Jorge Bravo junto a su familia el día que nació su noveno hijo.
El policía Jorge Bravo acusa a la izquierda de Parla de no dejarle conciliar con 9 hijos: "Hay monstruos a los que derrotar"
Tras realizar una huelga de hambre, no ha conseguido una solución por parte del Ayuntamiento, que no acepta su cambio de turno.
Más información: Hospitalizado Jorge, el policía de Parla con 9 hijos que llevaba 14 días en huelga de hambre porque no le dejaban conciliar
Hace unos días se encontraba Jorge Bravo a las puertas del Ayuntamiento de Parla reivindicando lo que lleva pidiendo varios meses. Fueron dos semanas en las que no comió nada. Una huelga de hambre "a la desesperada" que, como él mismo dice apesadumbrado, "no ha servido para nada".
"No están dispuestos a darme la conciliación. Me consta que es algo personal", explica a Madrid Total.
Y es que este policía municipal de la localidad madrileña lleva unos ocho meses —desde que nació su último hijo— intentando conseguir un cambio de turno que le permita conciliar su trabajo con la vida familiar con nueve niños.
Sin embargo, todos sus intentos han sido en balde. Está en tiempo de descuento, pues en una semana tendrá que volver al trabajo tras meses en los que ha gastado todos los días libres posibles que le tocaban legalmente: vacaciones y bajas por paternidad.
"No sabemos cómo lo vamos a hacer para organizarnos", cuenta. El problema radica en que, con nueve hijos, necesita estar presente en horario diurno para poder ayudar a su mujer a hacer cosas tan cotidianas como llevarles al colegio o al médico.
Las peticiones
Jorge es la única fuente de ingresos en su casa. Su mujer se dedica exclusivamente a sus hijos y a llevar las tareas de la casa. Por eso, durante el tiempo en que solo eran ocho niños, no habían tenido problema. Fue al nacer su bebé que el policía de 38 años expuso la situación ante la administración.
"Me pareció muy natural y razonable. Nunca les había pedido nada", dice. Su horario normalmente es rotativo: una semana de mañana, otra de tarde y otra libre. Cuando trabajaba, su mujer se encargaba de llevarles y traerles en la furgoneta familiar.
Jorge Bravo, el agente de la Policía Local de Parla en huelga de hambre.
La problemática es que este vehículo solo tiene nueve plazas (ocho más la del conductor). Por lo que, al tener un noveno hijo, alguien tenía que llevar otro coche o quedarse con el que todavía es un bebé en casa para llevar a los otros al colegio o, en caso de emergencias, al médico, por ejemplo.
"Nos ha pasado. El tercero empezando desde abajo se pegó un golpe en la boca mientras yo estaba trabajando y mi mujer no pudo llevarlo al hospital. Con lo cual le pudieron llevar a urgencias a la hora y media de darse el golpe", comenta.
Ante esta situación, la propuesta de Jorge era de hasta "cuatro alternativas". "Podía ser la noche sin la libranza correspondiente -pues es un turno especial con más horas libres-, para que no haya ningún tipo de sospecha de que quiero beneficiarme. O el turno de solape, que se ha hecho en Parla históricamente. También les dije de hacer un turno de tarde fijo y con flexibilidad".
Lo que no se esperaba era encontrarse con la negativa a todas sus propuestas. "Llevo muchos años en la policía y en muchos otros sitios donde trabajan compañeros tienen medidas de conciliación", asegura.
Jorge Bravo con sus nueve hijos.
Llevó el caso a juicio, previsto para octubre. "Pero me tocó un juez que no fue sensible a mi situación familiar ante la medida cautelar que solicité. El Ayuntamiento dijo que si yo tenía dinero para comedor escolar, también tenía de sobra para contratar personal doméstico. Y le compró el argumento".
A raíz de ahí, por "un problema", tuvo que llevar a dos de sus hijos al trabajo en dos ocasiones. Razón por la que le abrieron un expediente disciplinario, actualmente en estudio, por el que le podrían suspender tres meses de empleo y sueldo. "No me los llevé a patrullar en ningún caso. Estuvieron en la comisaría un momento conmigo hasta que mi mujer pudiera pasar a buscarlos cuando acabara con los demás. Es algo que ha sucedido en Las Rozas o en Alcobendas sin que pasara absolutamente nada".
La otra alternativa a barajar era realizar una permuta. Es decir, un cambio de plaza con un agente de otra localidad. "Con un expediente abierto, salir a otro municipio es imposible". Por ello, se reunió con el alcalde, que le "aseguró que ese mismo día lo iban a cerrar". "No cumplió su compromiso, así que las tres permutas diferentes me las denegaron".
"Solo me quedaba la comisión de servicios". Lo que significa que por un año, prorrogable a dos, se iría a trabajar a otro municipio. Algo para lo que se necesita la aprobación de la administración parleña. "Me entrevisté con Villa del Prado. Entendieron mi situación y me elaboraron un turno de conciliación. Estaba contentísimo, pues por dos años tenía una solución. Pero la respuesta de Parla fue que no".
El argumento fue que su marcha suponía "un impacto muy grande en la prestación del servicio". "Hay 150 policías en Parla, 16 más en la academia y otros cuatro que han entrado el mes pasado en régimen de movilidad", señala Jorge.
"En ese momento me di cuenta de que no me quedaba nada". Y fue cuando decidió realizar la huelga de hambre. Sobre todo, impulsado por el episodio de su hijo no pudiendo acudir al hospital. "Ya estamos hablando de la integridad física de mis hijos. Históricamente, todos los hombres de bien han estado dispuestos a dar la vida por su familia. Ahora ya no vamos a caballo ni llevamos lanza, pero sigue habiendo monstruos de muchas cabezas a los que hay que estar dispuestos a derrotar. La administración, en este caso".
Huelga de hambre
"El primer día de mi huelga de hambre me mandan al comisario a decirme que me prohíben hacerla y que si me mantengo, al día siguiente me van a abrir un nuevo expediente", afirma.
En los correos electrónicos recibidos por Jorge a los que ha tenido acceso este periódico, el citado comisario le "ordena" cesarlo, alegando estar realizando "actos o conductas que atentan gravemente contra el decoro y/o la dignidad de los funcionarios, contra la imagen del cuerpo y la consideración debida a la Administración Local".
Jorge en el momento del "síncope" por el que tuvieron que hospitalizarle.
Jorge explica que tiene prohibido hacer huelga, entendida como una interrupción de su trabajo. "Pero en ningún momento he interferido en la prestación de mi servicio. He utilizado mis últimas semanas de permiso de paternidad para realizarla. Tengo todo el derecho del mundo a mi libertad de expresión y, además, en un lugar público".
Tras 14 días "sin ningún movimiento" por parte del Consistorio -aunque con el apoyo de vecinos y amigos-, el agente tuvo que dejar de lado la huelga por un "síncope" que causó su hospitalización por dos días. "Perdí siete kilos, me costaba caminar, levantarme por la mañana... Los últimos días dejé de conducir. Lo duro no es el hambre, sino el resto de los síntomas".
"Pero si no hubiera caído aquel día, yo seguiría". Al acudir al médico, le recomendaron dejar la huelga, afirmando que estaba "poniendo en peligro" su vida. "Las analíticas eran desastrosas y había órganos afectados, sobre todo el hígado". Una semana después afirma que ya está en camino de la recuperación.
Desde el Consistorio parleño alegan que "la concesión de medidas extraordinarias que solicita supondría un agravio comparativo con respecto al resto de la plantilla". "El agente ha sido informado de que chocan contra los derechos del resto del personal municipal en distintas situaciones personales y familiares", han argumentado en un comunicado.
"Creo que es mucho más grave el hecho de que unos niños no puedan ir al colegio o que mi mujer tenga que ir como una esclava", expresa Jorge en este sentido.
Asimismo, afirma que desde el Ayuntamiento le han reiterado "constantemente" que, al haber tenido nueve hijos, debe "buscarse la vida", llegando a sugerirle que lo "hubiera pensado antes o que hubiera abortado".
"Yo soy cristiano y conservador. Todo el mundo lo sabe". Sin embargo, el gobierno municipal de Parla es "todo lo contrario", liderado por Ramón Jurado, del PSOE, formación de izquierdas.
"Mi estilo de vida les genera urticaria. Para ellos, yo tendría que renunciar a lo que creo que es mi proyecto vital. Yo defiendo que tenemos que tener los hijos que el Señor nos mande. Y hay una ley que dice que tenemos que poder conciliar, así que habrá que cumplirla. No estoy pidiendo dinero ni tiempo libre. Lo único que estoy pidiendo es hacer el mismo trabajo, pero en otro horario", apunta el policía.