Ara Malikian.

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Ocio Ruta por el Madrid de...

Ara Malikian: "Se quiere hacer creer que los problemas que tenemos son por la inmigración. No estoy de acuerdo"

El próximo 3 de junio dará un concierto benéfico en el Teatro Calderón de Madrid de la mano de Fundación Cadete.

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Las claves

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Ara Malikian destaca la importancia de la autenticidad en la música y su rechazo a seguir modas para alcanzar el éxito.

El violinista, de origen armenio-libanés, reside en Madrid desde hace más de 25 años y valora la multiculturalidad de España y su capital.

Malikian considera que la inmigración enriquece a la sociedad y rechaza la idea de que los problemas sociales se deban a los inmigrantes.

Actualmente se encuentra de gira con su espectáculo 'Intruso' y ofrecerá un concierto benéfico en Madrid a favor de la inclusión de menores con discapacidad.

Ara Malikian (Beirut, 1968) acaba de regresar a la capital de un viaje cuando atiende a la llamada de Madrid Total. Lo hace desde el coche, de vuelta tras llevar a su hijo Kairo a sus clases de teatro. No para. El violinista está inmerso en su gira Intruso, que recorrerá durante todo el verano distintas ciudades de la geografía española.

León, Cádiz, Alicante, Las Palmas de Gran Canaria, Barcelona... De este a oeste y de norte a sur. Algún concierto lo tiene incluso fuera de España, en Suiza y Bulgaria.

De hecho, uno de los últimos que ha dado fue en Armenia, hace tan solo un par de semanas. Es el país de sus orígenes. De allí eran sus abuelos, quienes sufrieron el genocidio armenio a principios del siglo pasado. Así llegaron al Líbano, donde nació su padre y, posteriormente, él.

Aunque su historia de vida no fue fácil: su infancia estuvo marcada por la guerra civil que se instauró durante esos años en el país, entre bombardeos y refugios antiaéreos.

Tras una vida "nómada", como él mismo la define, en la que se fue solo a Alemania a los 14 años para estudiar violín en la Hochschule für Musik und Theatre Hannover y, posteriormente, ampliar sus conocimientos en la Guildhall School of Music and Drama de Londres, se asentó finalmente en España. Concretamente, en Madrid.

En la capital lleva afincado desde hace más de 25 años. En esta vive con su mujer, la cineasta Natalia Moreno, y su hijo de 11 años.

Es en Madrid, además, donde pasó del foso de los músicos en el Teatro Real a llenar este templo y otros muchos igual que una estrella del rock. Sobre todo, a raíz de su gira 15 (en 2015) en honor a los años que llevaba en España. Una de las más grandes de los últimos años y un éxito de público.

Y será en esta ciudad donde haga una paradita en su tour el próximo 3 de junio para aterrizar en el Teatro Calderón de la mano de Fundación Cadete. Un concierto benéfico cuya recaudación irá íntegramente destinada al proyecto 'Ningún niño sin tratamiento por falta de recursos', centrado en la inclusión social, el apoyo a familias y el desarrollo personal de menores con discapacidad.

Pregunta.- Los últimos años se dice que géneros como el reguetón están dejando atrás a artistas de otros estilos musicales. Pero usted sigue llenando teatros por todo el mundo con un violín. ¿Cómo se explica eso?

Respuesta.- Tampoco sé lo que hago para que me vaya bien. Y no siempre me va bien; también me ha ido mal. Pero yo creo que lo más importante para un artista es ser auténtico y no seguir las modas.

Yo llevo prácticamente desde los 12 años viviendo de esto y he pasado por todo: desde la calle, orquestas, bandas, en bares y restaurantes, en bodas y hasta los mejores auditorios, teatros y estadios. He hecho de todo y lo bonito es que al final me doy cuenta de que hoy en día ya ni siquiera lo hago por ambición. Lo hago porque creo que la música transforma a las personas. La música sana.

Yo he llegado a tocar porque necesitaba dinero, porque tenía que sobrevivir, porque necesitaba demostrar mi arte y por ambición y por ego. He pasado por todas esas fases. Y ahora lo que me queda es tocar para sanar.

Ara Malikian en concierto.

Ara Malikian en concierto.

P.- ¿No siempre le ha ido bien?

R.- Bueno, yo ahora me siento un afortunado. Vivo de esto y vivo muy bien. Y encima decido yo cuándo y cómo toco. No dependo ni de multinacionales ni de discográficas. Nadie me impone lo que tengo que hacer y eso se lo debo a un público fiel.

Después de un tiempo te das cuenta de que la carrera se hace por tu público, porque te conoce y se emociona. Si yo ahora dijera que voy a hacer lo que funciona, estaría equivocado. Pero a veces fracasas, sí. A veces haces cosas que no funcionan muy bien. Y ese es el mejor aprendizaje.

P.- Pero usted se caracteriza por hacer mezclas que parecen imposibles, como lo clásico con el flamenco, melodías orientales o el rock. ¿No cree que la música clásica también necesita reinventarse para sobrevivir hoy en día?

R.- No, lleva existiendo desde hace cientos de años y seguirá existiendo otros miles.

En realidad, la palabra 'funcionar' no me gusta. Yo no considero que lo que hago es funcionar, porque funcionar es fácil. Puedes tocar cualquier tema con cualquier estilo. Eso es algo que no cuesta. Pero en toda mi carrera, a raíz de viajar tanto, a raíz de trabajar en tantos ámbitos diferentes, he tenido la suerte de conocer músicos de todas partes, de todos los estilos, de todos los tipos, y siempre me han interesado.

Por ejemplo, cuando yo llegué a España, descubrí el flamenco y me enamoré de él. Entonces empecé a investigarlo y empecé a tocar cosas más flamencas y a vivir la vida flamenca. Eso para mí era lo importante. No tocar Mozart por bulería. También, pero como un experimento, yo digo un poco fallido. A mí del flamenco lo que más me gustó es la esencia, no solo simplemente tocar algo flamenco. Es sacar algo más que unos ritmos.

P.- ¿Considera que su estilo se basa un poco en la experimentación?

R.- Me gusta. Hay que experimentar. Pero también me gusta jugar con descubrir. Nunca he pretendido ser un experto en todas las músicas que tocaba. Siempre lo he hecho a mi manera.

P.- ¿Se atrevería entonces con algo tan distinto como el reguetón o una colaboración con Bad Bunny? Ahora que está tan en boca por sus conciertos en Madrid.

R.- Por supuesto. No es la música que más me flipa, pero la respeto. Hay mucha gente a la que le gusta mucho el reguetón. Yo tengo ratos en mi vida: mis gustos van y vienen y cambian.

Al principio era muy clásico; luego, no sé si por rebeldía o por curiosidad, me metí en muchos otros estilos. Y ahora estoy volviendo a lo clásico. Me fascina lo clásico. Yo he estudiado esto, he analizado todos los grandes compositores y todavía, cuando lo pienso bien, es la música que más me emociona.

P.- Su infancia no fue muy fácil. ¿Cree que si su vida hubiera sido diferente, sin haber pasado por todo aquello, hoy no sería el músico que es?

R.- Puede ser. Yo a los 14 años me marché del Líbano a Alemania. Yo solo, sin mis padres, sin amigos, sin conocer a nadie. Y lo único que tenía era mi violín. Lo único que tenía era saber tocar el violín. No es que a mí me enamorase el violín en ese momento. Sí, me gustaba, por supuesto, pero yo me di cuenta de que era mi única manera de sobrevivir, de ganarme la vida y hacerme mi hueco en la sociedad.

Si no hubiera vivido estas dificultades en mi vida, quizás no hubiera tocado el violín. Es muy probable que no. Y es verdad que también para la creación de mis temas, mis momentos más inspiradores, cuando me sale mejor y más fácil componer y crear algo, son cuando estoy en momentos difíciles, en momentos de duda, de no saber dónde voy o cómo hacerlo. Esos son los momentos más creativos artísticamente.

P.- ¿Y cómo llegó el violín a su vida?

R.- Mi padre se empeñó en que yo tocase el violín. Mi padre era un obseso del violín. Le encantaba. Él lo descubrió muy tarde y él hubiera querido ser violinista. Entonces todo su amor y su afán de serlo me lo contagió a mí.

Fue muy pesado conmigo, porque me obligaba a estudiar horas y horas. Y yo no quería. Yo quería ir a jugar con mis amigos. Pero hoy en día se lo agradezco, porque gracias a su empeño y su terquedad, me ha regalado un oficio que me ha hecho muy feliz en la vida.

P.- De hecho, acabó en Alemania por una beca del Gobierno alemán gracias a que un director de orquesta (Hans Herbert-Jöris) lo escuchó.

R.- Al final hubo un error administrativo; como todavía no había cumplido 18 años, no me la podían dar, y los primeros años tuve que buscarme la vida. Pero me la gané bien, tocando en bodas o eventos. Gané más dinero que si hubiera tenido la beca. Fue suerte.

P.- Aun así, estaba lejos de casa. Sin sus padres...

R.- Sí. Yo fui a Alemania como un inmigrante, como un refugiado. Y tal como está hoy en día la situación con los refugiados, yo era muy afortunado, porque a mí en el momento en que me vine a Alemania, aunque fueron difíciles los primeros meses con el tema de los papeles, me ayudaron. Tuve la suerte de tener papeles, pude estudiar, tener ayudas, trabajar legalmente...

Luego, en los años 90, mis padres también dejaron el Líbano y fueron a Francia, a Marsella. A partir de ahí yo ya pude volver a verlos. Pero durante seis años, no podía, y les echaba mucho de menos, obviamente.

P.- Ahora es conocido internacionalmente como un virtuoso del violín. ¿En esa época de estudiante ya despuntaba entre sus compañeros?

R.- En aquella época me di cuenta de que la única manera de hacerme un hueco en el mundo de la música era estudiar a muerte. Estudiaba como un loco entre 10 y 12 horas al día. La verdad es que empecé a hacer concursos y a ganarlos, y de ahí conseguía conciertos. Así que me ha ido bien. Pero nunca tuve una estrategia. No era premeditado. Hacía lo que me venía y tuve mucha suerte.

P.- Decía antes que le inspiran los momentos difíciles. ¿En qué se inspira ahora?

R.- Sí, un poco de todo. Me inspiro, obviamente, en las vivencias que he tenido, mis viajes... Las rupturas, no solo rupturas emocionales, también rupturas con un país, como cuando dejé Alemania o dejé el Líbano. Eran momentos donde tenía mucha nostalgia.

Y, obviamente, hoy en día, pues me inspira mucho mi familia y, en especial, mi hijo. Últimamente, casi la mitad de los temas están inspirados en mi hijo.

Ara Malikian.

Ara Malikian.

P.- ¿Su hijo también quiere ser músico? ¿Seguir sus pasos?

R.- No, él tiene otras cosas. Es también muy artista. Y su madre también es muy artista. Es como un híbrido de los dos. Y yo creo que nos dará mil vueltas y hará lo que le gusta. Es un creador y creará muchas cosas, seguro. Pero músico no quiere ser.

P.- Aunque está ya asentado en España, concretamente en Madrid, sigue recorriendo el mundo con sus giras. ¿Cómo se compagina esa vida todavía un poco nómada con la vida familiar?

R.- Es muy difícil, echas mucho de menos a tus seres queridos y las giras son muy duras: son muchas horas de viaje, muchas horas de hablar por teléfono...

A mí las giras muy largas no me gustan y no las hago por eso. Hago conciertos durante todo el año, pero en un ritmo más medido. Toco los fines de semana, así durante la semana puedo estar con mi hijo y así hay un equilibrio. No me gusta estar mucho tiempo fuera de casa.

P.- Supongo que es diferente desde que se es padre, ¿no?

R.- Sí, es verdad que yo durante mucho tiempo, y aunque siempre me ha gustado vivir en Madrid y considero que Madrid es mi casa, he viajado mucho y viajaba mucho, pues siempre decía que yo no tengo casa. Me sentía en casa en cualquier lugar del mundo.

Pero es verdad que en el momento en el que tienes una familia, tu corazón tiene ganas de volver a donde está tu familia. Y entonces te das cuenta de que ahí por fin estás en tu casa. Y mi casa es mi familia, que está en Madrid. Es verdad que en Madrid me siento muy en casa.

P.- ¿Qué le hizo finalmente quedarse en España?

R.- Muchas cosas. Desde que dejé el Líbano, llevaba viviendo 15 años en el norte de Europa: en Alemania, Inglaterra, Francia... Y cuando descubrí Madrid, pues aparte de que me gustó la calidad de vida y el estilo de vida, también me encontré con mis raíces mediterráneas. Me sentía a gusto aquí.

También me encontré artísticamente. España es un país donde hay una ida y vuelta de cultura que ningún otro país, probablemente del mundo, tiene. Aquí tenemos la cultura española, por supuesto, y la cultura mediterránea; y también está muy presente la cultura oriental, está muy presente la cultura occidental...

Pero también tiene un puente hacia Latinoamérica muy fuerte y mejor que cualquier otro país del mundo, especialmente de Europa. Entonces aquí hay una mezcla de culturas que ningún otro país tiene. Y eso para mí, para un artista, es muy, muy, muy importante. Aquí descubrí todo. Lo había todo.

P.- ¿Cree que a veces se olvida lo que pueden aportar quienes llegan de otros países?

R.- Absolutamente. A mí siempre me entristece. A ratos me enfada también, porque hay mucha desinformación sobre los inmigrantes que vienen a España. Yo creo que la inmigración no es un problema. Los que vienen de fuera no son un problema para nuestra sociedad. Al revés. Yo creo que es una manera de crecer como sociedad, de aprender...

Yo creo que hoy en día se quiere hacer creer que todos los problemas que tenemos en nuestra sociedad son por la inmigración. Obviamente, yo no estoy de acuerdo, si no, no estaría aquí.

P.- ¿Para usted España es el mejor sitio para vivir?

R.- Yo creo que España es definitivamente el mejor sitio para vivir, sí. Según los gustos, puede tener sus defectos, igual que cualquier otro país del mundo. A mí, con mis gustos, yo creo que se vive muy bien en España.

P.- ¿Y Madrid? ¿Por qué lo eligió finalmente como su hogar?

R.- Fue el primer lugar al que vine y yo creo que fue la mejor decisión. Luego me enamoré de Madrid: es una ciudad muy hospitalaria, es una ciudad muy alegre, con mucha luz... Es una ciudad donde considero que hay una multiculturalidad muy importante, que para mí es primordial.

Y luego, claro, en Madrid conocí a mis seres queridos. Yo creo que una ciudad cambia mucho según las personas que conoces. Y aquí conocí a mi familia, conocí a mis amigos y ahora son parte de mi vida.

P.- ¿Qué zona siente más suya?

R.- Yo durante 20 años he vivido en el centro: primero en Chueca, luego en Malasaña y en Lavapiés. En el centro. Y ahora con mi hijo nos hemos alejado un poco. No a las afueras, pero más en la zona del Parque de Berlín.

El violinista Ara Malikian en concierto.

El violinista Ara Malikian en concierto.

P.- Es cierto que el centro es también una de las zonas más masificadas de Madrid. ¿Eso influyó en su decisión de marcharse? ¿Es quizá lo que menos le gusta de la ciudad?

R.- No. De hecho, me encanta pasear por el centro. Es lo que más me gusta, pasear sin rumbo y dejarme caer en cualquier sitio, tomar algo y seguir caminando. Pero yo creo que para vivir, especialmente vivir una vida más familiar, es mejor una zona más tranquila.

P.- Hace poco volvió a Armenia, su país de origen. ¿Cómo se siente cada vez que regresa?

R.- No es mi país de infancia, pero es mi país de cultura. Yo soy un armenio de la diáspora de tercera generación. Nosotros siempre mantenemos nuestra cultura, mantenemos nuestro idioma, nuestra música... Yo conozco la historia de mis abuelos y la historia de mi pueblo. Entonces, siempre volver a Armenia es volver a algo que siempre me han contado, pero que no la había visto.

Yo descubrí Armenia muy tarde, a los 40 años. Y siempre es un lugar emocionante, porque es el lugar de mis ancestros, pero al mismo tiempo me siento muy cercano, porque lo conozco todo de ahí.

Ahora que ya puedo viajar a Armenia regularmente, pues voy a menudo y me inspiro de esta tierra, de su historia, y siempre es un lazo que tengo con mis padres y mis abuelos.

P.- Al Líbano también ha vuelto alguna vez, ¿no? En 2017 fue su primera actuación allí en más de 35 años.

R.- Sí, he vuelto de vez en cuando. Es verdad que ahora tiene una situación muy difícil, que me da mucha pena, porque los libaneses han sufrido muchísimo. Los últimos 30 años, 40 años, llevan sufriendo guerras. Guerras ajenas a lo suyo; a su país. Y tener que soportar agresiones a sus tierras, sus casas, sus negocios...

El del libanés es un carácter muy peculiar: se dice siempre que mil veces les puedes matar y mil veces vuelven a resurgir de sus cenizas. Y ahora otra vez están bajo un exterminio y seguirán, seguirán vivos.

P.- ¿Tiene esperanza de que algún día pueda volver a un Líbano en paz?

R.- No se puede vivir sin esperanza. La verdad es que el panorama pinta mal, porque hay mucha injusticia en el mundo donde, por hipocresía, se hace como si no pasara nada. Y todos, incluido yo, miramos como si ya fuera normal. Creo que hasta a veces perdemos la moral. Perdemos nuestra humanidad. Ver cómo se extermina o que un régimen pueda hacer lo que quiere sin que la opinión occidental diga nada. Y le deja hacer, por razones económicas, por razones políticas o por razones que interesan a un país u otro.

Pero es muy duro y muy triste de ver. Además, para mí, que soy de allí, es difícil verlo.

Le Petit Garage

En el concierto del próximo 3 de junio presentará su espectáculo Le Petit Garage. Se trata de una adaptación de su disco y tour Royal Garage para las limitaciones de aforo durante los años de pandemia. "Es un formato más pequeño, con solo violín y piano, pero que a mí me gusta. Son dos instrumentos que se complementan a la perfección", explica.

Unas composiciones que nacen de su "relación con los garajes": "Empezó en 1976, cuando estalló la guerra del Líbano. En el mundo entero, las bandas más modernas ensayaban en garajes, sacaban de ahí sus sonidos y creaban un estilo que cambiaría la historia de la música, y yo no me quería quedar sin formar parte de esa movida. Yo tenía diez años y mi padre me decía para convencerme: 'Vamos, hijo, bajemos al garaje, vamos a montar una banda de rock como la de los Rolling'. Mi banda no tenía tanto rollo como la de ellos, yo no me codeaba con Keith Richards o Mick Jagger. A mí me esperaba mi tío Nono con una trompeta abollada, mi vecino con una botella de anís y mi abuela con una mandolina... Después viví otros garajes: los alemanes, los ingleses, los parisinos, los españoles… Parece que estoy predestinado a ellos; me pasan cosas fascinantes en los garajes".

P.- Ara, con todo lo que ha conseguido, ¿qué le queda todavía pendiente?

R.- Vivir la vida. Disfrutar la vida. Estar. No hay que tener mucha ambición en la vida. Hay que tenerla cuando eres joven y quieres conseguir cosas. Pero yo creo que después de llegar a una edad, tener mucha ambición quizás no es muy sano.

Ahora quiero estar, quiero disfrutar, quiero disfrutar la música, quiero disfrutar de mi entorno, quiero hacer música disfrutando, quiero hacer música para que la gente disfrute y no mucho más. Y seguir girando, pero de otro modo más tranquilo y más sano.

En los últimos dos o tres años tuve una enfermedad grande y esto también me hizo pensar muchísimo y me hizo reflexionar. Y, por supuesto, lo más importante es la salud.