Ana Canalejas y Bárbara Arroyo, dos estudiantes del MIR de Madrid.

Ana Canalejas y Bárbara Arroyo, dos estudiantes del MIR de Madrid.

Sociedad

Bárbara y Ana, las 'MIR de Ayuso': se quedan en Madrid por "devolverle" lo que les ha dado, pero "no por las condiciones"

Para retener talento, el Gobierno madrileño propone nuevos modelos de turnos mixtos, subidas salariales y estabilidad laboral con contratos de varios años. 

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Las claves

La Comunidad de Madrid impulsa incentivos salariales y contratos de hasta tres años para retener a los MIR y evitar la fuga de talento médico.

Bárbara Arroyo y Ana Canalejas, futuras médicas, quieren ejercer en Madrid por motivos personales y de gratitud, aunque critican las actuales condiciones laborales.

Ambas destacan la importancia de una buena preparación en academias como AMIR y demandan mejoras reales en derechos laborales y conciliación.

Las nuevas medidas buscan fidelizar a los residentes, pero persisten dudas sobre si serán suficientes para garantizar su permanencia en el sistema público madrileño.

La falta de médicos y enfermeros se ha convertido en uno de los principales retos del sistema sanitario madrileño. Con listas de espera tensionadas y centros de salud con dificultades para cubrir plazas, la Comunidad de Madrid ha decidido mover ficha con una batería de incentivos para captar y fidelizar a los residentes que hoy se están formando y que mañana sostendrán el sistema público.

El Gobierno que preside Isabel Díaz Ayuso ha puesto sobre la mesa mejoras salariales, como la subida del 1,5% para MIR y EIR, refuerzo de pluses por guardias y festivos, y la convocatoria bienal de ofertas públicas de empleo para reducir la temporalidad en el Sermas.

A ello se suma la posibilidad de firmar contratos de hasta tres años al finalizar la residencia, con el objetivo de evitar la fuga de talento a otras comunidades o al extranjero.

Una serie de mejoras que llegan en plena huelga de los médicos de toda España que han mostrado el rechazo al acuerdo para aprobar el texto del anteproyecto de ley de Estatuto Marco alcanzado el pasado 26 de enero entre Sanidad y los sindicatos

En este contexto de cambios, dos futuras médicas, Bárbara Arroyo y Ana Canalejas, representan el perfil de quienes han hecho el MIR este enero y tienen claro que su futuro pasa por Madrid.

Aunque no lograran plaza en la capital, ambas aseguran que regresarían tras completar la especialidad en otra comunidad. Sin embargo, ambas son conscientes de las condiciones de los médicos y coinciden en que se deben mejorar. 

Las dos futuras médicas han preparado la oposición en la academia AMIR, un punto que consideran clave en su trayectoria.

Bárbara comenzó a acudir a sus clases en cuarto de carrera, mientras que Ana se apuntó ya en tercero, convencida de que quería encaminar pronto su preparación hacia el examen más exigente de la medicina española.

Ambas coinciden en elogiar la metodología de la academia. Bárbara destaca que "salías con la lección aprendida" y subraya la importancia de los simulacros en condiciones reales para controlar los nervios el día del examen.

Ana, por su parte, asegura que quedó "súper contenta" con la preparación recibida y valora especialmente la estructura y el enfoque práctico de las clases, que le permitieron llegar con seguridad a la prueba.

En cuanto a su futuro, sus caminos apuntan a especialidades distintas. Bárbara, madrileña y graduada en el CEU San Pablo, sueña con Anestesiología y Reanimación y tiene como hospital de referencia el Hospital General Universitario Gregorio Marañón.

Confiesa que está "en el límite" para conseguir plaza en Madrid, pero si tuviera que marcharse, sería con la idea firme de volver. "Quiero devolverle a Madrid todo lo que me ha dado", resume.

Ana, que estudió en la Universidad de Barcelona en el campus del Hospital Clínic de Barcelona, ha redefinido su vocación tras el examen.

Si antes pensaba en una especialidad médico-quirúrgica, ahora tiene claro que quiere dedicarse a la psiquiatría infantil. Su hospital soñado es el Hospital Universitario 12 de Octubre, por la carga social de la zona a la que atiende y su experiencia con jóvenes de barrios como Villaverde. "Encaja con todo mi perfil", afirma.

Sobre las condiciones laborales, Bárbara es tajante. Considera que "no se cuida a los médicos" y critica las guardias de 24 horas: "Si un conductor no puede conducir más de ocho horas por seguridad, no puede ser que un médico trabaje 24 horas seguidas".

A su juicio, no solo es una cuestión de derechos laborales, sino también de seguridad para el paciente. Aun así, valora las medidas anunciadas por el Ejecutivo regional como "un buen comienzo" para retener talento, siempre que se traduzcan en mejoras reales.

Ana comparte el diagnóstico, aunque con matices. Señala que Madrid no es de los lugares donde mejor se paga y cuestiona que, tras seis años de carrera y una oposición tan exigente, una guardia pueda pagarse en torno a 13 euros la hora.

Es crítica con la tendencia que percibe hacia la privatización y sostiene que el talento se retiene con condiciones estructurales estables y conciliadoras, no solo con incentivos puntuales. "Yo me quedo en Madrid no por lo que diga la presidenta, sino por mis razones personales", explica, poniendo por delante a su familia.

En relación con la huelga médica, Ana cree que "sienta un precedente" necesario en un contexto donde muchos profesionales sienten que la situación "no puede ser así".

Bárbara, desde su vocación de ayuda al paciente, insiste en que los médicos asumen que su profesión es dura, pero que eso no puede justificar condiciones que comprometan su salud y la de quienes atienden.

Las dos, en definitiva, representan esa generación que ha superado el MIR con esfuerzo y que quiere ejercer en Madrid por convicción.

Las medidas anunciadas por el Gobierno regional buscan convencerlas de que no solo quieran quedarse, sino que puedan hacerlo en condiciones dignas. La incógnita es si los incentivos serán suficientes para que esa voluntad de volver se convierta en permanencia estable en el sistema público madrileño.