Fusiles AK-47. Armas de asalto tipo Skorpion. Granadas de mano. Pistolas y silenciadores. Sillas de dentista empleadas para torturar a narcos rivales. Centenares de miles de pastillas de MDMA. Toneladas y toneladas de hachís y marihuanan. Coches con dobles fondos...

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Son solo parte del material y drogas incautados en las operaciones realizadas por la Policía Nacional y la Guardia Civil en los últimos años. En todas ellas existe un factor común en la sombra y causa cada vez más quebraderos de cabeza a los investigadores: la mafia holandesa.  

"Ellos son los que mandan ahora mismo en el narcotráfico en Europa, tanto en hachís como en marihuana. En esos temas siempre hay de por medio algún clan holandés o marroquí", comentan a EL ESPAÑOL desde la Brigada de Estupefacientes de la Policía Nacional, también conocida como UDYCO Central (Unidades de Droga y Crimen Organizado.

Y España, convertida en el principal productor de marihuana y en la puerta de entrada de toneladas de hachís que viajan rumbo a toda Europa, se ha transformado también en un preciado territorio para esas organizaciones.  

El asesinato del periodista neerlandés Peter R. de Vries, especializado en investigación del crimen organizado, ha vuelto a poner de relieve la virulencia y la predominancia de la mafia holandesa en el continente. También en territorio español, mayormente en el sur del país, el lugar desde el cual estas bandas llevan años asentadas como lugar de retiro y base de operaciones.   

La gran mayoría de las operaciones que hacen la Policía Nacional y la Guardia Civil tienen como principal nexo el Reino Unido y Holanda. Ambos países son los "principales mercados de la droga". Y la Costa del Sol es uno de los lugares en que estas organizaciones se han instalado con mayor frecuencia a lo largo de los últimos años.

Allí se entremezclan grandes fortunas de ricos empresarios o de miembros de casas reales con otras de dudosa procedencia. Es, además, territorio en el que desde hace años luchan entre sí bandas internacionales por el control del tráfico de drogas.

Hace unos meses la Policía Nacional realizó la mayor incautación de la historia de pastillas MDMA. De por medio, una mafia holandesa. EL ESPAÑOL

"El reproche penal les da exactamente igual. Funcionan al margen de los Estados, tienen sus propias reglas y no temen a nada". Son palabras de un mando de la Policía Nacional que lleva años destinado en la lucha contra el narcotráfico. "Están muy fuertes en toto tipo de sustancias", insiste otra fuente especializada.  

Sillas de tortura

Los policías que les siguen el rastro las denominan 'Mocro-mafia'. Están integradas, en su mayoría, por marroquíes de segunda o tercera generación con nacionalidad neerlandesa. Esa conexión con el norte de África es una de sus principales ventajas.

Gracias a sus relaciones forjadas años atrás, los negocios con las organizaciones al otro lado del Estrecho les resultan mucho más sencillos. Empezaron lucrándose con el tráfico de hachís. Después vieron, tal y como apuntan los investigadores, que se podía conseguir mucho más dinero introduciendo alijos de cocaína en Europa. Y empezaron a luchar por los puertos de Amberes y Róterdam (el más grande de Europa). Ahí mantienen ahora el control. 

Son ellos los que hacen directamente los negocios con los cárteles colombianos. Y España, por su posición abierta hacia el Atlántico y sus rutas marítimas, tiene un papel clave. 

Por eso los holandeses se asientan aquí y compran casas. "Les gusta el anonimato", insisten desde UDYCO Central. Así como en los últimos años se aglomeraban en esas grandes y lujosas urbanizaciones de la Costa del Sol, los agentes están empezando a detectar que se van desplazando a otras regiones españolas.

"Necesitan las infraestructuras que hay aquí, porque es un punto de paso", apuntan esas fuentes. Una vez la introducen todo el material se almacena en las llamadas "guarderías". No pasa mucho tiempo en esos depósitos. Pronto se desplaza todo el material hacia Holanda, desde donde distribuyen a toda en Europa y a muchos lugares del mundo.

Actúan con gran violencia. "No tienen respeto ninguno por la vida. No tienen problema en cargarse a un tío en territorio español o en cualquier otra parte del mundo. Otra cosa es que lo ejecuten ellos directamente", explican las mismas fuentes.

A principios del pasado verano, una investigación de la Policía holandesa en la que colaboró directamente la Policía Nacional terminó con el hallazgo de siete contenedores insonorizados. Seis de ellos los utilizaban a modo de prisión. El séptimo, con esposas colgando del techo y una silla atornillada al suelo, era empleado como cámara de tortura.

Sillón de torturas en el interior de un contenedor insonorizado. E. E.

Líderes de la síntesis

También en cuanto a drogas sintéticas son los líderes a nivel mundial. Nadie rivaliza con ellos en esa materia. Tanto es así que a principios de este año, esas organizaciones se vieron involucradas en la mayor incautación de drogas de síntesis nunca realizada en España. 

Las cifras de aquellos registros en la llamada Operación Mühlberg a lo largo de las tres fases de la investigación fueron astronómicas: 827.000 pastillas de MDMA (200 kilogramos), 76 kilogramos de sulfato de anfetamina(speed), 39,5 kilogramos de cristal, 217 litros de anfetamina líquida -con una capacidad de producción de 738 kilogramos de speed-, 310 kilogramos de hachís, 89 kilogramos de marihuana, 2.000 dosis de LSD, cocaína rosa...

En aquel operativo los investigadores descubrieron el trato que realizaban los holandeses con sus socios españoles. El clan enviaba grandes cantidades de hachís y marihuana, procedentes de Málaga y de Barcelona, para venderlas en Holanda y en el Reino Unido.

Una vez entregados en Países Bajos se aprovechaba el viaje de vuelta de esos mismos camiones para transportar centenares de miles de litros de productos para fabricar drogas sintéticas en suelo nacional.