Fuwa Lo y Hui Chen, primera generación de chinos de Usera.

Fuwa Lo y Hui Chen, primera generación de chinos de Usera. Monica Mollá EE

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Los chinos que han levantado el 'Chinatown' madrileño: Fuwa tiene a Carmena en su local y Hui era el único de su clase

Tres décadas después de su llegada, la comunidad china ha hecho de Usera un símbolo de convivencia, trabajo y orgullo madrileño.

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Las claves

Fuwa Lo y Hui Chen son ejemplos de la integración y el impulso de la comunidad china en Usera, transformando el barrio en el conocido 'Chinatown' madrileño.

Fuwa Lo abrió el restaurante Royal Cantonés en 2009, convirtiéndose en punto de encuentro de vecinos, turistas y figuras públicas, y reivindicando la cocina cantonesa tradicional.

La familia de Hui Chen pasó de una pequeña tienda de alimentación a gestionar varios supermercados, representando el crecimiento y consolidación del comercio chino en Madrid.

La asociación china de Usera ha sido clave en la integración, organizando actividades culturales como el Año Nuevo chino y actuando como puente entre la comunidad china y el resto del barrio.

El sol de invierno entra sesgado por la esquina de la calle del Olvido con Julio Merino. El mármol de la estatua del oso panda devuelve una luz fría. El restaurante Royal Cantonés, punto de encuentro de esta entrevista, aún está cerrado; abrirá antes de lo habitual para recibir a este medio.

Durante la espera, una profesora se detiene con su grupo de alumnos frente al local. Se llama Ana García (Madrid, 45) y comienza a explicar las características del barrio.

—¿Usted es de Usera? —preguntamos.

—No soy de aquí, pero vengo a menudo, porque se come genial. Después traduce la misma idea al grupo en lengua de signos. Los chavales continúan su recorrido hacia Nicolás Sánchez, una de las arterias que conducen al corazón del Chinatown madrileño.

Fuwa Lo en su restaurante

Fuwa Lo en su restaurante Monica Mollá EE

Generación 1.5

La persiana del Royal Cantonés sigue bajada. Es temprano y el frío aprieta pese al sol que regala la ciudad estos días. Hui Chen (Lucheng, Zhejiang, 38) aguarda también la apertura: "Yo soy 1.5, ni primera generación ni segunda". Llegó a España con siete años y ha crecido a la par que el barrio.

El señor Fuwa Lo aparece sonriente. Sus primeras palabras son para desearnos Feliz Año Nuevo. Ya dentro del restaurante, manda el rojo. La sala conserva mesas redondas con círculo giratorio para compartir platos, manteles blancos y paneles con motivos orientales.

En una de las paredes cuelgan fotografías de visitas ilustres, entre ellas la de la exalcaldesa madrileña Manuela Carmena y la actriz Carmen Machi.

Los osos de Madrid

En Madrid, los osos también dibujan un mapa sentimental de la ciudad. En la Puerta del Sol, el Oso y el Madroño concentra la iconografía oficial de la capital. En la plaza de Prosperidad, una versión contemporánea de esa pareja preside el barrio y actúa como tótem vecinal. En el parque de Berlín, un oso rampante de bronce homenajea a la capital alemana y a la amistad hispano-alemana.

En Usera, el oso panda de mármol, de unos 500 kilos, donado por la comunidad china, preside la confluencia de la calle de la Pilarica con Julio Merino como mascota oficiosa del Chinatown madrileño, símbolo de arraigo y puente entre dos mundos.


Fuwa Lo tiene 63 años. Nació en Jiangmen (China). Creció con cuatro hermanos y llegó a España en 1990. Dos años después ya estaba en Usera. Era un barrio distinto: "Había muy pocos chinos", recuerda. 

Al principio trabajó como camarero en uno de los tres restaurantes chinos que existían entonces. Estuvo alrededor de un año. Después se hizo autónomo. En 2009 abrió el Royal Cantonés junto a un grupo vinculado a la asociación cantonesa en España.

Fuwa Lo y Hui Chen

Fuwa Lo y Hui Chen Monica Mollá EE

Durante los primeros años la prioridad fue trabajar: "La vida no es fácil al empezar", resume. Tiendas, peluquerías, supermercados. Poco a poco, Usera se fue llenando de actividad. La presencia china dejó de ser una anécdota para convertirse en parte estructural del barrio.

Fuwa tiene dos hijos nacidos en Madrid. Parte de su familia vive en otras ciudades, como Valencia. Nadie ha regresado a China, aunque viaja allí con frecuencia. Habla con gratitud del recibimiento, de los vecinos y del clima social que encontró cuando llegó.

En su restaurante se reivindica la cocina cantonesa: dim sum hecho a mano, asados a la vista. Por sus mesas han pasado vecinos, turistas, grupos escolares, cocineros que acuden a probar carta ajena y familias que han convertido el local en sede habitual de celebraciones.

Fuwa insiste en la idea de que la sociedad madrileña comprenda la mentalidad de trabajo de aquella primera generación china. Llegaron para prosperar y ofrecer un futuro mejor a sus hijos. Las segundas y terceras generaciones están plenamente adaptadas. Antes el idioma era una barrera importante; ahora ya no lo es.

De la tienda al súper

A su lado, Hui escucha y asiente. La etiqueta '1.5' le sirve para explicarse. Ni recién llegado ni hijo de padres nacidos aquí. Aterrizó en España con siete años. En 1994 su familia se instaló en Usera.

Sus padres, ya jubilados, abrieron una pequeña tienda de alimentación asiática, de unos 80 metros cuadrados, con una idea clara: atraer a los chinos que vivían en otras zonas de Madrid para que acudieran al barrio a comprar productos de su país. Al principio viajaban a Francia para abastecerse.

Hui Chen

Hui Chen Monica Mollá EE

Allí se concentraba la gran distribución de comida asiática en Europa. Más tarde se convirtieron en importadores. Hoy la familia Chen gestiona varios supermercados. Hui dirige la gerencia, las compras y la operativa del grupo. Organiza equipos para que el día a día funcione sin sobresaltos.

En el colegio Chen fue el único alumno chino de su clase. Recuerda a una profesora que se sentaba con él después del timbre para ayudarle con el idioma. Ese gesto marcó su relación con la escuela. Creció rodeado de alumnos españoles y fue uno más.

Se emociona cuando habla de sus hijos, tercera generación. Los ve con una mirada abierta, asisten a colegios internacionales. Los apoyaría si quisieran marcharse del país, aunque reconoce que "tampoco estaría mal que continuaran con el legado".

A Hui le interesa la historia de Madrid, las capas que se acumulan en cada barrio y su carácter multicultural. "Estos dos o tres últimos años son los del gran impulso", dice sobre el Año Nuevo chino en Usera.

Antes apenas había desfiles ni atención mediática. Recuerda con cariño un pasaporte de sellos para niños: tenían que ir de tienda en tienda para completar el cuaderno. Una especie de Camino de Santiago en miniatura por el barrio. Hoy esa dinámica ya no existe.

En ese tránsito, la asociación china de Usera ha sido clave. Nació para cubrir necesidades concretas: acompañar a quien llegaba, traducir documentos, organizar actividades. Con el tiempo amplió su radio de acción. Hoy es un actor central en la vida cultural del distrito. Impulsa el Año Nuevo chino, organiza talleres y cursos, y actúa como puente con otras entidades del barrio.

Fuwa y Hui, madrileños de corazón, hablan de décadas de esfuerzo continuado. Observan cómo la presencia cultural china ocupa cada vez más espacio en la ciudad y sienten orgullo.

Los festejos

Este año, el Año Nuevo chino y el Carnaval coinciden en la agenda madrileña. La celebración reunirá a familias chinas, madrileñas y turistas. Todos tienen su espacio en Usera.

EL ESPAÑOL acompaña a Hui Chen que hace de guía improvisado por  las calles del barrio. Carteles en español y chino forman parte del paisaje cotidiano. El paseo termina en el nuevo dragón rojo de la Plaza del Hidrógeno, un parque infantil de veinte metros inaugurado hace apenas unos días.   

De regreso al punto de encuentro, el restaurante del señor Lo ya está a pleno rendimiento. Mientras tanto, el panda continúa ejerciendo de guardián simbólico de este enclave cada vez más madrileño.