Un grupo de estudiantes, uno de ellos comiéndose una barra de pan de supermercado, en la calle Núñez de Balboa, en los alrededores de su centro educativo.

Un grupo de estudiantes, uno de ellos comiéndose una barra de pan de supermercado, en la calle Núñez de Balboa, en los alrededores de su centro educativo. Mar León

Madrid Capital

Comer barras de pan del 'súper' a bocados, la nueva moda entre los estudiantes del Barrio de Salamanca: "No somos cabras"

Compran este alimento refinado como almuerzo porque es "lo más barato" y las engullen sin nada dentro, mientras caminan por la Milla de Oro madrileña.

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Las claves

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Estudiantes de un colegio elitista del Barrio de Salamanca compran barras de pan del supermercado y las comen a bocados antes del comedor escolar.

Eligen el pan porque es lo más barato y prefieren ahorrar su paga para otras actividades, pese a que no tienen problemas económicos.

Expertos en nutrición alertan de la falta de educación alimentaria en adolescentes y del impacto negativo de consumir solo productos refinados.

Mientras la moda se extiende, algunos jóvenes rechazan esta tendencia y prefieren llevar bocadillos más completos o alimentos variados.

14:00 horas de un día de esta semana. Un grupo de estudiantes de 16 años del colegio privado-concetado Nuestra Señora del Pilar, uno de los centros católicos marianistas más elitistas de Madrid, aprovecha los 30 minutos de tregua antes de entrar al comedor para despejarse.

Ocupan en masa los bancos de las calles Castelló, Núñez de Balboa y Ramón de la Cruz. Mientras unos vociferan bromas con el móvil en la mano, otros se escapan a los supermercados de la zona para llevarse algo al estómago. Compran patatas, chucherías y, cada vez más, barras de pan. Enteras. Sin nada dentro. Y las engullen a bocados mientras caminan por la Milla de Oro madrileña.

"Es lo más barato del supermercado", dice uno de los adolescentes a EL ESPAÑOL, mientras arranca un trozo de su barra refinada frente a la mirada atónita de los viandantes. Aunque él y sus compañeros van a comer en menos de 30 minutos en el comedor escolar, aseguran tener hambre igualmente y por eso compran su propio almuerzo.

La curiosa imagen lo describe Melisa Gómez, nutricionista clínica en pediatría de Nutrikids, como un estado de "desconexión total" con la comida. "Es meramente un trámite para saciar el hambre", explica la experta a este diario. "No hay ningún tipo de educación alimentaria; se busca cubrir una necesidad inmediata sin disfrutar del proceso ni de la combinación de sabores".

"Preferimos guardarnos el dinerillo"

La estampa es paradójica. Nos encontramos en el Barrio de Salamanca, uno de los distritos con mayor renta per cápita de España, pero los jóvenes que estudian en este distrito han optado por el minimalismo del carbohidrato puro.

Una empleada del Mi Alcampo de la zona confirma la tendencia: "Vienen en masa a las 11:00 (hora del recreo) y 14:00 (descanso antes de entrar al comedor) a comprar barras de pan. Solo algunos compran embutido para hacerse un bocadillo".

No es falta de recursos, es estrategia de bolsillo adolescente. "Nos dan paga nuestros padres, pero preferimos guardarnos ese dinerillo para salir luego", confiesa un grupo, con la barra en la mano, sentados en un banco de Núñez de Balboa con Ramón de la Cruz. Dicen que el pan es "lo que más sacia", aunque en apenas media hora tengan mesa puesta en el colegio.

Para Melisa Gómez, este comportamiento revela un problema de fondo: "Ni siquiera saben esperar. Es la gratificación instantánea. Comen un producto refinado, sin fibra ni nutrientes, y luego llegan al comedor sin hambre para ingerir lo que sí es interesante. Dan tres bocados y ya". Además, económicamente hablando "estamos partiendo de una base de que el acceso está, pero priorizan otras cosas a su alimentación. No hacen una mínima inversión para rendir académicamente".

Adolescentes en el "limbo"

A pocas manzanas, en la calle José Ortega y Gasset, la 'resistencia' se toma un helado. "Hoy es un día especial porque hemos ido de excursión, pero solemos traer de almuerzo bocadillos de jamón, sándwtichs o tostadas", cuentan unos adolescentes junto a la plaza Marqués de Salamanca. Al preguntarles por la moda de comer barras de pan, a secas, la respuesta es tajante: "No somos cabras para hacer eso".

Sin embargo, ellos son la excepción en una etapa que la nutricionista califica como un "limbo". Mientras que los niños de 6 a 8 años han vivido el boom de la alimentación saludable, los de 15 y 16 parecen haber sido abandonados en este terreno.

"Vemos que en Infantil ponen menos resistencia a la fruta, pero esta generación está más a la deriva", apunta Gómez. "Las familias viven el reto de la negociación constante con las extraescolares y las tareas, y al final el terreno de la alimentación se abandona porque 'ya son casi adultos. Cómete la barra de pan'".

¿Falta de educación o rebeldía?

Este acto no pasa desapercibido entre los vecinos y viandantes que los ven a diario. "Es algo que me fascina", explica un oficinista mientras observa a un grupo devorar su barra de pan blanco a mordiscos. "¿Qué tipo de educación gastronómica tienen estos chavales que no son capaces de traer algo de casa o buscar algo más sano?".

La respuesta, para los expertos, está en la falta de herramientas. "Hay un vacío tan enorme de educación alimentaria en los colegios", reflexiona la nutricionista. "Alimentar una flora intestinal monótona con trigo refinado a diario puede crear mayores incidencias e intolerancias".

Este medio ha intentado contactar sin éxito con el Colegio del Pilar para saber si son conocedores de estos nuevos hábitos callejeros entre su alumnado. Mientras tanto, en las aceras de la calle Castelló, la estampa se repite cada mediodía: la élite madrileña alimentándose como si el embutido fuera un lujo y el pan de 'super', su mejor secreto para estirar la paga de sus padres.