajos de desbroce, de prevención de incendios...".

Ayudas públicas

Por otro lado, las ayudas públicas al mantenimiento del monte son, según los expertos, un elemento básico en la gestión forestal. Algo que en Andalucía tuvo un importante parón. Asaja denunciaba en 2017 que el Gobierno andaluz llevaba cinco años sin convocar las ayudas forestales. Ya anunciaban entonces que estas ayudas, destinadas al establecimiento y mantenimiento de sistemas agroforestales o para la prevención y reparación de daños causados a los bosques por incendios, desastres naturales y catástrofes, eran muy necesarias.

El gobierno socialista de la Junta de Andalucía tardó casi siete años y medio en volver a convocar las ayudas para la prevención de incendios forestales. En julio de 2018, en plena temporada de incendios y cinco meses antes de las elecciones autonómicas, Medio Ambiente retomaba estas ayudas rurales.

Asaja denunciaba que aquellas ayudas llegaban "tarde y mal" porque dificultaba los trámites y exigía a los ganaderos y propietarios de los montes una serie de condiciones difíciles de cumplir, según los ganaderos. A eso se le sumaba el dato del porcentaje de ayudas concedidas a Málaga en la última concurrencia: 115.000 euros de casi tres millones de euros dispuestos en 2012 para la prevención de incendios.

Privados o públicos, los propietarios de los montes tienen una gran responsabilidad en sus manos. Los pueblos y los ganaderos o agricultores son los garantes de la buena gestión forestal. En este caso, el 75% de la superficie forestal de Málaga está en manos privadas -incluyendo a los ayuntamientos, según los datos de Asaja, como propietarios privados-.