SalvaPV en uno de sus vídeos.

SalvaPV en uno de sus vídeos. TikTok

Sociedad

El "bofetón" para el electricista Salva al emprender en Madrid: "Un sueldo de 2.000€ netos me cuesta nada menos que 3.590€"

Salva, un electricista y tiktoker cuenta en sus redes lo caro que le resulta conseguir que un profesional tenga un buen sueldo. 

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M.T.
Publicada

Las claves

Emprender en Madrid y en España supone afrontar elevados costes laborales y una compleja carga burocrática, especialmente para autónomos y pequeños empresarios.

El electricista Salva, tras trabajar en Alemania, relata que contratar a un oficial de primera con un sueldo neto de 2.000 euros le supone un coste real de 3.590 euros mensuales por impuestos y cotizaciones.

La diferencia entre lo que paga el empresario y lo que recibe el trabajador dificulta ofrecer sueldos dignos y frena la creación de empleo estable.

Muchos autónomos optan por no crecer y quedarse en el autoempleo debido al “gasto oculto” de cada nómina y la dificultad para contratar personal experimentado.

Emprender en Madrid, y en general en España, se ha convertido en un desafío que va mucho más allá de tener una buena idea o ganas de trabajar.

A la incertidumbre propia de iniciar un negocio se suma una estructura de costes elevada, una carga burocrática considerable y un sistema fiscal que muchos pequeños empresarios perciben como poco incentivador.

Especialmente en sectores técnicos y oficios cualificados, donde la demanda de profesionales es alta, el verdadero obstáculo no siempre está en encontrar clientes, sino en poder crecer y contratar sin poner en riesgo la viabilidad del proyecto.

En este contexto, numerosos autónomos y emprendedores denuncian que el salto de trabajar en solitario a crear empleo es uno de los momentos más críticos. Los costes asociados a cada contratación, impuestos, cotizaciones y obligaciones laborales, pueden disparar el gasto real muy por encima del salario que finalmente recibe el trabajador.

Esto genera una paradoja: ofrecer sueldos dignos resulta cada vez más difícil precisamente por el peso de esos costes adicionales, lo que acaba frenando la creación de empleo estable.

Un ejemplo reciente de esta realidad lo ha compartido en redes sociales Salva, un joven electricista especializado en energía solar que, tras ahorrar trabajando en Alemania, ha decidido montar su propia empresa en España.

En uno de sus vídeos, donde documenta el proceso día a día, relata lo que describe como su “primer bofetón de la administración pública” apenas dos semanas después de iniciar su proyecto.

Su intención era empezar contratando a un oficial de primera que actuará como su mano derecha, con un sueldo neto de unos 2.000 euros mensuales, una cifra que considera justa para un profesional cualificado.

Sin embargo, tras reunirse con su gestoría, descubrió que el coste total para la empresa ascendería a 3.590,85 euros al mes.

Es decir, más de 1.500 euros adicionales que no llegan al bolsillo del trabajador, sino que se destinan a impuestos y cotizaciones.

Según detalla, entre el IRPF, las aportaciones a la Seguridad Social del empleado y las de la empresa, el desfase entre lo que paga el empresario y lo que recibe el trabajador resulta “espeluznante”.

Y eso sin contar otros factores como vacaciones, bajas o posibles indemnizaciones. Ante este escenario, calcula que necesitaría facturar alrededor de 6.000 euros mensuales, después de IVA, solo para no tener pérdidas con un único empleado.

Su reflexión conecta con una queja extendida entre autónomos: el problema no es tanto el salario, sino el “gasto oculto” de cada nómina.

Una realidad que, según explica, ayuda a entender por qué muchos profesionales optan por no crecer y quedarse en el autoempleo. Mientras tanto, su alternativa pasa por formar a gente joven, con menores costes iniciales, aunque reconoce que contar con personal experimentado y de confianza se vuelve prácticamente inalcanzable al empezar.