Los acontecimientos de Ceuta muestran dos cosas: a) España, como parte de Europa, es un destino migratorio y no sólo de paso; b) la corriente migratoria será constante, al menos en las próximas decenas de años.
Eso plantea problemas económicos y sociales. La solución a los problemas sociales pasa por la integración de los migrantes en la cultura receptora. Evitar la creación de guetos es importante. Los guetos, como bolsas excluyentes, acaban dificultando esa integración.
Pero no todas las migraciones son iguales. A España le favorece tener una migración latinoamericana. Migración que por afinidades lingüísticas, religiosas y familiares (hay que ver los apellidos) es muy asimilable.
En realidad esa migración, en gran parte, es un viaje de ida y vuelta. Muchos descienden de los que se fueron allí durante los últimos siglos (la primera mitad del XX fue un gran viaje de ida). Por tanto, no es descartable un futuro en el que se vire el rumbo del viaje otra vez.
El mundo hispano es un espacio cultural muy amplio, con sus modalidades territoriales pero con grandes similitudes. Sin embargo, la migración africana, sobre todo norteafricana, puede tener más dificultades de asimilación.
Habrá que encontrar un proceso de incardinación cultural, que constituya una sociedad con valores inclusivos. Una parte importante de ese proceso son los esfuerzos educativos sobre la población autóctona y la migrante.
Además, la dimensión social de la migración se entrelaza con su dimensión económica.
La migración supone un aumento de población. Al principio más joven. Eso aporta personas dispuestas a trabajar, un beneficio para la sociedad receptora. La gran parte de los migrantes quieren "labrarse un porvenir". Esa es la razón de su viaje.
Pero cuando llegan necesitan ayuda. Ayuda que se plasma en los planes sociales. Planes necesarios para la integración ordenada de los migrantes, pero que pueden producir el efecto contrario al deseado.
Los planes sociales de los migrantes deben ser diseñados para ayudarles a su integración; entre otras, la laboral. Su peligro es que se conviertan en un "modo de vida", encadenando al migrante a una subvención que disuade de la búsqueda de trabajo.
Los gastos sociales sumando las partidas presupuestarias del Estado, las Comunidades autónomas y las entidades locales, rondan los 200.000. millones de euros el 14% del PIB (excluidas las pensiones).
De esos gastos la población migrante recibe aproximadamente el 9%, 18.500 millones de euros. Si se tiene en cuenta lo que los migrantes pagan a las administraciones públicas, el saldo fiscal es positivo para España en unos 13.900 millones de euros.
Es decir, de momento el gasto social de los migrantes no es un problema económico. Menos de un 5% reciben la "paguita" el IMV (Ingreso Mínimo Vital).
Lo importante es prevenir el futuro. Para lo que hay que legislar de manera que las ayudas sociales sirvan para la integración y no sean disuasorias para la búsqueda de trabajo.
Las formas para ello ya están muy estudiadas en todo el mundo desarrollado. Por ejemplo, en Dinamarca donde hay sistemas de reciclaje al trabajo para las personas subvencionada, a la vez que se pierden las ayudas si no se demuestra una actitud activa en la búsqueda de trabajo.
De momento, las cifras no arrojan síntomas alarmantes, al contrario. Pero en pocos años la tendencia puede cambiar.
En Suecia la presencia de clanes culturales aislados, incluso con formas delictivas, se ha producido por el exceso de políticas de bienestar mal diseñadas. Se estima que más de 500.000 personas viven en esos guetos, que tienen sus propias normas de convivencia. Incluida en algunos de ellos modalidades de la shaira poco compatibles con la cultura europea occidental.
Suecia fue una sociedad abierta y acogedora que está experimentando la máxima de Santo Tomas: "La justicia sin solidaridad (él la llamaba caridad) es crueldad; la solidaridad sin justicia es idiotez".
Todo país necesita "Pactos de Estado" en determinados temas. La migración es uno de ellos y el tratamiento de los planes sociales de los migrantes una de sus claves.
España está siendo un país de acogida. Hay que preparar la legislación para que en el futuro esa acogida no sea un boomerang.
Ahora los necesitamos laboralmente, hagamos lo posible para que en el futuro no nos arrepintamos de haberlos acogido.
** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.