Luis Cortés, en su visita a Madrid.

Luis Cortés, en su visita a Madrid. Cristina Villarino EL ESPAÑOL

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Luis Cortés creció entre "gitanos", trabajó en el campo y ya triunfa en toda España: “Me beneficia ser negro y flamenco”

El 18 de abril, con prácticamente todo vendido, cerrará con éxito su gira 'Corazón negro' en el Palacio de Vistalegre.

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Las claves

Luis Cortés, cantante nacido en un barrio marginal de Valencia, ha triunfado con su mezcla de raíces gitanas, africanas y flamenco.

Creció rodeado de flamenco y grabó su primer sencillo a los 17 años, lo que le llevó a firmar con una discográfica independiente.

Con dos discos en el mercado, ha llenado salas importantes y colaborado con artistas como Camilo, acumulando millones de reproducciones.

Asegura que su identidad como "negro y flamenco" le ha beneficiado en su carrera y ha podido jubilar a su madre gracias a su éxito musical.

Luis Cortés, de primeras, podría ser, por su atuendo (zapatillas y pantalones anchos, chaqueta vaquera....) muchas cosas. “Trapero, rapero” o, quizás, estrella del “reggaetón”. Pero no. Él es “gitano”, “negro” y “flamenco”. Y a mucha honra. Porque esas son sus raíces y no está dispuesto a olvidarlas ni a esconderlas. Son parte de su esencia, de su historia, la que lo ha catapultado como uno de los fenómenos musicales del año, a punto de finalizar la gira de Corazón negro en el Palacio de Vistalegre el 18 de abril con prácticamente todo vendido.

“Por ahora no tengo nervios”, reconoce en esta charla con EL ESPAÑOL. Pero, al mismo tiempo, no puede negar la evidencia: es lo más “gordo” que ha hecho, lo “más top”. Y eso que, desde que empezara a cantar, todo lo que le ha ido sucediendo es tan sorprendente como su propia vida, digna de un largometraje, quizá incluso de Goya —o de Oscar, por qué no—.

Nacido en un barrio marginal de Valencia como el segundo de cuatro hermanos, de madre gitana y padre “africano”, Luis Cortés creció entre “gitanillos” y grabó su primer sencillo cuando tenía tan solo 17 años. No le hizo falta más. Aquella canción se viralizó entre amigos y familiares y acabó llegando a una discográfica independiente. “Me llamaron y yo al principio no quería saber nada”, confiesa ahora.

Luis Cortés.

Luis Cortés. Cristina Villarino EL ESPAÑOL

Pero lo cierto es que lo convencieron y, desde entonces, con dos discos en el mercado (Dolores y Corazón negro), se ha convertido en uno de los artistas revelación del año —aunque siga viviendo en la misma casa donde lo criaron su madre y su abuela—. Incluso, ha grabado con Camilo Desamarte, canción que ya acumula 2,2 millones de reproducciones en Youtube. “Ahora toca hacer un poco el gamberro”, bromea, en referencia al concierto de Vistalegre.

P.—No sé si me interesa más su historia o la de sus padres. ¿Cómo se conocieron ellos?

R.—No le he preguntado mucho a mi madre, pero yo me crié solo con ella, que era soltera, en un ambiente gitanito. De ahí me viene lo de cantar flamenco. A mi padre no lo conozco.

Mi infancia la pasé en las 613 viviendas. A la zona se la conoce como ‘los bloques’. Es un barrio marginal de Valencia. Y bueno, allí había gitanitos a punta pala y he tenido toda clase de amigos, pero la mayoría flamencos. Mi madre, además, siempre ha escuchado flamenco. De ahí me viene todo esto.

P.—¿Cómo era su vida en ese barrio marginal?

R.—Muy bonita. Y lo sigue siendo. Le siguen llamando barrio marginal, pero para mí es lo mejor del mundo. Es alegría pura. Me encanta volver ahí y, de hecho, sigo viviendo en la misma casa.

P.—Uno habla de barrio marginal y enseguida piensa: delincuencia, drogas...

R.—Y es todo lo contrario. De hecho, te invito a que un día te vengas a mi barrio y que mi abuela nos haga allí una paella, que lo conozcas y que me hagas una entrevista allí. Verás lo bonito que es. La gente pone etiquetas, pero hasta que no naces ahí no sabes lo que está pasando.

P.—¿Cómo era de pequeño?

R.—Era buen estudiante, pero no me gustaba madrugar. Luego, conforme fui creciendo lo dejé y empecé a currar muy pronto con mis tíos en lo que saliese. Trabajé en la chatarra, en el campo... A veces nos decían: ‘Vamos que nos han dado un campo de naranjas’. Después las vendíamos y nos ganábamos un dinerito. Tenía 16 años y ya me salí de los estudios. Pero era bueno, me comportaba bien (ríe).

P.—¿Sufrió racismo en el colegio o bullying?

R.—Se sigue sufriendo racismo, pero como el colegio estaba en el barrio, allí no había mucho. Sí que me ha pasado cuando he salido de mi zona de confort. A veces no me han dejado entrar en una discoteca o en algún pub. Pero bueno, cuando ocurre eso, les doy las buenas noches y ya está. No te lo puedes tomar a malas. Si no quieren dejarte pasar, no te dejan.

P.—¿Ha visto que haya cambiado esto con los años?

R.—No sabría decirte, pero a día de hoy sigue pasando. Para mí sí ha cambiado, pero sigue habiendo racismo.

Luis Cortés, durante la entrevista con EL ESPAÑOL.

Luis Cortés, durante la entrevista con EL ESPAÑOL. Cristina Villarino EL ESPAÑOL

P.—Hablando de lo musical. ¿Cuándo empieza a escuchar flamenco?

R.—Desde chiquitito porque mi madre siempre escuchaba a La Tana, Niña Pastori, Alejandro Sanz...

P.—¿Y cuándo empieza a querer ser cantante?

R.—A los 17 ó 18. Un día que me aburría, mi coleguita Miguel me dijo que tenía un pequeño estudio en su cuarto. Hicimos una canción y no la subimos a ninguna plataforma ni nada, pero la empezamos a pasar entre amigos y familia y la acabó escuchando todo el barrio.

Con esa primera canción, contactaron conmigo de la discográfica y me dijeron de trabajar juntos. Les gustó algo de mí, quisieron hablar conmigo y hasta el día de hoy.

P.—¿Cómo es ese momento en el que una discográfica se interesa por una canción suya?

R.—Yo no quería. Nunca había pensado en ser cantante. De pequeñito quería ser futbolista, pero conforme fui creciendo ya me hice a la idea de que me iba a quedar trabajando en algo normal y corriente. Pero de pronto llegó la música y me enamoré.

Al principio tenía miedo y me daba vergüenza poder ser cantante y que todo el mundo me viera. No quería perder la privacidad esa que tienes cuando eres una persona normal. Todo eso lo pensaba mucho entonces y la primera vez que hablamos yo le dije que no, que no quería. Pero fuimos hablando, con el tiempo fui al estudio y aquí estamos.

P.—Hablan con usted cuando tenía 17-18 años y saca su primer disco en 2024. ¿Cómo es ese proceso?

R.—Pasan seis años. Y, bueno, es probar, probar y probar. Es un tiempo en el que te vas conociendo, aprendes de la gente que te rodea y finalmente puedes plasmar en un disco cosas que has vivido. Y en 2024, finalmente, salió Dolores. Funcionó muy bien, gustó mucho y ya empezamos a hacer salas chiquititas. Llenamos Razzmatazz en Barcelona, que eran más de 2.000 personas.

P.—¿Se acuerda de su primer concierto?

R.—No se me olvidará en la vida. Tenía una canción sola, Ojalá. Pero nos llamó una persona de Los Palacios y Villafranca (Sevilla) y dijo que quería contratarnos. No teníamos repertorio ni nada. Así que nos tocó hacer covers de canciones que nos gustaban. Fue una locura. Yo estaba muy nervioso, asustado. ¡Mira si soy moreno, pues estaba blanquísimo! Al final salió bien y yo disfruté muchísimo.

P.—¿Qué pensaron en el barrio cuando dijo: ‘Me voy a dar un concierto’?

R.—Todo el mundo veía que yo tenía talento y el único que no lo veía era yo. Todos se pusieron muy contentos.

P.—¿Le ha beneficiado ser negro y flamenco?

R.—Sí, me ha beneficiado ser negro y flamenco. Tú, si me ves por primera vez y no has escuchado nada mío, lo primero que piensas es que hago rap, trap o reggaetón. Y de repente me ves que canto flamenco y te salta la curiosidad por saber más de mí. Así que sí, yo creo que la apariencia me ha beneficiado muchísimo. Creo que es un plus.

Luis Cortés.

Luis Cortés. Cristina Villarino EL ESPAÑOL

P.—Además, su segundo disco se llama Corazón negro. ¿Por qué?

R.—Cuando te pegas un golpe, ¿qué te sale? Un moratón. ¿Y cómo es? Negrito. Y yo siento que de tanto padecer y de tanto sufrir en el mundo del amor se me quedó el corazón negro. Porque en el amor he tenido malas experiencias, no he tenido suerte, la verdad. Y eso es lo que he querido transmitir con mis canciones.

P.—¿Y qué tal le va ahora?

R.—Estoy feliz (risas). Digamos que he aprendido mucho a raíz de lo que me ha pasado. Tengo otro concepto del amor y lo vivo de otra manera.

P.—¿Cómo le ha cambiado la vida ahora que se dedica al 100% a la música?

R.—Personalmente, que vengan a echarse una foto cuando estoy con mi familia de vacaciones o en algún otro sitio. Y luego mi familia. Ahora mi madre ya no tiene que trabajar. Ha sufrido mucho y ahora le toca vivir a ella, que no pudo hacer cosas de joven porque nos tuvo muy pronto a mí y a mis tres hermanos. Ahora me la llevo de viaje, de conciertos... Soy feliz con la vida que tengo.

P.—Ha jubilado a su madre

R.—Sí, ella ha trabajado de todo: de limpiadora, de camarera... Pero el curro que más recuerdo es uno en el que tenía que pelar ajos. Llegaban las cajas a casa, se las llevaba a mi cuartito y la ayudábamos a pelar. Luego metíamos los ajos en bolsas y mi madre los llevaba al mercado para venderlos.

P.—Ha conseguido esto con una discográfica independiente. ¿Eso ayuda o penaliza en el contexto actual?

R.—Me ha ayudado muchísimo. Siento que me cuidan y, además, me conocen desde pequeñito. He hecho con ellos mil viajes, han estado en mi casa... No he tenido otra experiencia que no sea la de ellos. Así que no sabría decirte, pero mi experiencia ha sido de 10.

P.—Y de momento le ha ido bien. ¿Qué le dicen sus tres hermanos?

R.—Ellos no se dedican a nada que tenga que ver con la música. Soy el suertudo (risas). Están contentos por todo lo que me está pasando.