El equipo ATISBO que irá el sábado a Países Bajos para competir en la FTC.
Los 7 súper alumnos madrileños que competirán en Holanda en la 'Champions' de los robots: "Empecé con 6 años"
El equipo ATISBO del Alameda International School son los únicos clasificados para la FTC de toda la Comunidad de Madrid.
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Mientras la mayoría de los adolescentes de su edad piensan en exámenes o en sus planes del fin de semana, siete alumnos de entre 14 y 17 años del colegio privado Alameda International School este viernes están preparándose para volar a Países Bajos a competir con su proyecto en uno de los concursos de robótica más importantes del mundo.
Se trata de la final europea de la First Tech Challenge (FTC), que tendrá lugar este sábado en el American School of The Hague de Wassenaar. Con muchos nervios y emoción, presentarán a su pequeño robot en el que llevan trabajando desde el pasado mes de septiembre, durante varias tardes a la semana.
Se llaman ATISBO #28142 -este último es el número con el que compiten- y se identifican con un lince como emblema, un logotipo diseñado por una antigua alumna del centro que estuvo vinculada al proyecto. Y aunque el equipo apenas tiene dos años de vida, ya han conseguido un hito: ser los únicos clasificados de la Comunidad de Madrid y apenas uno de los cuatro que van de España.
Nacimiento de ATISBO
Detrás de la fundación del equipo hay dos nombres clave: el de Leire, una de las alumnas del grupo, y el de José María Cogollor, el coordinador de Tecnología del centro y ahora mentor encargado del proyecto.
Y es que, como dice el mismo profesor, "los astros se alinearon". "Estuve viviendo un tiempo en Estados Unidos donde me uní a un equipo que se presentaba a esta competición. Cuando llegué a este colegio le hablé sobre ella a José María, que era mi profesor de tecnología en ese momento", explica Leire.
El robot con el que competirán en Países Bajos este sábado.
"Yo justo ya había hablado con dirección para proponer algún tipo de iniciativa de especialización en la parte tecnológica para impulsar el proyecto educativo en este ámbito. Así que cuando Leire me propuso esto pensé: '¿Qué mejor manera?'", cuenta. "Ella me ayudó bastante a crearlo y a seleccionar a esos alumnos que fueron la semilla para crecer".
No fue difícil encontrar gente que se apuntara. "Están muy motivados. A todo lo que sea dotarles de una experiencia más allá de las aulas, se suman sin preguntar. Así que en seguida nos inscribimos". Ficharon a los que más despuntaban en las asignaturas sobre programar, diseñar o construir sistemas de este tipo.
Todos ellos, interesados de alguna manera en la ingeniería y en la robótica. Leire explica que a ella, por ejemplo, le ha gustado "desde muy pequeña". "Mis dos padres son ingenieros y desde siempre me han metido en estos temas. Empecé a hacer cosas extraescolares y a cacharrear con seis años, aunque obviamente de manera menos seria. En Estados Unidos viví una experiencia tan buena que pensé que había que hacerlo en más sitios. Y en España se desconoce bastante".
Ahora, dentro del proyecto de ATISBO, además de la FTC también se han apuntado a otros concursos como el Stem Racing, que se basa en construir un pequeño coche de Fórmula 1, y al Spanish Space Design Competition, en la que una de las alumnas, Valentina, se clasificó recientemente para la fase europea. Este último trata de simular ser pequeñas empresas aeroespaciales para diseñar colonias futuristas y resolver los retos técnicos que se presenten.
La competición: FTC
"Cuando nos enteramos de que nos habíamos clasificado en la final europea [de la FTC], estábamos en el bus volviendo y nos dio igual que estuviera lleno de gente: empezamos a meter gritos ahí mismo. Pensábamos al principio que no y, de repente, le llegó un mensaje a José María de que sí pasábamos", cuenta Diego, uno de los compañeros de Leire.
La FTC es una de las competiciones tecnológicas más exigentes del mundo para alumnos de secundaria y bachillerato. Cada año los organizadores proponen un juego en el que cumplir unos objetivos y en base a eso los equipos tienen que diseñar sus programas y construir un robot que realice esas acciones.
Los alumnos de Alameda International School que irán al FTC de robótica.
"Este año se centra en recoger unas pelotas dependiendo de cada color y dispararlas para encestar", cuenta Leire, explicando el funcionamiento de la máquina que llevarán hasta Países Bajos.
Como explican los integrantes del equipo, el robot se construye sobre una base tipo tanque, es decir, con dos motores que mueven tres ruedas conectadas mediante cadenas. "Para introducir la pelota, usamos un servo conectado a un sistema de gomas y bridas". La pelota se transporta mediante más cadenas y gomas hasta la parte final del robot, que llaman "capucha". Esta sección funciona como un mecanismo de lanzamiento: ruedas conectadas a un motor giran a gran velocidad y permiten disparar la pelota con una trayectoria controlada para encestar.
En el equipo, cada uno tiene su rol. Se dividen, principalmente, en diseño y programación, según las preferencias y cualidades. "Pero luego la construcción la acabamos haciendo entre todos", añade Leire.
Ha sido un trabajo de prueba y error, con algunos intentos fallidos hasta llegar al definitivo. "Tuvimos que rediseñar el lanzador varias veces. El primero, por ejemplo, no tenía la suficiente potencia", explica Diego.
Todo el equipo ATISBO (algunos solo participan en el Stem Racing y en el hackathon Spanish Space Design Competition).
"Es muy importante también que haya buen ambiente. Trabajamos mucho en eso fuera del laboratorio. Al final nos hace funcionar mejor", comenta Oswaldo, otro de los ATISBO. "Una vez en la competición es un ambiente muy estresante. Hay muchísimo ruido, son un montón de robots motores moviéndose, mucha presión... Es una sensación de ansiedad bastante intensa. Entonces, estar unidos como equipo es esencial", añade Unai, que fue uno de los tres que ya estuvieron en la edición anterior.
En aquella consiguieron dos premios, pero no clasificarse para la final internacional. Acabaron los décimos de 25 equipos.
Este viernes, tendrán que desmontar su robot para guardarlo con cuidado en una mochila y transportarlo hasta el país neerlandés donde lo volverán a montar. Y es que, a pesar de que se quedan hasta el domingo, aseguran que no habrá tiempo para hacer turismo.
"Es un horario muy limitado. Tienen que resolver incidencias en tiempo récord. Hay que pensar con la cabeza muy fría y tomar decisiones muy rápido. Cada uno de ellos sabe muy bien qué rol desempeña y como tiene que avanzar conjuntamente", afirma Cogollor.
Si consiguieran quedar entre los cuatro primeros, pasarían a la última fase: la mundial, celebrada en Houston. Para ello, tendrían que acumular puntos que se dan gracias a varios premios. Por ahora, cuentan con el Sustain, que reconoce la sostenibilidad del proyecto a largo plazo, su carácter multigeneracional y, muy especialmente, la labor de mentoría realizada por los alumnos de Alameda hacia el equipo Samejol, del Colegio Santo Ángel de Barcelona.
Su intención es impulsar la creación de un clúster español de FTC. El objetivo es atraer a nuevos centros educativos y profesionalizar la robótica de competición en toda España.
Este sábado, en un pabellón de Wassenaar lleno de robots y motores, siete estudiantes madrileños competirán junto a otros 47 equipos europeos. Saben que ganar es complicado, pero viajan con una convicción clara: "En una competición se aprende viendo cómo otros equipos han resuelto el mismo problema". Pase lo que pase, la experiencia ya es, para ellos, una victoria.