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Paco Caro, hijo del fundador Isabelo.jpg Fernanda Villavicencio EE

Sociedad

Paco gestiona la heladería de 80 años con la mejor leche helada con canela de Madrid: "Vienen de otros pueblos a probarla"

La heladería, que lleva el nombre de su fundador, sigue siendo un refugio para el verano en Aranjuez.

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Las claves

Las claves

La heladería Isabelo lleva en Aranjuez desde 1944, fundada por Isabelo y gestionada hoy por la tercera generación familiar.

Sus helados tradicionales, como la vainilla, nata, chocolate y turrón, siguen siendo la base del negocio, apostando por recetas de siempre frente a modas pasajeras.

La leche helada con canela es el producto estrella, atrayendo a clientes de otros pueblos que buscan este sabor único y tradicional.

El trato cercano y familiar ha convertido a la heladería en un punto de encuentro y referencia en los veranos de Aranjuez.

El verano ha pisado el acelerador en las calles de Aranjuez desde hace ya muchos días. Los árboles apenas sirven como sombrillas improvisadas para refugiarse del calor y la excusa perfecta para hacer una parada en el camino tiene nombre propio: Isabelo.

La heladería que lleva el nombre de su fundador se instaló en 1944 y desde entonces, con cambio de lugar y generaciones, sigue siendo el refugio para enfrentar las altas temperaturas del verano.

El encuentro con Paco Caro, hijo de Isabelo, no es baladí: es en el restaurante Casa Pablo, un lugar donde no hace falta presentarle: aquí le conocen de toda la vida.

Los sabores de Isabelo

Los sabores de Isabelo Fernanda Villavicencio

Entre saludos, bromas y festejos de cumpleaños de su amigo Emilio, Paco empieza a tirar del hilo de una historia que ha heredado, como su pasión por los helados.

"Ya nadie llama a los fijos", bromea Paco nada más comenzar la conversación. La llamada le pilló por sorpresa, pero aceptó recibir a EL ESPAÑOL para compartir la historia de la heladería que lleva más de ocho décadas en la plaza del Ayuntamiento.

Los inicios

Todo comenzó en la España de la posguerra. Su padre, Isabelo, había aprendido el oficio en una pastelería en la que trabajaba en Yepes, Toledo.

Después se mudó a Aranjuez y, junto a su mujer Josefa, Pepita para todos, comenzaron a hacer helados en condiciones precarias, compartiendo cocina y levantando poco a poco un negocio que acabaría echando raíces.

La fecha que la familia conserva como oficial es el 5 de abril de 1944, cuando aparece registrado el primer kiosco: "Era un chamizo de madera", recuerda Paco.

Lateral del kiosco Isabelo

Lateral del kiosco Isabelo Fernanda Villavicencio EE

El nombre original tampoco fue el que lleva hoy la marca. En aquellos primeros años el negocio utilizó otra denominación, hasta que una conocida marca de helados les obligó a retirarla por su parecido comercial: "Tendrían abogados, que en aquella época no los tenía cualquiera", recuerda Paco entre risas.

Fue entonces cuando nació Isabelo, el nombre que ha quedado hasta el día de hoy aunque Paco reconoce, con humor, que probablemente haya nombres más bonitos.

La ciudad, sin embargo, sí ha cambiado.

Paco comenta que el kiosco original se encontraba en una plaza llena de jardines pero en los años 90 pasó a ser un "espacio duro", pensado para actos y mítines.

En esa transformación, el kiosco estuvo a punto de desaparecer: en aquel momento daba trabajo a 14 personas en apenas 50 metros cuadrados. Finalmente, adaptándose al nuevo diseño urbano, pudieron continuar.

Hoy, décadas después, el negocio sigue en pie, aunque con relevo generacional. Paco está jubilado, pero no se ha ido del todo: supervisa, ayuda y sigue presente en el día a día, pero quien lleva ahora las riendas es su hijo Carlos.

Tras la conversación, el paseo de unos minutos termina en el obrador. Allí, entre máquinas y aromas dulces, Verónica toma el relevo y desvela —hasta donde se puede— algunos de los secretos mejor guardados de Isabelo, mientras la vainilla termina de espesarse y por supuesto, es de obligado cumplimiento probar.

Verónica,  en el obrador de Isabelo

Verónica, en el obrador de Isabelo Fernanda Villavicencio EE

Los sabores son los "que llevan décadas funcionando": vainilla, nata, chocolate, turrón o tutti frutti.

"La vainilla hay que saber hacerla", insiste Paco. Y lo dice alguien que ha visto pasar todas las modas posibles. Mientras otras heladerías incorporan sabores cada vez más extravagantes, en Isabelo siguen apostando por los clásicos. "Nosotros tenemos poco espacio para sabores y mantenemos los de toda la vida", resume.

Cuando quisieron expandirse y vender sus helados en bares y restaurantes de la zona, instalando cámaras frigoríficas y compitiendo con grandes marcas del sector, el proyecto no terminó de cuajar y Paco llegó a la conclusión de que la mejor 'receta' es vender los productos que él mismo elabora.

Más allá de los helados, hay otro producto que se ha convertido casi en un sello de identidad: la leche helada con canela. Un sabor que dicen quienes lo prueban, tiene algo de recuerdo y de costumbre, de casa de los abuelos y que termina por hacer volver a más de uno a Aranjuez.

Muchos clientes, algunos convertidos en amigos a lo largo de los años, vienen desde otros pueblos con sus familias para probar la famosa bebida.

Paco se despide de este medio con un "y ya está", asumiendo que es poco lo que cuenta de su historia. Pero la suya es una, entre otras, de las que no necesita adornos: una familia, unos helados y una clientela que, generación tras generación sigue regresando por los sabores de siempre y por un trato cercano, casi familiar, que sigue siendo el ingrediente más exitoso de la casa.