"Estaba completamente blanco y no tenía fuerzas para salir a flote". Así narra Antonio Jesús Aguayo Ortega el estado de Alfonso cuando se lanzó a rescatarlo. A 80 metros de la orilla se produjo el milagro. Evitó que el mar le arrebatara la vida.

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Aguayo, como le conocen, es oficial de la Policía Nacional de Málaga, aunque es natural de Jaén. Tiene 34 años y el pasado sábado diez de julio estaba fuera de servicio y decidió ir con su familia a disfrutar de un día de playa. Lo que no intuía es que iba a evitar una tragedia. El pasado fin de semana, Pepe, otro compañero suyo fuera de servicio, también ayudó a un septuagenario a salvar la vida.

"Mi mujer estaba en la carpa con el bebé y yo jugando en la orilla con mi hija", narra Aguayo, como es conocido por sus compañeros en la comisaría. Los aterradores gritos de la hija de Alfonso le alertaron. Se tiró al agua y fue en busca de su padre. No se lo pensó.

Antonio Jesús durante el encuentro con EL ESPAÑOL de Málaga.

La playa de la Misericordia, en Málaga capital, fue testigo de un milagro. Un hombre de 62 años se estaba ahogando en mitad del mar. "Estaba dando brazadas y cada vez eran más cortas", explica a EL ESPAÑOL de Málaga. Dejó a su hija en brazos de un amigo y se lanzó a rescatar una vida que se perdía entre las olas.

"No podía salir. La situación era más complicada por momentos". El rescate no fue sencillo. Ondeaba la bandera amarilla y Alfonso se encontraba "a unos ochenta metros de la orilla". Aguayo asegura que le costó llegar por "el fuerte oleaje". Pero lo consiguió.

"Me lo puse contra mi pecho y empecé a tirar de él". La odisea para llegar era solo el inicio de una angustiosa y complicada vuelta a tierra firme. Además, señala el propio Aguayo que la víctima "era un peso muerto. No respondía".

Su vida, en peligro

Recuerda emocionado aquel momento. Le es complicado apartarlo de la mente. "Pudo pasar lo peor". Igualmente, destaca la complejidad del mar y lo peligroso que estaba. "Pude esquivar un par de olas, pero la siguiente nos tiró a los dos". En ese momento, pensó "que también estaba en peligro mi vida".

"Las olas eran cada vez más continuas". Llegando a la orilla, con Alfonso a cuestas, Aguayo temió lo peor. "Yo creía que tampoco salía". El cansancio era "cada vez mayor" para llegar a tierra firme. "No podía. No podía", reconoce.

Por suerte, logró "volver a flote" con Alfonso. Porque "nunca le solté", afirma. Los gritos de alerta de su hija se convirtieron en enormes respiros y palabras de agradecimiento hacia este agente. Sin saberlo, le había hecho el mejor regalo de cumpleaños. El día anterior, Alfonso había cumplido 62 años.

"El día de mi cumpleaños me regalaron vida". Así expresa Alfonso sus sentimientos de aquel rescate. Ha pasado días "en shock", pero subraya que "a partir de ahora contamos de nuevo" los años. Así se lo agradece a Antonio Jesús Aguayo Ortega, su "ángel de la guarda".