La semana que viene un grupo de directivos del sector público dominicano cursarán su semana internacional en el programa PLGP en el IESE.
Dentro de sus actividades discutirán sobre un caso primicia sobre la implicación del ejército español en la defensa del medio ambiente de nuestro país.
No se trata sólo de la conocida actividad de la UME, una de las unidades militares más estimadas por la población. Tanto en materia de incendios forestales como de todo tipo de catástrofes naturales.
En el caso, la teniente de la reserva Dª Trinidad Yera, presenta al general director del DIGENIN (Dirección General de Infraestructura) cómo las actividades del ejército español han contribuido al mantenimiento de especies vegetales y animales en peligro de extinción.
Es una consecuencia de la preservación de miles de hectáreas dedicadas a las maniobras militares.
Por cada 1000 hectáreas de esas reservas militares, la biomasa viva y muerta absorberán hasta el año 2030 unas 140,000 toneladas de CO2
Estas superficies han funcionado como espacios naturales protegidos de la especulación urbanística, la caza agresiva y la agricultura intensiva. Gracias a esta protección se están salvando especies en peligro de extinción.
Pocos españoles son conscientes de esta aportación del ejército a la ecología del país.
De hecho el caso plantea el dilema de si es, o no, aconsejable para el ejército español exponer esta aportación a la opinión pública.
La discusión en la clase concluye que, además de aconsejable, es necesario. Los españoles deben conocer todos los aportes que el ejército hace al país de manera completa.
Porque, sobre el indudable aporte de la UME en la extinción de incendios forestales y la preservación de especies en extinción, la actividad ecológica del ejército, por ejemplo, disminuye la huella de carbono del país.
Por cada 1000 hectáreas de esas reservas militares, la biomasa viva y muerta absorberán hasta el año 2030 unas 140,000 toneladas de CO2. Siendo conservadores, cada tonelada puede calcularse en 30€ de valor en el mercado de compensación. Es decir un total de 4,2 millones de euros por esa superficie. Dado que la superficie de reserva militar son de aproximadamente 135.000 hectáreas el ahorro por el secuestro de CO2 es de unos 567 millones. Aunque también hay estimaciones más modestas entre 12 y 24 millones de euros anuales.
Contra estos cálculos se puede contraponer que los vehículos militares emiten CO2. Es verdad. Pero, hoy en día, nadie piensa que se puede prescindir de la defensa en un país. De manera que esa emisión es un coste asumido. Si no hubiera la actividad de reserva ecológica del ejército se daría igual.
Incluso, a largo plazo, hay más temas que asombran respecto a las actividades ecológicas del ejército español.
Por ejemplo, pocos ciudadanos saben que el yacimiento arqueológico de Atapuerca está dentro del campo de Tiro y Maniobras de Matagrande.
Con una probabilidad bastante alta, ese yacimiento ecológico no existiría si el terreno hubiera tenido otra actividad. Alguna especulación urbanística podría haber ocultado su valor científico.
El cálculo económico de la riqueza cultural del yacimiento está por hacerse detalladamente. La inversión acumulada está en torno a los 255 millones y se calcula que sólo en un quinquenio (2009/2014) aportó 90 millones de euros a la economía de Burgos.
Se puede decir que no fue el objetivo de esas reservas de terreno su preservación ecológica, que el resultado es pura casualidad; una consecuencia no calculada. De acuerdo, pero se da.
Tampoco los faraones egipcios pensaron en la futura explotación turística de las pirámides. Sin embargo ahora son una de las fuentes de riqueza del moderno Egipto. Mi amigo el profesor Juan José Toribio las considera una de las más rentables obras públicas de todos los tiempos.
Por tanto, no hay que descartar, que fuera de los periodos de tiro y maniobras, se puedan utilizar estas reservas naturales para turismo ecológico. Para observar esas especies en riesgo de extinción o para estudiar los diferentes yacimientos de todo tipo contenidas en ellas.
El ejército es hoy una de las instituciones públicas con mejor prestigio entre la población. Si, además, se conociera mejor sus virtudes en diversos campos como la ecología y la economía ese prestigio, ya alto, aumentaría considerablemente.
** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.