Papa llegó a España en patera.

Papa llegó a España en patera. Cabify

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Pape, el senegalés que llegó en patera y ya es uno de los taxistas estrellas de Cabify: "Hay que saber el idioma para integrarse"

En España empezó de cero: sin papeles, sin amigos y sin saber el idioma. Tras repartir comida y trabajar en un restaurante chino, ha conseguido rehacer su vida en Madrid.

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Las claves

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Pape Dia llegó a España hace casi 20 años en cayuco desde Senegal, enfrentando un viaje peligroso y la separación de su familia.

Al principio, Pape vivió en Madrid sin papeles, sin dinero y sin conocer el idioma, pero aprendió español y otros idiomas trabajando en diferentes empleos.

Tras trabajar como repartidor y cocinero, Pape se convirtió en uno de los conductores estrella y mejor valorados de Cabify en Madrid.

Pape destaca la importancia de la actitud y la integración, y ha recorrido la ruta entre Madrid y Dakar en tres formas: en mar, avión y por carretera.

Dakar y Madrid están separadas por una distancia de 3.750 kilómetros en línea recta. Un vuelo comercial tarda apenas cuatro horas y media en cruzar esa distancia. Sin embargo, el viaje que trajo a Pape Dia hasta aquí duró una semana entera de incertidumbre, sal y miedo.

Hace casi 20 años, con solo 19 y una mano delante y otra detrás, Pape se embarcó en un cayuco junto a otras 84 personas. Cruzaron el implacable océano Atlántico persiguiendo el llamado 'sueño europeo', esa promesa de una segunda oportunidad. Al destino final solo llegaron 84. El mar se cobró la vida de uno de los pasajeros por el camino; una cifra, un rostro, que Pape, a día de hoy, lleva tatuado en la memoria.

Tras ser rescatado por Cruz Roja y trasladado desde la isla de La Gomera, Pape aterrizó en Madrid completamente solo. El sistema lo separó de su hermano, su compañero de travesía y el único nexo que le quedaba con su hogar, quien fue destinado a Barcelona. Aquel joven senegalés se quedaba a la deriva en el asfalto de una ciudad desconocida.

Hoy, con una energía y un optimismo que curan en silencio las heridas del pasado, Pape Dia se mueve por la capital española como uno de los conductores estrella de Cabify. Detrás de su sonrisa se esconde la historia de un niño que tuvo que hacerse hombre antes de tiempo, transformando la adversidad en el motor de su vida.

Los primeros pasos por Madrid

P.- ¿Cómo fueron tus primeros pasos en una ciudad tan inmensa como Madrid?

R.- Me sentía perdido en los primeros días porque llegué sin papeles, sin amigos, sin dinero y sin idioma. Me tocaba luchar día a día para poder conseguir mi futuro aquí en España, en Madrid.

En la actualidad, este joven senegalés habla cuatro idiomas: wolof, su lengua materna, francés, español y chino; este último aprendido en uno de los muchos trabajos que tuvo antes de ponerse al volante. Sin duda, un contraste abismal con aquel Pape que llegó a un país cuyo idioma desconocía por completo.

Papa llegó a España en patera y ahora está entre los conductores más valorados de Cabify

Papa llegó a España en patera y ahora está entre los conductores más valorados de Cabify Cabify

P.-¿Cómo recuerdas ese proceso de aprender el idioma desde cero y cuánto tiempo te llevó empezar a sentirte seguro hablando español?

R.- Recuerdo ir al supermercado a hacer la compra y que me costaba mucho hacerme entender. Entonces algo me decía que para integrarse en un país tienes que luchar como sea para poder aprender el idioma. Acudía a una asociación los fines de semana para estudiar castellano, pero lamentablemente conseguí un trabajo que no me permitía llegar a tiempo a las clases, pero gracias a la ayuda de Dios he aprendido español sin darme cuenta.

Si hay algo que define a Pape es su capacidad para exprimir cada oportunidad. Tras un tiempo como repartidor, acabó trabajando en la cocina de un restaurante chino. Allí comenzó desde lo más bajo, pero su curiosidad lo llevó a convertirse en chef de comida asiática, ahorrar dinero y conseguir el carnet de conducir.

De los fogones al volante

Dejar la seguridad de la cocina fue otro salto al vacío. Tras aquellos años de sacrificio que hoy evoca con gratitud y una sonrisa, Pape cambió los cuchillos por el volante para empezar de cero en Cabify. El inicio no fue fácil: todavía guarda en la memoria el estómago encogido por los nervios de aquel primer día y el rostro del primer pasajero que confió en él.

P.- ¿Cómo recuerdas ese primer día al volante y a tu primer cliente?

R.- Nunca olvidaré el primer viaje que me saltó en la aplicación de Cabify. Toqué el navegador y me llevó al punto de recogida, pero al llegar allí, como era mi primer día, no sabía cómo deslizar la pantalla para indicar que ya había recogido al pasajero. Me puse nerviosísimo: "Madre mía, ¿qué tengo que hacer?", me decía. Empecé a tocar el móvil por todos lados, arriba y abajo, sin éxito. Por fortuna, el pasajero que subió era un señor súper agradable. Al verme, me dijo: "No, no tienes que pulsar ahí, tienes que deslizar abajo". Lo hice y me guiño: "Dale otra vez". Volví a deslizar y por fin se abrió el mapa con la ruta.

Es un día que jamás olvidaré y siempre doy gracias a Dios por haberme cruzado con esa persona. Con su paciencia y su comprensión, logré dejarlo bien en su destino. Nos despedimos con mucho cariño y ahí, con ese viaje, empezó de verdad mi día a día como conductor en Cabify.

Ahora, casi tres años después de aquel accidentado primer viaje, las cosas han cambiado radicalmente. Pape ya no necesita ayuda con la aplicación; al contrario, se ha convertido en uno de los conductores estrella y mejor valorados de todo Cabify en Madrid. Cuando se le pregunta cuál es la fórmula mágica para ganarse el respeto y el cariño de una clientela tan exigente como la madrileña, él lo tiene claro: el único secreto es la actitud.

P.- ¿Cuáles son para ti las cualidades fundamentales que debe tener un buen conductor y qué es lo que más valoran tus pasajeros?

R.- Para mí hay tres cosas básicas antes de empezar el día: ir bien vestido, tener el coche limpio y que huela bien. Además, hay que conducir con tranquilidad; cuando alguien sube a mi coche tiene que sentir que el servicio es distinto, porque soy la imagen de mi empresa y de Cabify.

Pero por encima de todo está la actitud. Una vez, una compañera me vio llegar a la base con la música puesta, el coche impecable y bajándome del coche bailando, y me dijo: "Pape, esa es tu actitud". E intento que nadie me la quite. Si tengo un mal día, el mal humor se queda fuera. En el coche estás de cara al público y hay que dar lo mejor.

Un conductor de VTC es más que un conductor, es casi un psicólogo. Si el cliente viene enfadado, le ofrezco agua y tranquilidad; si quiere silencio, lo respeto; y si quiere hablar, conversamos. Incluso los fines de semana cambio el ritmo: a los jóvenes que salen de fiesta les pongo una playlist de música española que tengo muy escuchada, se ponen a bailar en el coche y me dicen que soy el mejor. El secreto es saber leer el momento de cada pasajero.

Papa, conductor estrella de Cabify.

Papa, conductor estrella de Cabify. Cedida

Mirar hacia atrás permite a Pape tomar perspectiva de la magnitud de su viaje. Aquel adolescente que arriesgó su vida en el Atlántico y que durmió sus primeras noches en un Madrid que le resultaba ajeno, es hoy un hombre plenamente integrado, respetado y feliz con la vida que ha construido con sus propias manos.

P.- Si pudieras volver atrás en el tiempo y hablar con aquel chico de 19 años que acababa de aterrizar en Madrid, asustado y sin nada, ¿qué consejo le darías?

R.- Le diría que luche, que no se rinda. Que España es un país en el que, si de verdad quieres salir adelante y buscas tener un buen futuro, puedes conseguirlo. Las oportunidades aquí existen si trabajas por ellas.

Quizás el mayor reflejo de ese éxito y de su amor por el volante sea una hazaña que resume su vida entera. Hace un tiempo, Pape decidió recorrer los 3.750 kilómetros que separan Madrid de Dakar, pero esta vez lo hizo al revés: conduciendo su propio coche, en un viaje en solitario que le llevó cinco días de carretera.

Él mismo lo cuenta con un orgullo que emociona: "He hecho la ruta entre España y Senegal por el mar, la he hecho en avión y también la he hecho por tierra, conduciendo yo solo".

Tres caminos distintos para unir sus dos mundos. El chaval que hace veinte años llegó a España escondido en la oscuridad de un cayuco, regresó a su tierra natal cruzando continentes gracias al oficio que hoy le apasiona.

Una historia de supervivencia que empezó en el agua, se consolidó en los fogones y hoy viaja sobre cuatro ruedas por el asfalto de Madrid.